Miden menos de 5 milímetros, pero su impacto en nuestra salud y en el planeta es enorme. Provienen de botellas, bolsas, envases y ropa sintética. Están por todas partes: en el agua, en la comida, en los cosméticos o en el aire que respiramos; llegan, incluso, a donde nunca deberían llegar: a nuestro organismo. Son invisibles, pero omnipresentes. Los microplásticos no solo han provocado una crisis ambiental. Ahora, también constituyen un problema de salud pública.
No los vemos, pero están en todas partes
¿Sabías que de todo el plástico que se ha generado a nivel mundial hasta ahora solo se recicla el 9 %? ¿Te has preguntado a dónde va a parar el resto de plástico que no se recicla? Cada día se abandonan 30 millones de latas de plástico en España. Este dato puede darnos una idea de la dimensión del problema.
Qué son los microplásticos y por qué son un problema invisible
El plástico no se degrada, solo se fragmenta hasta que se convierte en partículas diminutas. Los microplásticos son partículas de menos de 5 milímetros que provienen de la fragmentación de plásticos más grandes o que se fabrican directamente para productos como cosméticos o detergentes. Es precisamente su diminuto tamaño lo que hace que pasen totalmente desapercibidos. Les permite escapar de los sistemas de filtrado y dispersarse fácilmente por todo el planeta. Desde el Ártico hasta la Antártida. Desde el océano hasta tu plato.
Del océano a tu cuerpo: cómo se dispersan los microplásticos
¿Cómo llegan los microplásticos a tu cuerpo? Los plásticos y microplásticos que van a parar a mares y océanos se cuelan directamente en nuestra cadena alimentaria, ya que acaban siendo ingeridos por peces, plancton, crustáceos, moluscos y otros animales marinos que forman parte de la dieta de las personas.
Los billones de microplásticos que flotan en el océano funcionan como una sopa tóxica que no solo daña físicamente a los animales, sino que introduce sustancias químicas peligrosas en toda la cadena biológica de la que dependen los seres humanos.
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79 %
de los plásticos
desechados ha acabado en vertederos o en el medioambiente
10.000
metros
de profundidad.
30
millones
de latas y botellas de plástico en España.
¿Dónde se encuentran los microplásticos en nuestro día a día?
A simple vista no los podemos ver, pero si pudiéramos, nos daríamos cuenta de que están por todas partes. Se han encontrado microplásticos en el aire que respiramos, la comida que comemos y el agua que bebemos. Han aparecido en los órganos, e incluso en la sangre. Se estima que al año se nos cuelan unos 250 gramos de microplásticos en el cuerpo humano. En nuestro entorno, pocos lugares están libres de microplásticos.
- Microplásticos en el agua que bebemos: se han detectado partículas plásticas tanto en agua embotellada como en agua del grifo. Están en cada sorbo que bebemos.
- Microplásticos en los alimentos: pescados, mariscos, sal, frutas… La contaminación ya forma parte de la cadena alimentaria.
Protege tu salud: firma para frenar la invasión de microplásticos
- Microplásticos en el aire que respiramos: las fibras sintéticas y partículas plásticas flotan en el aire. Las inhalas sin darte cuenta, estés donde estés.
- Microplásticos en lo que nos ponemos: ropa y cosméticos: cada lavado de ropa sintética libera miles de microfibras. Muchos productos de uso diario siguen dependiendo del plástico.

Microplásticos en el cuerpo humano: lo que dice la ciencia
La contaminación por plásticos y microplásticos es una pandemia silenciosa, que no solo afecta al medioambiente, sino también a nuestra salud a causa de su potencial tóxico, inflamatorio y neurodegenerativo.
¿Se acumulan los microplásticos en nuestro organismo?
Sí, los microplásticos y, especialmente, los nanoplásticos tienen la capacidad de infiltrarse y acumularse en diversos órganos y tejidos de nuestro cuerpo. Los nanoplásticos son tan minúsculos que pueden atravesar las barreras biológicas del organismo, lo que les permite entrar en el torrente sanguíneo y depositarse en órganos internos.
Además de las partículas físicas, algunos químicos asociados a los envases, como los PFAS (sustancias perfluoroalquiladas) conocidos como químicos eternos, no se degradan dentro del cuerpo humano y se acumulan de forma persistente.
