La polinización de las flores es vital para nuestra alimentación y para la biodiversidad, pero las abejas, unas de las principales encargadas de esta misión, están desapareciendo.

El
75%
de los alimentos que consumimos dependen de la polinización
El
37%
de las poblaciones de abejas en Europa están en declive
+2,4 millones €
Valor económico de la labor de polinización de las abejas para la agricultura española
Abejas mueren al volver a la colmena en Mazarrón, Murcia Una abeja muerta en Mazarrón, Murcia Un apicultor sujeta un puñado de abejas muertas

El problema

Las abejas son mucho más importantes de lo que pensamos. La producción de alimentos a nivel mundial y la biodiversidad terrestre dependen en gran medida de la polinización, un proceso natural que permite que se fecunden las flores y den así frutos y semillas. Las abejas, y otros insectos como mariposas y abejorros, son unos de los grandes responsables de este proceso y, sin embargo, sus poblaciones están disminuyendo a pasos de gigante. Entre los factores que amenazan a los polinizadores están:

  • La pérdida y deterioro de hábitats.
  • Las prácticas de la agricultura industrializada, como los monocultivos (menor disponibilidad y diversidad de alimento para estos insectos) y el uso de plaguicidas.
  • Parásitos y enfermedades.
  • Especies vegetales y animales invasoras.
  • Los impactos del cambio climático.

Se ha calculado que el valor económico de la labor de polinización de las abejas y otros polinizadores para la agricultura es de unos 265.000 millones de euros anuales en todo el mundo, 22.000 millones para Europa y más de 2.400 millones de euros para España, recientemente calculado por Greenpeace en su informe “Alimentos bajo amenaza”. Así pues, incluso desde un punto de vista puramente económico, merece la pena proteger a las abejas.

Las cifras del problema que sufren los polinizadores son contundentes. El informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés) advierte que el 40% de los polinizadores invertebrados, en particular abejas y mariposas, se enfrentan a la extinción. Nos dice además que en Europa el 37% de las poblaciones de abejas están disminuyendo, un claro ejemplo de que el modelo agroalimentario predominante nos está llevando a un callejón sin salida.

Una abrumadora evidencia científica viene demostrando que una familia muy concreta de plaguicidas, los neonicotinoides, representa una seria amenaza para las abejas y muchas otras especies. Tres insecticidas de esta familia fueron restringidos en la UE en 2013 pero deben ser totalmente prohibidos, al igual que muchos otros igualmente peligrosos.

La solución

A corto plazo, el primer paso es prohibir los productos tóxicos para las abejas actualmente en uso, y hacer que la evaluación de riesgos de los plaguicidas sea mucho más estricta. Por otro lado, deben ponerse en marcha planes integrales de acción para salvar a las abejas. Y la solución definitiva es la adopción de la agricultura ecológica como única vía para una producción de alimentos respetuosa con todos los habitantes del planeta.

La agricultura ecológica garantiza una producción sana y sostenible, ya que protege el suelo, el agua y el clima, promueve la biodiversidad, no contamina el medioambiente con agroquímicos ni transgénicos y respeta la salud de las personas.

Este cambio lo pueden iniciar los políticos, apostando por un modelo de agricultura ecológica y legislando en consonancia; los agricultores, cambiando sus prácticas de cultivo; y las empresas, desarrollando líneas de productos y técnicas ecológicas. Y, por supuesto, también personas como tú, demandando y consumiendo productos ecológicos y locales.

Más de 450.000 personas ya han firmado para salvar a las abejas y pedir la prohibición total de los insecticidas que están provocando su mortandad.

Qué está haciendo Greenpeace

En Greenpeace queremos conseguir un modelo de agricultura que proteja, mantenga y restaure la biodiversidad, respete los límites ecológicos y sea socialmente justa.

Trabajamos para que la sociedad y los políticos entiendan la importancia que tienen las abejas y otros polinizadores y las amenazas a las que se enfrentan. Luchamos también para que se prohíban los plaguicidas que son perjudiciales para las abejas y que se apoye decididamente la agricultura ecológica.

Gracias a la presión ejercida por las miles de firmas, Greenpeace y otros colectivos han conseguido la restricción de tres insecticidas tóxicos para las abejas en la UE y que el fipronil se dejara de comercializar en septiembre de 2017. En marzo de 2017 la Comisión Europea presentó una propuesta para reforzar las restricciones de estos tres insecticidas, pero hay que seguir trabajando para que sea una prohibición total y para parar otros plaguicidas que amenazan a las abejas y por lo tanto a la vida tal como la conocemos.