Un año de la oficina Greenpeace Portugal: «Contamos con una herramienta fundamental: la ilusión del equipo»
Hablamos con Toni Melajoki, responsable de Greenpeace Portugal, sobre el primer año de la oficina lusa, así como de los aprendizajes y retos de cara a lo que está por venir.
La celebración del primer año de vida de Greenpeace Portugal coincidía con uno de los peores temporales sufridos por el país en los últimos tiempos. Portugal sufría de lleno el impacto de la crisis climática con los estragos causados por la borrasca Kristin: inundaciones, evacuaciones, tormentas extremas… «El país ya venía experimentando de primera mano lo que la ciencia y Greenpeace llevan años advirtiendo: fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes e intensos, con impactos que ya no pueden considerarse excepcionales». Toni Melajoki considera que el temporal no pilló por sorpresa a nadie en Greenpeace Portugal.
El responsable de la oficina portuguesa, que define este primer año como «intenso y muy enriquecedor», considera al país lusitano como especialmente vulnerable por su geografía y por la forma en que se ha organizado el territorio. «Y esto nos exige acelerar dos cosas en paralelo: reducir las emisiones para frenar lo que aún se puede frenar, y fortalecer la adaptación para proteger a las personas y comunidades de lo que ya está sucediendo».
Pero también a construir comunidad. En este tiempo, Greenpeace ha impulsado grupos de voluntariado y redes locales para actuar. «Nos da capacidad cuando el territorio lo necesita, pero, sobre todo, sentido colectivo. Y eso, en un país que se enfrentará a eventos cada vez más extremos, es una parte muy importante de este primer año».

Entre la urgencia y el largo plazo
Implantar una nueva oficina en medio de crisis constantes no ha sido sencillo. «Es fácil caer en la trampa de vivir solo para reaccionar ante inundaciones, tormentas y demás situaciones que requieren actuaciones inmediatas», reconoce. Para Melajoki, el gran reto ha sido equilibrar este tipo de respuesta con el trabajo estructural.
«Greenpeace debe estar en el presente, pero también insistir en lo que cambia el sistema desde dentro, y también a veces desde los márgenes, incluso cuando el tema desaparece de los titulares». Ese equilibrio —entre urgencia y persistencia— es, dice, «donde el trabajo adquiere verdadera utilidad pública».
Para ello cuenta con un instrumento fundamental: la ilusión del equipo. «Estamos aumentando nuestra notoriedad como una organización de referencia y credibilidad en la sociedad, medios de comunicación y tomadores de decisiones».
Cuando el agua entra en casa
La reciente borrasca Kristin dejó daños estimados en más de 4000 millones de euros, infraestructuras básicas destrozadas y millones de árboles derribados que ahora son combustible para los incendios y posibles plagas. Pero para Melajoki, las cifras solo cuentan una parte de la historia.
«Cuando el agua entra en casa o una familia tiene que irse apresuradamente, todo deja de ser abstracto». Y aclara: «No es solo un problema ambiental. Es social y económico».
También subraya la importancia de ser riguroso: «Además, hay cada vez más estudios de atribución que permiten vincular eventos específicos con el cambio climático. Pero sí tiene sentido afirmar, con base en la evidencia y en los cada vez más numerosos estudios, que en un planeta más cálido ciertos extremos se vuelven más probables e intensos. Y esto, en Portugal, se traduce en riesgos concretos: inundaciones repentinas, presión sobre las ciudades, erosión costera, impactos en la salud, pérdidas económicas. En definitiva, la pregunta es: ¿nos estamos preparando para esta nueva realidad? ¿O vamos a seguir fingiendo que aún no ha llegado?».