Aunque se han encontrado rastros en los excrementos, lo que indica que una parte es expulsada, las investigaciones subrayan que otra parte significativa logra permanecer y acumularse en algunos órganos.
Microplásticos en la sangre, pulmones y órganos
Se han hallado evidencias de microplásticos en una amplia variedad de lugares del cuerpo humano, entre los que se incluyen la sangre, los pulmones, el corazón, el hígado, los riñones, la placenta y la leche materna.
La presencia de estas partículas en los tejidos puede desencadenar inflamación sistémica, estrés oxidativo y respuestas inmunitarias crónicas, además de daños directos en los tejidos donde se alojan.
Microplásticos en la placenta: exposición desde antes de nacer
Incluso antes del nacimiento, los seres humanos ya estamos expuestos, sin quererlo, a la invasión plástica. La contaminación ha cruzado una línea crítica. La presencia de microplásticos en la placenta es un hecho documentado y constituye una de las mayores preocupaciones respecto a la infiltración de estos materiales en el cuerpo humano.
La literatura científica advierte que la exposición a estos materiales y a sus químicos asociados es especialmente grave durante el desarrollo fetal. El cóctel químico que acompaña a los plásticos puede causar trastornos del neurodesarrollo, provocando problemas cognitivos y de conducta que se manifiestan tras el nacimiento.
¿Sabes cuántos microplásticos estás comiendo hoy?
Algunas estimaciones apuntan a que ingerimos el equivalente a una tarjeta de crédito en plástico cada semana. No es una metáfora. Es literal. La cantidad de microplásticos que ingerimos de forma involuntaria es alarmante, especialmente cuando consumimos alimentos que han estado en contacto con envases plásticos sometidos a calor.
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Los efectos de los microplásticos en la salud. ¿Son peligrosos los microplásticos?
La ciencia lo confirma: los microplásticos están en nuestra sangre, pulmones y órganos. La falta de legislación nos deja pocas salidas, salvo aplicar el principio de precaución para proteger nuestra salud.
¿Hay motivos para preocuparse?
Si tenemos en cuenta que:
⚠️ El plástico no desaparece, se queda en los órganos.
⚠️ Transporta más de 4.200 sustancias químicas altamente peligrosas.
⚠️ La mezcla de estos tóxicos potencia daños que las leyes actuales no pueden controlar.
⚠️ Los disruptores endocrinos jaquean el sistema hormonal.
La exposición a los componentes de los microplásticos está relacionada con enfermedades modernas como la obesidad (algunos químicos reprograman las células para almacenar más grasa), la diabetes tipo 2 y diversas afecciones cardiovasculares.
Sí, hay motivos para preocuparse.
El impacto de los microplásticos en el medioambiente
El 80% de los residuos que llegan al mar provienen de la tierra, principalmente por una mala gestión de residuos, vertidos deliberados o basura abandonada.
El plástico es muy persistente. En el mar, al estar menos expuesto a la luz solar y al oxígeno, su degradación es mucho más lenta que en tierra; por ejemplo, un hilo de pesca puede tardar unos 600 años en descomponerse.
Océanos contaminados: el origen del problema
El problema de los microplásticos está llegando demasiado lejos. En 2018, Greenpeace realizó una expedición a la Antártida en la que se pudo constatar la presencia de microplásticos y productos químicos peligrosos en la mayor parte del material analizado. Ni siquiera el océano más remoto del planeta está libre de microplásticos.
La superficie terrestre tampoco se libra: en siete de otras nueve muestras tomadas en la nieve en el curso de la misma investigación se encontraron concentraciones de sustancias químicas persistentes, conocidas como PFAS. Se trata de unos compuestos químicos ampliamente utilizados en muchos procesos industriales y productos de consumo. Las muestras se tomaron en nieve recién caída, lo que sugiere que están presentes también en la atmósfera.
Los microplásticos representan entre el 60% y el 80% de la basura marina.
Desde la Antártida hasta el Ártico, pasando por los rincones más profundos del planeta, como la fosa de las Marianas: los océanos se han convertido en un contenedor de plásticos. Alrededor de ocho millones de toneladas de plásticos acaban en los mares y océanos cada año, en su mayoría en forma de microplásticos. Además, cada segundo, más de 200 kilos de basura van a parar al mar.
