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Entrada de blog por Greenpeace España - 02-03-2018


A dos años de su asesinato por defender la vida: Berta Cáceres no se fue, se multiplicó

Mañana se cumplen dos años del asesinato de Berta Cáceres, activista icono de la defensa del medio ambiente, el territorio y la vida, y profundamente feminista. Junto a la organización de la que fue cofundadora y líder, el COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras), Berta se opuso férreamente al proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca, aprobado en 2013, que promueve la construcción de una presa que pone en riesgo la supervivencia de la comunidad indígena Lenca hondureña, en el corazón del río Gualcarque, y que gracias a su persistencia se encuentra hoy paralizado. Su compromiso le costó la vida el 3 de marzo de 2016, cuando fue asesinada a balazos en su propia casa, uniendo su nombre a los centenares de activistas hondureños asesinados por su lucha contra empresas trasnacionales.

Poco o nada se ha movido desde entonces, en relación al caso. Las audiencias judiciales públicas de los ocho sospechosos detenidos en relación con el caso se han aplazado en numerosas ocasiones, y se ha dificultado el procesamiento de otras personas posiblemente involucradas en el crimen. Tampoco hay información sobre los progresos realizados por el Ministerio Público para identificar a los responsables de planificar su asesinato.

Por el contrario, durante estos dos años, organizaciones de la sociedad civil de todo el planeta no han cesado de apoyar al COPINH y exigir justicia para Berta. El año pasado Greenpeace España concedió, a título póstumo, el premio Artemio Precioso a Berta Cáceres, que fue recogido por su hija Laura Zúñiga. Y hoy, con motivo de su segundo aniversario, nos hemos concentrado, junto a otras organizaciones, frente a la embajada de Honduras en Madrid. Allí, hemos entregado una carta conjunta al embajador, exponiendo nuestra preocupación sobre el estancamiento del proceso judicial, y sobre la situación de peligro que viven actualmente en Honduras las personas y organizaciones que trabajan por la defensa del medio ambiente y de su territorio.

En los últimos años, nos encontramos ante una encrucijada a nivel global: la represión sobre activistas ambientales, y sobre personas y organizaciones que defienden sus territorios, que están aumentando con la misma intensidad que los megaproyectos de exploración y explotación de recursos naturales sobre los territorios que defienden. Así, la apropiación del territorio y la represión de quien lo defiende, son dos caras de una misma estrategia de expropiación que recorre el planeta, y que se ceba especialmente con los pueblos indígenas en América Latina.

Frente a esta situación, somos cada vez más las voces que nos unimos para denunciar esta barbarie, para apoyarnos entre pueblos, y para proponer modelos de desarrollos más justos con las personas y el planeta. Y así es como, para desgracia de los que quisieron callar a Berta para siempre, no lo consiguieron, Berta se multiplicó y su lucha continúa más fuerte que nunca.

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