El glifosato es un herbicida que ha sido clasificado por la Organización Mundial de la Salud como “probablemente cancerígeno para los seres humanos”

En España hay más de
100 productos
autorizados para la agricultura, silvicultura, jardinería y aplicación doméstica que contienen glifosato
Entre 1974 y 2014 se han esparcido
8.600 millones de kg
de glifosato en el mundo
El glifosato se comercializó por primera vez en la década de
1970
por Monsanto con el nombre de Roundup
Primer plano de una mazorca de maíz Hierba resistente al glifosato Una granja en Estados Unidos

El problema

Millones de hectáreas de tierras de cultivo, parques y hasta aceras son rociadas con glifosato cada año en todo el mundo. Cuando un agricultor lo utiliza en sus cultivos, este compuesto penetra en el suelo, se filtra en el agua y sus residuos permanecen en los cultivos: está en lo que comemos, en el agua que bebemos y en nuestros cuerpos.

Desde hace décadas se viene denunciando los potenciales efectos dañinos del glifosato para la salud humana, pero nunca se han llegado a tomar medidas. En 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha clasificado el glifosato como “probablemente cancerígeno para los seres humanos”, basándose en una fuerte evidencia de que es cancerígeno para los animales. También se sospecha que actúa como un disruptor endocrino y que es tóxico para la reproducción.

Entre los principales grupos de riesgo y más vulnerables se encuentran las personas que se dedican a la agricultura, sus familias, fetos, bebés y la infancia. Para aquellas personas que no nos encontramos en estos grupos, la alimentación es la principal vía de exposición a los plaguicidas y por lo tanto al glifosato.

Además de en nuestra salud, el uso de glifosato tiene graves impactos en el medio ambiente, puesto que contamina los suelos y el agua y afecta a otros seres vivos (organismos acuáticos desde algas microscópicas hasta peces y moluscos, pasando también por las ranas y sus renacuajos, y organismos del suelo, como las lombrices de tierra, fundamentales para mantener e incrementar la fertilidad del suelo).

Por último, el uso del glifosato también reduce la diversidad y cantidad de especies vegetales y por ello puede afectar a seres vivos cruciales para la agricultura, como son los polinizadores.

La solución

A pesar de que la industria química con sus agresivas campañas de marketing nos ha querido convencer de que hoy en día no es posible mantener la agricultura sin recurrir a fertilizantes y plaguicidas sintéticos, la agricultura ecológica muestra cada día que no solo es la mejor opción para proteger nuestra salud y el medio ambiente, sino que es capaz de alimentar al planeta si se hacen las inversiones adecuadas y ser una fuente imparable de empleo verde.

En la agricultura, silvicultura y jardinería ecológicas se utilizan muchas técnicas para controlar las plantas espontáneas. Entre ellas, el incremento de la diversidad de cultivos, la rotación de cultivos, la eliminación manual y mecánica, los acolchados o el pastoreo. Y cuando están en las lindes de los cultivos son incluso beneficiosas, pues constituyen una fuente de alimento diverso para las especies polinizadoras como las abejas y refugio de especies que ayudan a controlar las potenciales plagas de insectos que afectan a los propios cultivos.

En el modelo de agricultura ecológica se promueve el equilibrio ecológico basado en la biodiversidad, siendo la única forma de garantizar alimentos sanos para hoy y también en el futuro.

Qué está haciendo Greenpeace

Greenpeace trabaja para conseguir la prohibición del glifosato, ya que la exposición a esta sustancia se ha relacionado con el cáncer en humanos y con la degradación de ecosistemas. Entre otras cosas, ha participado activamente en la Iniciativa Ciudadana Europea que en un tiempo récord, 5 meses, recogió más de un millón de firmas de personas que piden la prohibición del uso del glifosato en la UE. La iniciativa fue aceptada por la Comisión Europea y ahora está obligada a estudiarla.

Greenpeace también ha trabajado activamente para que muchos municipios de España dejaran de utilizar glifosato y ha conseguido que más de 150 organizaciones firmaran una carta abierta al Gobierno español pidiendo que apoyara la prohibición de este peligroso herbicida.

Además, se debe garantizar que la evaluación científica de los plaguicidas sometidos a aprobación reglamentaria en la UE se basa exclusivamente en estudios publicados y encargados por las autoridades públicas competentes, y no por la industria de los agroquímicos.

Y por último, es necesario establecer objetivos obligatorios de reducción del empleo de plaguicidas de carácter vinculante en toda la UE, con vistas a un futuro libre de sustancias químicas peligrosas.