Se han identificado 5 «islas de basura» o «sopas» de plásticos (dos en el Pacífico, dos en el Atlántico y una en el Índico), que son zonas de alta concentración de microplásticos debido a las corrientes.
Existen entre 5 y 50 billones de fragmentos de plástico en los mares, la gran mayoría en forma de microplásticos.
Cómo afectan a la fauna marina y a la cadena alimentaria
Estas microscópicas partículas son ingeridos por todo tipo de fauna marina, desde el plancton hasta los peces, causando daños físicos en el intestino y liberando contaminantes químicos que se incorporan a la cadena trófica y terminan en el consumo humano. No solo contienen químicos propios de su fabricación, sino que pueden incorporar otros químicos del entorno marino, liberándolos posteriormente en los tejidos de las especies que los consumen.
#Desde la base: los microplásticos afectan a las especies que constituyen la base de la red trófica marina, lo que altera el equilibrio de todo el ecosistema. Se han encontrado en 1.300 especies de toda la red alimentaria, como el plancton, y por especies mayores como crustáceos y peces. Su ingesta provoca daños físicos como obstrucciones intestinales, asfixia, estrangulación y desnutrición al bloquear el estómago de los animales
#Transferencia trófica: los contaminantes químicos y las propias partículas plásticas quedan alojados en los tejidos de los animales y se trasladan a lo largo de la cadena alimentaria a medida que unos depredadores se comen a otros.
#Llegada al consumo humano: el ciclo termina «llegando a nuestros platos» a través del consumo de pescados y mariscos que han acumulado estos materiales.
Aunque la ONU advierte que aún existen lagunas de conocimiento sobre las implicaciones exactas para la salud humana, el riesgo de ingerir estos compuestos a través de la dieta es una preocupación creciente
Además de la fragmentación de plásticos grandes, los microplásticos llegan al mar directamente desde cosméticos (microesferas), ingredientes textiles y procesos industriales.
¿Por qué es tan difícil escapar de los microplásticos?
Escapar de los microplásticos es extremadamente difícil porque se han convertido en un elemento omnipresente en la vida moderna, infiltrándose en prácticamente todos los aspectos de nuestro día a día, en los ecosistemas y en el propio cuerpo humano.
Son invisibles, persistentes y prácticamente inevitables
El plástico no solo se encuentra en los envases evidentes; es un componente esencial en los textiles de la ropa, materiales de construcción y multitud de utensilios. Además, se utiliza de forma «invisible» como ingrediente en cosméticos y productos abrasivos en forma de microesferas.
Los microplásticos se han dispersado por todo el planeta: desde las profundidades del mar hasta las montañas más altas y vírgenes. Al estar presentes en el suelo, el agua y el aire que respiramos, su exposición es constante e inevitable para los seres vivos.
Vivimos en una sociedad que depende de la rapidez de la comida preparada y para llevar, un sector que utiliza envases de plástico de forma masiva. En 2024, el volumen mundial de estos platos supuso una media de 12,6 kg por persona, y la industria petroquímica planea seguir aumentando esta producción.
Escapar de los microplásticos es un desafío individual frente a un problema sistémico, ya que la estructura económica actual está diseñada para una producción de plástico que podría duplicarse para el año 2050.
Falta de regulación y responsabilidad de las empresas
Existe una desconexión crítica entre la evidencia científica del daño y las acciones de los reguladores y la industria.
La regulación actual es claramente insuficiente para proteger la salud pública. Uno de los mayores fallos es que las normativas miden los químicos de forma individual, ignorando el «efecto cóctel«, donde la mezcla de cientos de sustancias potencia su toxicidad de una manera que los reguladores no pueden predecir.
Las empresas utilizan etiquetas como «apto para microondas» o «apto para horno«, que resultan tranquilizadoras para el consumidor, pero son engañosas, ya que el calentamiento en estos recipientes siempre provoca la liberación de tóxicos.
Los organismos reguladores no están actuando con la rapidez necesaria ante una crisis que ya es mundial. Greenpeace señala la necesidad urgente de cerrar las brechas regulatorias y aplicar el principio de precaución.
