Entrada de blog por carmen - 25-03-2026


El clima en tiempos de guerra y por qué Colombia puede marcar un punto de inflexión

El futuro del clima pasa por Colombia

Mientras el mundo está pendiente de la guerra y la crisis energética, la emergencia climática sigue avanzando en silencio. Fechas como la de hoy, 26 de marzo, Día Internacional del Clima, nos recuerdan que no es una urgencia secundaria. Los datos no dejan lugar a dudas: las emisiones globales de CO₂ procedentes de combustibles fósiles volvieron a crecer en 2025 y la temperatura global se sitúa ya en niveles récord. Los últimos estudios calculan que incluso antes de 2030 podríamos superar el 1,5ºC de calentamiento, que es el límite que fijó la ciencia, a partir del cual las consecuencias del cambio climático pueden empezar a ser mucho más graves e irreversibles. Aun así, la conversación internacional sigue girando en torno a cómo garantizar el suministro energético, incluso cuando eso implica reforzar la dependencia de aquello que está en el origen del problema.

Porque hay un dato que lo atraviesa todo: el 75 % de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen directamente de los combustibles fósiles.

Y, sin embargo, durante décadas, esa realidad apenas ha tenido un reflejo directo en las negociaciones internacionales.

Diez años de París… y el problema sigue intacto

Hace ya más de una década que el Acuerdo de París marcó el objetivo de limitar el calentamiento global. Desde entonces, el lenguaje ha sido claro: hay que reducir emisiones.

Lo que no ha sido tan claro es la manera de hacerlo. Durante años, los combustibles fósiles —petróleo, gas y carbón— han permanecido en una especie de zona gris en las cumbres climáticas. Se hablaba de emisiones, de transición, de objetivos… pero sin abordar de forma directa la raíz del problema.

Como recuerda Pedro Zorrilla Miras, coordinador de campaña de Greenpeace, no fue hasta la COP28 de Dubái cuando, por primera vez, se reconoció la necesidad de avanzar hacia un sistema energético más allá de los combustibles fósiles. Un primer paso, pero insuficiente ya que, desde entonces, los avances han sido limitados. «En la última cumbre climática, cerca de 80 países mostraron su disposición a impulsar un acuerdo específico para reducirlos, pero la falta de un consenso global volvió a bloquear cualquier decisión», explica Zorrilla Miras.

Colonialismo fósil: la energía como campo de batalla

En paralelo, la geopolítica ha vuelto a poner los combustibles fósiles en el centro. Los discursos que defienden el petróleo o el gas como soluciones inmediatas y el uso estratégico de estos recursos están configurando lo que cada vez se denomina más claramente como colonialismo fósil.

Un modelo en el que unos países extraen, otros consumen y donde los costes ambientales y sociales recaen sobre los mismos de siempre, la población del planeta, mientras los beneficios se quedan en los bolsillos de la industria fósil.

Si no hay consenso global, que empiece quien quiera avanzar

Ante este bloqueo, algunos países han decidido cambiar de enfoque. “Si no se puede lograr el consenso de todos los países, al menos los que sí quieren avanzar deben empezar a hacerlo”, resume Zorrilla Miras.

Esa es precisamente la lógica detrás de la Conferencia de Santa Marta, cumbre internacional que se celebrará en Colombia del 24 al 29 de abril, y que está impulsada por los gobiernos de Colombia y Países Bajos. “Es la primera vez que se organiza una conferencia centrada exclusivamente en cómo abandonar los combustibles fósiles”, remarca Zorrilla. 

No solo como idea general, sino como hoja de ruta: qué medidas adoptar, cómo coordinarse, cómo financiar la transición y qué papel puede desempeñar cada país.

Colombia: empezar a concretar lo que hasta ahora era discurso

La cumbre no pretende sustituir a las COP, sino más bien abrir un camino complementario. Por un lado, busca consolidar un espacio de trabajo entre países que ya están dispuestos a avanzar, pero también empezar a definir medidas concretas. Entre estas se encuentran algunas de las que Greenpeace viene pidiendo con fuerza desde hace tiempo como: 

  • Desincentivar la demanda con medidas como la fijación de un precio a las emisiones, prohibir la publicidad de combustibles fósiles o eliminar las subvenciones al consumo de combustibles fósiles (una medida contraria, precisamente, a la tomada el pasado viernes en el Consejo Extraordinario de Ministros donde se decidió la rebaja universal del IVA de los carburantes y el gas).
  • Desincentivar también la producción a través de la eliminación de subvenciones a la producción de combustibles fósiles, prohibiendo la exploración y explotación de nuevos pozos (esto existe ya en España, pero no en muchos otros países), o fijando fechas para el abandono de esta práctica, así como la búsqueda de alternativas económicas y de empleo.
  • Cambiar las reglas económicas concediendo créditos para la transición energética más baratos y suspendiendo los dirigidos a las nuevas infraestructuras fósiles.
  • Incentivar las alternativas como las energías renovables, la electrificación de la mayoría del uso de energía (transporte, vivienda, industria), la protección a la población más vulnerable y el fomento de la eficiencia y la suficiencia.

Además de la toma de medidas como estas, otra de las demandas de la cumbre tiene que ver con la definición de estrategias diferenciadas según el rol de cada país. Porque no todos los estados parten del mismo punto. “No es lo mismo un país consumidor como España que uno productor como Colombia”, apunta Zorrilla.

En el caso de los países productores, el reto es especialmente complejo: muchos dependen económicamente de la exportación de combustibles fósiles. La búsqueda de trabajo alternativo a los trabajadores de la industria fósil es otra tarea a considerar. De ahí que uno de los debates clave sea cómo financiar una transición justa. Y ahí entra también el papel de países como España.

España: responsabilidad y oportunidad

España ha estado entre los países que han defendido avanzar en el abandono de los combustibles fósiles y ha confirmado su participación en la cumbre.

Pero su papel puede ir más allá. “España es uno de esos países que tiene más responsabilidad porque ha emitido más y también tiene más recursos económicos para contribuir a impulsar las soluciones”, señala Zorrilla Miras.

Esa doble condición —histórica y económica— implica también una responsabilidad en términos de apoyo a otros países. Especialmente a aquellos que, como Colombia, necesitan alternativas reales para poder reducir su dependencia de los combustibles fósiles sin comprometer su economía y su empleo.

Un punto de inflexión (o una oportunidad más)

La conferencia de Colombia llega en un momento especialmente delicado. Por un lado, el impulso de los combustibles fósiles sigue presente en el tablero internacional. Por otro, crece la presión social y política para acelerar la transición energética y abandonar su uso.

En ese cruce de fuerzas, la cumbre puede ser algo más que un encuentro puntual. Puede ser el inicio de un proceso.

Uno en el que, por primera vez, el debate deje de girar en torno a las emisiones en abstracto y empiece a centrarse en lo que realmente las provoca: los combustibles fósiles.

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