¿Sabías que la ganadería genera más gases de efecto invernadero que todo el tráfico rodado del mundo?

El
14,5%
de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero a nivel mundial proceden directamente de la ganadería
El
80%
de la deforestación de la Amazonia se atribuye a la actividad ganadera
Con más de
3.000 toneladas,
España es el país de la UE con mayor consumo de antibióticos en los animales productores de alimentos
Una mano muestra píldoras frente a los cerdos de una granja para simbolizar el problema de los antibióticos que se les administran durante el engorde Carne de res y cerdo en un supermercado Una chuleta de cerdo es analizada para ver la presencia de antibióticos con luz negra Una granja de pollos en el norte de Alemania donde los pollos son engordados para la compañía de criadores Rothkoetter.

El problema

El consumo exacerbado de carne y otros derivados animales procedentes de la ganadería industrial es una de las cuestiones alimentarias más importantes de nuestros tiempos. Su consumo en los países desarrollados ha alcanzado niveles totalmente insostenibles, y lo peor es que se considera normal, natural, necesario y agradable.

La ganadería es responsable de la emisión del 14,5% de los Gases de Efecto Invernadero (GEI), superando las emisiones mundiales del tráfico rodado. Entre los gases emitidos se encuentran el CO2, pero especialmente el metano y el óxido nitroso, dos gases de efecto invernadero mucho más potentes que el CO2. Estos gases provienen de las emisiones directas, pero también de las indirectas derivadas de un modelo de agricultura dependiente del petróleo y de los plaguicidas y fertilizantes químicos que sustentan a la ganadería industrial. No podemos frenar el calentamiento global si no cambiamos el modo de producir y consumir carne y otros derivados animales.

Con cerca del 75% de la superficie agrícola destinada a la ganadería, tanto en forma de pastos como para producir piensos, no conseguiremos salvar los bosques y frenar la pérdida de biodiversidad a menos que frenemos la expansión de la ganadería industrial. Estamos transformando la Amazonia en filetes baratos: el 80% de la deforestación se atribuye a la actividad ganadera. No podemos permitirnos seguir perdiendo biodiversidad, por eso tenemos que cambiar el modo de producir y consumir carne.

Purines, antibióticos, fertilizantes y plaguicidas contaminan los acuíferos llegando a provocar “zonas muertas” en los océanos. Además, la ganadería demanda altas cantidades de agua. Por ejemplo, para producir 1 kg de filete de ternera son necesarios 15.000 litros de agua, mientras que para producir 1 kg de trigo hacen falta 1.300 litros ó 131 para 1 kg de zanahorias. El agua es vida y para que siga siéndolo hay que reducir el consumo de carne.

El aumento en la eficiencia y eficacia de la producción de carne y otros derivados animales concentra el poder de mercado en unas pocas manos, en detrimento del pequeño campesinado. Cambiar el modo de producir y consumir carne es una forma de cambiar las reglas del juego y de promover la soberanía alimentaria.

Todo el modelo de ganadería industrial se basa en un principio básico: alimentar y sacrificar a los animales lo más rápidamente posible y bajo cualquier condición para maximizar los beneficios. Esto generalmente significa mantener vacas, cerdos y pollos en granjas con una elevada densidad de animales, no respetando su bienestar y creando una bomba de relojería para el surgimiento de enfermedades. Apoyar la ganadería extensiva y ecológica es apoyar un modelo donde los animales viven dignamente y contribuyen al equilibrio ecológico.

«Si el consumo alimenticio de España volviera a los patrones de la dieta mediterránea de antaño, las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción de alimentos bajarían un 72%; el uso de tierras agrícolas se reduciría un 58%; el consumo de energía disminuiría un 52% y el de agua un 33%»

La solución

Ante este escenario solo hay una solución, a saber, la reducción drástica de la producción y consumo de carne y otros derivados animales. La apuesta por una dieta baja en proteína animal y donde predominen los alimentos de origen vegetal, ecológicos y locales es la mejor para nuestra salud y la del planeta.

Qué está haciendo Greenpeace

En Greenpeace trabajamos para conseguir un modelo de agricultura y ganadería que nos pueda proveer de alimentos sanos, de calidad, de cercanía, que permita mantener un mundo rural vivo y, por supuesto, que respete el medio ambiente.

Ante la futura Ley de Cambio Climático y Transición energética Greenpeace ha manifestado la necesidad de desarrollar una estrategia para reducir la producción y consumo de carne y otros derivados animales de producción industrial y apoyar la producción extensiva, local, de calidad y ecológica. Además, proponemos que se establezca una limitación para los proyectos de ganadería industrial y que no se permita la construcción de macrogranjas.