En lugar de reducir el plástico, la industria de combustibles fósiles y la petroquímica planean duplicar la producción para 2050, apoyándose en la tendencia creciente de la comida precocinada.
El patrón es similar al de las industrias del tabaco, el amianto y el plomo: las corporaciones niegan las pruebas científicas y se resisten a tomar medidas hasta que el daño es devastador y costoso para la sociedad.
En resumen, la contaminación por plásticos es una responsabilidad compartida, pero recae principalmente en quienes fabrican el producto y en las administraciones que deben gestionar los residuos y proteger la salud ciudadana.
Los microplásticos están en todas partes. La solución también puede estarlo
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¿Qué propone Greenpeace para afrontar la crisis de los microplásticos?
Estas son las medidas urgentes que propone Greenpeace para obligar a las empresas y gobiernos a asumir su responsabilidad:
#1 Tratado Global sobre los Plásticos sólido, eficaz y vinculante para reducir drásticamente la producción.
#2 Compromiso por parte de las empresas de «cero liberación» de microplásticos y químicos peligrosos para el año 2035.
#3 Las empresas deben eliminar el uso de sustancias peligrosas mediante listas restringidas basadas en el peligro real y no solo en límites de exposición individual.
#4 Cambio de modelo: es necesario que los gobiernos prohíban los envases de un solo uso y fomenten infraestructuras de reutilización y recarga basadas en materiales no tóxicos.
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🚨 Alerta: greenwashing y falsas soluciones
El greenwashing y las falsas soluciones en la industria del plástico se manifiestan principalmente a través de mensajes que buscan tranquilizar al consumidor sin abordar la raíz del problema: la toxicidad y la producción desmedida.
# Etiquetado engañoso de seguridad: etiquetas como «apto para microondas» o «apto para horno». El calentamiento de cualquier envase de plástico provoca la liberación de un cóctel de aditivos químicos y microplásticos hacia los alimentos.
# Falsas alternativas de materiales: la sustitución de recipientes de plástico por otros de cartón o papel no es la solución, ya que estos suelen llevar un recubrimiento interno de plástico invisible para el consumidor, lo que mantiene los mismos riesgos de filtración química al calentarse.
# El mito del reciclaje como solución única: en España, el 50% de los plásticos gestionados terminan en vertederos sin reciclarse, y en el caso de latas y botellas, el 60% (30 millones al día) se pierde y contamina el entorno.
# Negación de la evidencia científica: las corporaciones a menudo siguen patrones de negación de pruebas científicas convincentes sobre los daños a la salud con el fin de retrasar regulaciones y proteger beneficios.
# Enfoque en la gestión en lugar de la producción: la industria petroquímica planea duplicar la producción de plástico para 2050, centrando el discurso en la gestión de residuos en lugar de reducir la fabricación de envases de un solo uso, que representan el 40% de los residuos plásticos mundiales.
Para combatir estas prácticas, se exige a las autoridades eliminar las declaraciones engañosas de los envases y prohibir los plásticos de un solo uso, fomentando infraestructuras reales de reutilización y recarga basadas en materiales no tóxicos.
Exige una ley ambiciosa que elimine los plásticos de un solo uso. Tu firma es vital
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Cómo evitar los microplásticos en tu día a día
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- Elimina los plásticos de un solo uso: evita las bolsas de plástico desechables y utiliza en su lugar bolsas de tela, cestas o carritos.
- Prioriza lo reutilizable: elige botellas y envases que sean reutilizables o retornables.
- Evita el sobreenvasado: intenta no comprar productos con exceso de embalaje. Prioriza alimentos frescos y la compra a granel.
- Cambia de recipiente para calentar: nunca calientes comida en envases de plástico, aunque digan ser «aptos».
- Enfría antes de guardar: no introduzcas comida caliente directamente en recipientes de plástico; espera a que baje la temperatura.
- Utensilios de cocina: sustituye las espátulas, cucharas o cualquier utensilio de cocina de plástico por otros materiales como madera o metal.
Qué evitar microplásticos en cosméticos y ropa
- Revisa las etiquetas de tus cosméticos: muchos contienen microesferas de plástico invisibles. Evita los que incluyan en sus ingredientes polietileno (PE), polipropileno (PP), PET, PMMA o nylon.
- Ropa sintética en exceso.
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