A diez años de Berta Cáceres: la lideresa que defendió el río y despertó al mundo
Hoy se cumplen diez años desde que el mundo perdió a Berta Cáceres, lideresa indígena lenca y una de las voces más valientes en la defensa del territorio. Fue asesinada el 2 de marzo de 2016 en su casa, en La Esperanza, Honduras, por desafiar a empresas, gobiernos y estructuras de poder que pretendían apropiarse del río Gualcarque, sagrado para su comunidad. La misma comunidad que, una década después, sigue exigiendo justicia, defendiendo su territorio y honrando su memoria.
¿Qué defendía Berta Cáceres?
Berta creció en un contexto atravesado por la violencia, la injusticia y la impunidad, pero también sostenida por la memoria de sus ancestros, de quienes tomó la fuerza para resistir. Para ella, defender la tierra y los ríos era defender la vida misma: “la defensa de los ríos es dar la vida para el bien de la humanidad y de este planeta”. Sabía que en Honduras —como en tantos otros países de Latinoamérica— esa lucha podía costar la vida, y aun así no retrocedió.
En 2006, las comunidades lencas de Río Blanco alertaron sobre la entrada de maquinaria en su territorio. Las empresas Desarrollos Energéticos S.A. y Sinohydro pretendían construir la represa hidroeléctrica Agua Zarca en el río Gualcarque sin consulta previa, vulnerando el derecho del pueblo lenca a decidir de forma libre e informada sobre su tierra.
Berta Cáceres —entonces coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH)— comprendió que se acercaba una larga batalla: “cuando iniciamos la lucha contra Agua Zarca yo sabía lo duro que iba a ser. Pero también sabía que íbamos a triunfar. Me lo dijo el río”.
La resistencia se sostuvo con asambleas comunitarias, acciones legales, denuncias internacionales y movilizaciones. La respuesta del Estado hondureño fue la criminalización, las amenazas y la militarización del territorio.
¿Qué consiguió Berta Cáceres?
Incluso en ese contexto de violencia y persecución, Berta apostó siempre por la palabra y la organización comunitaria: “vos tenés la bala, yo la palabra, la bala muere al detonarse… la palabra vive al replicarse”. El COPINH no cedió y logró una victoria histórica: en 2013 Sinohydro se retiró del proyecto, se canceló la financiación internacional y la represa quedó paralizada.
Esa lucha convirtió a Berta en un referente internacional y, en 2015, recibió el Goldman Environmental Prize, uno de los mayores reconocimientos a la defensa ambiental. Pero, mientras su visibilidad crecía, también se intensificaban las amenazas contra su vida hasta que, un año después, fue asesinada.
Miles de asesinatos de defensoras del medio ambiente
La violencia contra quienes defienden el territorio no es casual ni aislada, y está acompañada de altos niveles de impunidad. Según Global Witness, entre 2012 y 2024, se han documentado más de 2.250 asesinatos de personas defensoras del medioambiente, la mayoría en América Latina. En el caso de Berta, su condición de mujer indígena lenca y lideresa comunitaria la expuso a violencias agravadas, por el machismo y el racismo.
Desde el primer momento, su familia y el COPINH exigieron una investigación independiente frente a un proceso judicial marcado por omisiones y encubrimientos. Aunque se lograron condenas contra algunos autores materiales, entre ellos, empleados de Desarrollos Energéticos S.A. y un directivo de la empresa, diez años después, las responsabilidades más altas —económicas, políticas y financieras— siguen en gran parte impunes.
Tras años de presión nacional e internacional, en febrero de 2026, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes confirmó que el asesinato de Berta fue una operación criminal organizada con motivación empresarial para proteger los intereses del proyecto Agua Zarca. El informe concluyó que el Estado hondureño tenía información previa y no actuó para evitar el crimen. Además, documentó el desvío de fondos internacionales utilizados para financiar vigilancia, violencia y el propio asesinato, así como su posterior encubrimiento.
Diez años después de su asesinato, la exigencia de justicia para Berta Cáceres sigue viva. Pero también su legado. A pesar de los intentos por silenciarla, se ha convertido en un símbolo de resistencia y esperanza que vive en cada río defendido, en cada comunidad que se organiza y en cada mujer indígena que alza la voz por sus derechos. Como recuerda su hija Laura Zúñiga: “Berta Cáceres no está muerta, está multiplicada. Ella sigue presente en cada una de las personas que continuamos con la lucha. Las personas que luchan por la vida, nunca mueren”.
Comentarios
Gracias por este recordatorio de una luchadora insigne.