¿Por qué la lucha por una vivienda digna es ecofeminista?
Este 8 de marzo, desde Greenpeace, unimos dos conceptos que parecen lejanos: ecofeminismos y el derecho a una vivienda digna. Y pensarás: ¿Eso qué tendrá que ver? Tiene que ver bastante, en realidad lo tiene que ver todo. Las ecofeministas, incluidas todas las Charos, pensamos que:
La casa no es un activo financiero, es sostén, refugio y derecho
Todas tenemos derecho a una vivienda y para eso tienes que poder acceder a ella. Según datos de Idealista y de Fotocasa, hoy, una casa de 80 metros cuadrados en Madrid o en Barcelona cuesta de media 450.000 euros, y un alquiler por esos mismos metros entre unos 1750 y unos 1650 euros. ¿Quién puede pagar eso en condiciones de dignidad?
El problema no termina accediendo a una vivienda. Una vez dentro del hogar, ocho millones de personas pasan frío en España según la EAPN, y más de ocho, un calor asfixiante en verano. Mientras tanto, las grandes empresas energéticas fósiles, como Iberdrola, Naturgy, Repsol o Endesa; siguen batiendo récords de beneficios.
Las feministas nos han enseñado que es necesario politizar lo que ocurre dentro de las casas, esa esfera que, al considerarse el espacio privado, queda invisibilizada política y socialmente. Así, han conseguido politizar las ollas, los delantales, los desahucios y todas las violencias que operan en ese espacio, permitiéndonos tomar conciencia de que las situaciones personales de puerta para adentro responden a contextos que debemos problematizar y resolver en la esfera pública.
Históricamente, al igual que ocurre con muchas luchas por el territorio y por la defensa de la naturaleza, son las mujeres las que de forma mayoritaria se han organizado para defender la vivienda. Esta semana, en un acto organizado por Greenpeace, una de estas activistas, Angelines Díaz de la Plataforma de Afectadas por la Vivienda Pública y Social, nos recordaba todo lo conseguido por los movimientos por la vivienda y contra los desahucios, como las moratorias. También la labor de escucha y de generación de redes comunitarias que llevan a cabo, cada vez más compleja por la expulsión de las vecinas de sus barrios por la subida de los precios. “Si no eres propietario, ya no puedes generar vínculos” sentenciaba Angelines.

Las casas deben de ser lugares para vivir, para relacionarse y refugiarse, para jugar y alimentarse rico, para hacer los deberes y para hacer el amor. Y no una suma de ladrillos y cemento para que fondos buitre y otros inversores de aquí y de allá viajen en yates o hagan excursiones espaciales que encima nos dejan el planeta fatal. Desde el ecologismo debemos cuestionar la idea de que la vivienda es un producto con el que se puede especular. También es necesario analizar de dónde surge esta forma de entender la vivienda, cómo se ha normalizado en la sociedad y qué consecuencias profundas tiene. ¿Tú también piensas esto?, ¿Sí? ¡Pues además de ecologista, eres ecofeminista!
Defender un hogar digno es defender nuestro planeta
La casa es territorio propio, guarida, refugio y hay que protegerla como protegemos las costas, las playas y los humedales de la turistificación. Margalida Ramis, del Grup Balear d’Ornitologia i Defensa de la Naturalesa, considera clave esta intersección: “Todo es mercancía para el capitalismo, los ecosistemas, las casas. Vivimos una colonización turística absoluta en las islas, generando un sentimiento muy bestia de expulsión. Ya no solo se vende como paraíso de vacaciones, directamente se vende como producto inmobiliario para capitales extranjeros”.
A veces hacemos propuestas sin haber reorientado antes la brújula del sentido común. Rescatar otras formas de hacer las cosas que forman parte de nuestra cultura, sin caer en una nostalgia acrítica puede ayudar a redirigirlo. Alba Hierro, de la Fundación Emprius, nos recuerda la potencia de las infraestructuras comunitarias y de la preservación de los bienes comunales. “Desde esta concepción de lo que es común y de lo que dependemos para estar vivas, también es posible concebir la vivienda, promoviendo modelos de tenencia colectiva, que tienen en cuenta el territorio donde están insertos y con los que no es posible especular”. Ya existen proyectos de vivienda tanto en entornos urbanos como rurales que sacan la propiedad de la vivienda del centro o como requisito para el acceso y en su lugar se centran en la sostenibilidad ecológica y en la generación de redes comunitarias.
En este sentido, después de mucha reflexión y análisis, en Greenpeace hemos lanzado recientemente «Tu llave de la vivienda digna», una propuesta innovadora e integral que pone en valor la rehabilitación del parque residencial actual, lleno de viviendas mal aisladas e ineficientes energéticamente, para que nuestras casas seanespacios dignos sin profundizar el cambio climático, en el que también se nos va la vida. La propuesta incluye herramientas para la distribución equitativa de recursos públicos para que todas las casas puedan rehabilitarse y existan mecanismos democráticos y a pie de barrio desde donde se gestione el parque de viviendas.
El 8M sal a la calle con nosotras ✊
Juntándonos se consigue parar desahucios y presionar para que las políticas en torno a la vivienda pongan límites al acaparamiento, a la construcción sin sentido y a la destrucción de derechos. También conseguimos construir proyectos alternativos donde vivir felices. La celebración del 8M en ciudades y pueblos de todo el Estado demuestra cada año que somos imparables si nos juntamos. Este domingo, sal a la calle. Vamos a pasarlo bien con las amigas y vamos a nutrirnos de la fuerza colectiva que nos regala estar juntas.
Comentarios