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Entrada de blog por Luís Ferreirim - 15-11-2017


Dieta sana, planeta sano

Elegir productos ecológicos y sostenibles, locales y de temporada es una inversión en salud y un acto político. La comida es política y es una herramienta al alcance de todas las personas, seguramente la mejor, para decidir qué modelo agroalimentario queremos para el presente y el futuro: uno destructivo, como el predominante, o uno que respete los límites planetarios, nuestra salud, los derechos de las generaciones futuras y que sea justo y equitativo. Los responsables políticos los elegimos cada cuatro años, el modelo agroalimentario lo podemos elegir, los más privilegiados, al menos tres veces al día.

Mi compañera y yo, decidimos invertir una gran parte de nuestros ahorros en educación, en el bienestar de nuestra familia y por ello en una alimentación que nos aporte los nutrientes necesarios pero que a la vez respete la naturaleza y los derechos de las personas que cuidan la tierra. Cada día es más fácil encontrar alimentos ecológicos y sostenibles, locales y de temporada. La oferta crece porque las personas somos cada vez más conscientes del impacto de nuestros actos cotidianos y no queremos seguir siendo cómplices de la crisis ambiental planetaria que nos está llevando a un callejón sin salida. Pero, no siempre fue igual de fácil.

Allá por 1999, cuando me vine a vivir a Madrid, había 352.164 ha de agricultura ecológica certificada, la única para la que hay datos. En 2015 se han rozado ya los dos millones de hectáreas. ¡Un crecimiento del 459 % en menos de 20 años! En esos tiempos no era fácil encontrar productos ecológicos, comprar ecológico era como encontrar un oásis en una ciudad dominada por la agroindustria. Tampoco era fácil encontrar un grupo de consumo.

Hoy en día en mi barrio hay tres tiendas especializadas en productos ecológicos, una de ellas tiene incluso pescado sostenible (una gran asignatura pendiente), varios herbolarios que los vende, varios grupos de consumo y los mercados agroecológicos y de productores no paran de aumentar. Lo sé que no se da la misma situación en todas las ciudades españolas, pero en Madrid hace 10 años tampoco era así. Y hay ciudades incluso que van muy por delante de Madrid.

También vemos como la alimentación saludable y sostenible es cada vez más una prioridad a nivel mundial y local. Más de 150 ciudades, entre ellas muchas de España, han firmado el Pacto de Milán por una alimentación sostenible. Además, son muchas las iniciativas y compromisos que empiezan a aparecer en este sentido, como por ejemplo el reciente Plan de Alimentación Saludable de Euskadi o la estrategia MadridAlimenta.

Pero aún queda mucho por hacer. La agroindustria sigue controlando nuestra alimentación. Por ejemplo, en España el consumo interno de productos ecológicos sigue siendo de los más bajos en Europa (21,7€ per cápita/año frente a 221,5€ de Suiza) y eso que somos el principal productor europeo y el quinto mundial. En ésto las instituciones públicas pueden ser decisivas fomentando el consumo de productos ecológicos y locales en detrimento de los derivados de la agricultura industrial y distante. Con esto potenciamos las economías locales, creamos empleo y recuperamos el control de nuestra alimentación de las manos de las grandes corporaciones.

Por otro lado, la dieta que elegimos tiene una mayor o menor huella ecológica. Es sabido que las dietas donde predominan las proteínas animales son peores para nuestra salud y la del planeta. La verdadera dieta mediterránea, patrimonio inmaterial de la humanidad, pero cada vez más olvidada, con un consumo ocasional y moderado de proteína animal (proveniente de la ganadería extensiva, ecológica y local) es una opción que permite alimentarnos bien, tener un bajo impacto en el medio ambiente y contribuir a la manutención de un mundo rural vivo.

En ésto todas las personas podemos jugar un papel determinante, con nuestra elección a la hora de alimentarnos y como motores de cambio en nuestros entornos. Imagina que todos los coles e institutos ofrecieran a los niños y niñas una dieta baja en proteína animal y con productos provenientes de la agricultura ecológica y comprados directamente a las personas que los producen o que en cada barrio hubiese al menos un mercadillo mensual de productores. ¡Qué cambio provocaría! Y ¡podemos impulsar los cambios desde abajo! ¿Te animas a cambiar tu dieta por una más sostenible? ¿Te animas a sumarte a un movimiento imparable y cada vez más necesario de defensa del planeta?

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