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Entrada de blog por Greenpeace España - 15-05-2020


Cuatro pasos para un sistema alimentario justo y sostenible en Europa

Hoy es el día de San Isidro Labrador, un buen día para prestar homenaje a todo el sector agrícola que ha seguido suministrando alimentos a la sociedad pese a la emergencia sanitaria que estamos viviendo. Pero también es un buen día para recordar que, antes de que se decretara el estado de alarma, agricultores y agricultoras, ganaderos y ganaderas habían tomado la calle principalmente por los injustos precios que se les pagan por unos productos de primerísima necesidad. También es importante señalar que el sector agrícola es uno de los más vulnerables ante el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Sin embargo, es mejor día aún para establecer las bases de lo que debe ser un sistema alimentario justo y sostenible.

Agricultura ecológica en Hungría

El sistema alimentario global nos está llevando hasta al borde del precipicio. Está en manos de los poderes corporativos y estos están impulsando la destrucción de los ecosistemas naturales y contribuyendo a la crisis climática. También es muy injusto: no garantiza precios justos y empleos seguros en el sector agrícola, lo que lleva a millones a la bancarrota y al abandono del campo. Tampoco fomenta la dieta que las personas necesitan ahora y en el futuro: menos alimentos de origen animal y más alimentos de origen vegetal, de producción ecológica y asequibles.

A pesar de la evidencia de su fracaso, nuestros gobiernos y la UE todavía están invirtiendo dinero en este destructivo sistema alimentario. Y la crisis de la COVID-19 ahora muestra claramente lo débil que es. Es urgente transformar el sistema alimentario, construir uno nuevo que ponga a las personas y el planeta en el centro. Aquí los cuatro pasos que proponemos desde Greenpeace:

1. Financiar a los agricultores, no las hectáreas

El dinero público de la UE está alimentando la desigualdad al enriquecer aún más a las grandes explotaciones industriales, mientras que la agricultura de pequeña escala va desapareciendo. Cuantas más tierras, más dinero reciben, independientemente de lo que produzcan o de cómo se cultive y cuide la tierra. Como resultado, poseer tierras de cultivo se ha convertido en un gran negocio, lo que ha atraído la corrupción, los oligarcas e incluso la mafia, mientras millones de pequeñas granjas han desaparecido tragadas por las explotaciones industriales.

La política agrícola de la UE debe ser radicalmente reformada para que el dinero público apoye a las personas agricultoras y a las comunidades locales. De lo contrario, también provocará que la actual crisis sanitaria empeore la situación de muchos agricultores vulnerables.

2. Alimentar a las personas, no a los animales

En la UE, el 71% de la superficie agrícola total se utiliza para alimentar animales. Si se usaran más tierras agrícolas para producir alimentos directamente para las personas necesitaríamos mucha menos superficie agrícola para la producción de alimentos saludables a nivel mundial. La producción de alimentos para animales también impulsa la deforestación y la destrucción de los ecosistemas que, junto con la expansión de la agricultura, la ganadería industrial y la explotación de especies silvestres, han creado una “tormenta perfecta” para la transmisión de enfermedades como la COVID-19 desde la fauna y flora silvestres a las personas.

Necesitamos abandonar el modelo de ganadería industrial. Menos y mejor carne proveniente de la ganadería extensiva y ecológica y más alimentos de origen vegetal, ecológicos, locales y de temporada es la garantía de más empleos de calidad en el sector agrícola y de un mundo rural vivo.

3. Más alimentos de origen vegetal, mejor salud

En tiempos de inestabilidad social y económica, es aún más importante que los alimentos de origen vegetal saludables y ecológicos estén ampliamente disponibles y sean asequibles. Pero el actual sistema de subsidios públicos ha incentivado la producción de alimentos perjudiciales tanto para nuestra salud como para el medio ambiente, siendo a menudo “más fácil” adoptar una dieta insana a consumir alimentos saludables y producidos de manera sostenible.

A nivel individual podemos elegir una dieta más saludable, pero nuestra elección está fuertemente condicionada por nuestro entorno social, cultural y comercial. La UE y los gobiernos nacionales deben establecer objetivos para reducir el consumo excesivo de carne y lácteos.

4. Financiar la producción de alimentos, no los combustibles y el comercio globalizado

La crisis del COVID-19 nos muestra que debemos avanzar hacia sistemas agrícolas locales y diversificados centrados en la producción ecológica. Europa ya se encuentra entre los principales exportadores mundiales de carne (España es ya el cuarto productor mundial de carne de cerdo) y lácteos, lo que tiene consecuencias terribles en las economías locales de los países importadores.

En lugar de utilizar el dinero público para la producción de cultivos para combustibles, debemos invertirlo en la creación de un nuevo sistema alimentario que produzca menos y mejores alimentos para las personas.

Es hora de tomar decisiones audaces y comenzar a construir el sistema agroalimentario del futuro. El dinero público debe servir para financiar un sistema alimentario más resiliente y sostenible, que proporcione alimentos más saludables y un ambiente y clima más seguros, así como ingresos justos y empleos de calidad en el sector agroalimentario.

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