Balam Agriculture, Todolivo, Agromillora, AGR. No son nombres de empresas propietarias del creciente negocio del olivar superintensivo que se está extendiendo por Andalucía, Extremadura y Portugal y sin embargo son quienes están transformando literalmente uno de los cultivos más antiguos de España. Son los nuevos intermediarios, los gigantes de la llave en mano. Son contratados por grandes fondos de inversión pero también por agricultores medianos que ponen sus ahorros o se hipotecan para dar el salto a este tipo de cultivo.
Junto a universidades como la de Córdoba, pionera en el desarrollo del olivar superintensivo, son las que hoy en día están tras la innovación genética de los plantones, en busca de variedades que algún día den un aceite de oliva virgen extra con la calidad y la estabilidad de la picual, algo que aún no han conseguido y que solo logra el olivar tradicional.
Son las dueñas de la máquina dotada de GPS que extiende líneas perfectas en las que se irán colocando con distancia milimétrica los plantones de los olivos en seto, las que los colocan y ponen a su alrededor el protector de plástico característico de las tierras en plena transformación. Son las que instalan el sistema de riego, las que hacen podas para tratar de prolongar la vida, mucho más corta, del olivar en seto frente al tradicional. Las que se encargan del abonado. Y las dueñas de las famosas máquinas cabalgadoras, que con un precio de unos 400.000 euros no están al alcance de muchos bolsillos. Las cabalgadoras son cosechadoras que con mano de obra mínima pasean entre los setos del olivar superintensivo recogiendo en horas las toneladas que en olivar tradicional suponen jornadas de cuadrillas de varias personas.
La demanda de tierras en transformación es de tal magnitud que fuentes del sector olivarero explican que hay tierras paradas, a la espera de que se recupere el stock de plantones.

Las cuentas de Balam
Dicen las cuentas de la cordobesa Balam Agriculture que su objeto social es «la prestación de servicios agrícolas, la realización de trabajos destinados a labores agrarias y la ejecución de plantaciones de olivar, almendro y cualquier otro cultivo». También hacen la «compraventa y almacén» tanto de la producción del campo, como de los productos que precisa en el proceso, «semillas, productos agroquímicos y fitosanitarios, abonos, fertilizantes, fungicidas, insecticidas y herbicidas». Se encarga incluso de mediar en las fincas que no se compran, es decir, «el arrendamiento de fincas rústicas de labor para cultivo». Y de uno de los factores más relevantes si no el que más para que estas inversiones fructifiquen: «la ingeniería, construcción, mantenimiento y servicios de instalaciones de sistemas de riego».
Son el agente sobre el terreno que permite ganar dinero a proyectos pensados para generar capital sin tener necesariamente conocimiento alguno de cómo seleccionar o gestionar una plantación.
plantadas y gestionadas
Balam nació en junio de 2021, en plena efervescencia del sector del agribusiness, por la fusión de Gálvez Productos Agroquímicos, sociedad fundada en 1996; CBH Agro Innova; Aquaplast y Galpagro System. Una fusión que reconocen se cerró para «posicionarse como líder nacional en (…) transformaciones y servicios agrícolas e instalaciones llave en mano de regadío automatizado». Han creado tres divisiones para cada una de sus ramas de negocio: CROPS, SERVICES y AQUA.
Hay una cuarta línea que además les ha servido a las empresas que hoy integran Balam para recibir ayudas públicas: la de I+D, centrada en desarrollos para los cultivos de olivar y almendro.

En 2018, recibieron una subvención concedida por la comisión europea por un importe de 399.139 euros destinada al proyecto de I+D correspondiente al desarrollo de genotipos de olivar y almendro con capacidad para prevenir los efectos de un tipo de bacteria. En el ejercicio 2020, una subvención concedida por el Centro Tecnológico de Desarrollo Industrial por un importe de 137.577 euros destinada al proyecto de I+D sobre el desarrollo de un protocolo de caracterización del estado fisiológico del olivo y almendro ante la escasez de agua (estrés hídrico) a partir del cual se fundamentarán reglas de riego óptimo para ambos cultivos.
También en 2020, una subvención concedida por la comisión europea por un importe de 176.954 euros destinada al proyecto de I+D sobre la identificación y caracterización de variedades de olivo con el fin de identificar algunas características como la resiliencia al cambio climático, plagas, enfermedades, etc.
Este año 2025, la familia Gálvez Hidalgo (fundadores de Galpagro) compró a la familia Cañete Baquerizo (fundadores de CBH) la parte que no controlaba de Balam para hacerse con el 100%. En la nota en la que se anunció el acuerdo se dijo que el grupo tenía ya «más de 150.000 hectáreas plantadas y gestionadas».
Según las últimas cuentas que figuran en el registro, las de 2021, Balam facturó en torno a 30 millones de euros (si se tiene en cuenta la corrección en salvedades del auditor).