Transformar el sistema, no parchearlo
Melajoki explica que en Greenpeace Portugal se afronta la situación desde dos frentes que deben ir de la mano, sin competir entre sí: «El primero es estar presentes en la emergencia: proporcionar contexto, exigir transparencia, denunciar inconsistencias y no permitir que la responsabilidad se diluya una vez que pase el shock inicial. Contamos con alianzas con diversas organizaciones, colectivos locales y ciudadanía».
El segundo «la verdadera transformación estructural es la que va a la raíz: medidas que reduzcan el riesgo y no solo traten los síntomas». En este sentido, Toni Melajoki exige una transformación del sistema y cambios estructurales que aborden cuestiones como una planificación urbana basada en el riesgo real, inversión continua en adaptación, protección de zonas vulnerables, transición energética acelerada y coherencia entre los objetivos y las decisiones sobre el terreno.
«Si seguimos actuando solo cuando el daño ya está hecho, siempre estaremos intentando recuperar el terreno perdido. El objetivo debe ser diferente: reducir la vulnerabilidad y las emisiones al mismo tiempo». Y esto implica decisiones políticas firmes, con valentía y con continuidad. «Aunque llevamos solamente un año, los canales están abiertos y gozamos de respeto institucional», añade.
Conciencia sí, cambios aún no
Melajoki percibe una mayor conciencia social en la sociedad portuguesa. «La gente ya no acepta tan fácilmente que esto sea normal». El clima afecta a la vivienda, la salud, la agricultura y el coste de la vida, y la sociedad lo percibe.
Sin embargo, sigue existiendo una brecha entre saber y actuar. «La población entiende el problema, pero las decisiones estructurales siguen avanzando con lentitud, a menudo atrapadas en el corto plazo y los intereses creados». El papel de Greenpeace, dice, es acortar esa brecha con información, movilización y presión política. «Y con una idea sencilla: no se puede pedir resiliencia a la sociedad y, al mismo tiempo, mantener políticas que aumentan el riesgo».
Una vulnerabilidad compartida
Portugal no es un caso aislado. Sequías, incendios y lluvias extremas afectan a todo el sur de Europa. «Toda la zona mediterránea comparte vulnerabilidades similares: recursos hídricos bajo presión, territorio inflamable, zonas costeras densamente pobladas y una gran parte de la población y la economía concentrada en zonas sensibles».
Por eso las soluciones requieren de una escala adecuada. «Existen decisiones nacionales, por supuesto, pero también decisiones europeas e internacionales que determinan la ambición, la financiación y la dirección». Y, en un tema como este, añade, la coordinación y la coherencia son tan importantes como los objetivos.

«Como somos parte de una oficina regional junto a Greenpeace España, estamos trabajando desde una perspectiva conjunta a nivel de informes e investigaciones. Nuestros dos países tienen mucho en común: compartimos ríos, bosques, somos una bioregión… el medio ambiente no conoce fronteras».
Decisiones que no pueden esperar
Aunque reconoce avances, Toni Melajoki es claro: «No estamos actuando a la velocidad necesaria». Hay decisiones, señala, que no pueden quedar en planes sin ejecución.
«En la gestión territorial, debemos pasar de medidas reactivas a medidas preventivas. Para ello, debemos superar las políticas que solo parchean y apostar por soluciones más sistémicas, como implementar una transición hidrológica justa y poner en marcha un plan urgente de reforma forestal».
En el caso de Portugal, que posee una de las mayores ZEE de Europa, considera que se debe dar un paso significativo en la protección del Mar de los Sargazos y asumir un papel de liderazgo frente a la amenaza global de la minería en aguas profundas, a pesar de tener una moratoria de prohibición de la minería en aguas nacionales hasta 2050.
En cuanto a los gastos generados por la emergencia climática, «Greenpeace insiste en que la factura no debe recaer solo en los ciudadanos y que deben pagar quienes contaminan. Por eso es necesario un impuesto a las empresas energéticas y agroalimentarias y el fin de los subsidios a los combustibles fósiles, para destinar ese dinero, por ejemplo, al transporte ferroviario».
En cuanto al reciclaje, Portugal, dice, sigue sin alcanzar los objetivos europeos tras años de retraso. «Este año entra en vigor el Sistema de Depósito y Devolución de Envases. Estaremos atentas a su desarrollo», apostilla.
El coste del negacionismo
Por supuesto, a Toni Melajoki le preocupa el impacto de los discursos negacionistas impulsados por líderes como Donald Trump o el cuestionamiento del trabajo del IPCC.
«No es solo retórica, es tiempo perdido. Y el tiempo es nuestro recurso más escaso». A su juicio, cuando la ambición baja, «ganan los intereses creados y pierden las personas y los ecosistemas».
Transformar la ansiedad en acción
Después de un año tan intenso, lo que más le ha sorprendido es «la rapidez con la que lo extraordinario se vuelve habitual». Pero también la energía de la sociedad civil.
Con grupos activos en Braga, Oporto y Lisboa, Melajoki ve motivos para el optimismo: «Hay una voluntad real de hacer las cosas de otra manera».
Y concluye: «Nuestro trabajo consiste en transformar la ansiedad en acción, y la acción en cambios concretos. Para este reto es también un privilegio contar con el apoyo y la experiencia de la oficina española. ¡Juntas somos imparables!».
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