¿Sabías que puedes cambiar tu consumo hacia uno más respetuoso con el medio ambiente y los derechos humanos, como manera de proteger la biodiversidad y luchar contra el cambio climático?
En 2050
9.600 millones
de personas habitarán el planeta
Hoy en día, se extraen y emplean alrededor de un
50%
más de recursos naturales que hace 30 años
En la UE se consumen más de
100.000 millones
de bolsas de plástico y solo se recicla un 7%

El problema

El consumo de productos, servicios y bienes es un hecho habitual. Pero nuestra sociedad está envuelta, más que en el consumo, en el “consumismo” o sobreconsumo que nos empuja a adquirir más y más cosas. Esta tendencia, de la que depende en gran medida el actual sistema económico, tiene graves consecuencias para la salud del planeta y la nuestra.

Greenpeace ha sido parte activa de numerosas batallas ambientales en defensa de los límites planetarios. Cada vez son más evidentes los impactos debidos al cambio climático y la pérdida de biodiversidad y el consumo aparece como un elemento recurrente en la crisis actual. Existe la necesidad urgente de cambiar la manera en la que consumimos.

En ocasiones somos parte de la problemática ocasionada por el consumismo, porque carecemos de la información necesaria para ser capaces de sopesar los impactos que nuestro consumo tiene en el medioambiente. Plásticos, consumo de alimentos, la ropa que vestimos el uso de la tecnología o la forma como nos desplazamos. Todas son piezas que suman a un consumismo que está degradando el medio natural.

El resultado está a la vista. En la UE y en España casi el 40% de los plásticos que se producen son envases, en su mayoría de un solo uso: bolsas, botellas, envoltorios, vasos…, de los que solo se recicla el 30% (en los cálculos más optimistas). El resultado es que a nivel global hasta 12 millones de toneladas de plástico llegan a los océanos, y ya se han observado más de 1.300 especies marinas afectadas.

El consumo de alimentos provenientes de la agricultura y ganadería industrial también tiene graves implicaciones. La ganadería es la responsable de la emisión del 14% de los Gases de Efecto Invernadero. Además, el modelo de ganadería industrial, se rige por la obtención de beneficios rápidos, que también significa talar bosques para producir piensos y pastos para engordar rápidamente al ganado. Se prevé que el consumo mundial de carne aumente en más de un 75% en 2050, unas cifras insostenibles para el planeta. Al mismo tiempo, el consumo de pescado está creciendo a un ritmo mayor que la tasa de población mundial. Los océanos continúan siendo explotados de forma desenfrenada y los stocks pesqueros se encuentran bajo una enorme presión. Ante esta crisis cada vez son más los consumidores interesados en demandar que el pescado que compran sea sostenible y que no esté involucrado en actividades ilegales.

También tienen graves efectos sobre el planeta las prácticas llevadas a cabo por la industria tecnológica que, con su obsolescencia programada, promueve la sustitución frente a la reparación, ocasionando el agotamiento de los recursos naturales y toneladas de residuos peligrosos.

El impacto de la ropa con la que nos vestimos a diario es cada vez mayor en la salud del planeta. Cada año se fabrican 100 mil millones de prendas de ropa. De media, cada persona compra un 60% más de artículos de vestir que hace 15 años y los conserva la mitad de tiempo. La moda rápida o “fast fashion” ha convertido la ropa en objetos de usar y tirar, generando un grave problema de uso de materias primas y de generación de residuos.

Las garras del consumismo atacan a todos los entornos y sectores, desde el papel a los cosméticos pasando por la industria alimentaria, con graves consecuencias para, por ejemplo, los “pulmones” del planeta: las selvas tropicales de Indonesia, la Amazonia o los bosques boreales que están siendo arrasados para la producción papelera, de soja, aceite de palma, pañuelos o papel higiénico; de ahí que sea crucial contrarrestar esta destrucción con una mentalidad sostenible, libre del consumo de los productos procedentes de las industrias que acaban con el patrimonio natural mundial, regional y local.

Excavadoras recogiendo basura en Indonesia Una tortuga se aproxima a una bolsa de plástico en el Mediterráneo Cerdos rodeados de tierra y excrementos en una macrogranja de Alemania Una variedad de smartphones con la pantalla rota

La solución

El ser humano necesitará tres planetas para abastecer el ritmo actual de consumo, sobre todo porque se prevé un crecimiento demográfico para 2050 que nos situará en 9.600 millones de personas. Simplemente no es posible soportar este nivel de producción, consumo y su contaminación asociada porque vivimos en un planeta con recursos finitos. Por ello, hemos de cambiar nuestros patrones de consumo para revertir hábitos inadecuados y poco sostenibles.

Las cifras hablan por sí solas. El uso medio de una bolsa de plástico es de 15 minutos mientras que tarda cientos de años en degradarse y así pasa con casi todos los productos de un solo uso, como las bolsas, las botellas o las pajitas. No sólo es cuestión de reutilizar y reciclar, sino de reducir su consumo y buscar alternativas. Una bolsa de tela, o una botella rellenable son alternativas para evitar estos plásticos de un solo uso. Los Gobiernos y las empresas también tienen que liderar una eliminación de éste tipo de envases, promocionar el sistema de retorno de envases, y tomar iniciativas valientes que eviten la generación de este tipo de residuos en primer lugar.

El consumo de alimentos, entre ellos la carne, ha aumentado la ganadería industrial convirtiendo nuestro país en el tercer mayor exportador de porcino del mundo. El creciente aumento de instalaciones industriales no es una buena noticia. Hay que potenciar y premiar las iniciativas ecológicas y/o locales y una dieta mediterránea que reduzca el consumo de carne y apueste por una mayor calidad. Con el pescado lo que tenemos que hacer es apostar por un pescado sostenible, local y de temporada y mirar bien las etiquetas que deben ser claras y darnos toda la información necesaria sobre cómo se ha pescado y dónde. Los Gobiernos deben apostar por una pesca sostenible como futuro para los océanos y para las comunidades pesqueras.

Tenemos que dejar de comprar compulsivamente y abandonar el modelo de ropa de usar y tirar. Si conservas tu ropa uno o dos años estarás reduciendo tus emisiones de CO2 en un 24%. No solo ahorraremos dinero, también agua y materias primas. Evitamos que los químicos y los pesticidas dañen los ríos, el suelo y la vida silvestre y estaremos recortando el uso de combustibles fósiles y la carga de la industria textil en el planeta.

Diseños alejados de la reparabilidad, baterías no reemplazables, herramientas no estándar o incapacidad de acceder a manuales de reparación o piezas de repuesto son las dificultades que encuentra a menudo el consumidor, y las bases sobre las que Greenpeace demanda al sector de las tecnologías el diseño de productos que puedan ser reparados o actualizados con mayor facilidad y que ofrezcan un soporte post-venta adecuado.

Qué está haciendo Greenpeace

El consumismo es el eje de muchas de nuestras campañas, sin ello la presión y degradación sobre los espacios naturales terrestres y oceánicos no sería el mismo, ni las emisiones tendrían una magnitud tan dramática, ni las abejas y otros polinizadores estarían en declive, ni industrias como la textil o la papelera usarían sustancias tóxicas que atacan la salud de las personas y de los ecosistemas.

Greenpeace identifica los actores y las cifras del desastre natural que acompaña al consumismo, alertando de sus peligros, trabaja con los gobiernos y con la sociedad para fomentar políticas de reparabilidad y de gestión de residuos, con las empresas productoras, con los pescadores artesanales y los ganaderos ecológicos y con las personas proponiendo soluciones para todos.