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Madrid Central

El nuevo plan contra la contaminación no conseguirá que Madrid cumpla la ley

01-10-2019

  • La Plataforma en Defensa de Madrid Central hace una valoración negativa de las medidas que ha presentado el alcalde de Madrid bajo el nombre de MADRID 360.
  • El plan incluye medidas con poca relevancia, otras que no son más que modificaciones de medidas ya decididas o en marcha, y un grupo de actuaciones que empeorarán la calidad del aire de la ciudad.
  • Entre las peores destaca la eliminación de las restricciones a los automóviles con etiqueta C con dos o más ocupantes junto con incentivar el acceso al centro en coche subvencionando el aparcamiento indiscriminadamente.

La Plataforma en Defensa de Madrid Central, a la que pertenece Greenpeace, ha analizado con detalle las distintas medidas contempladas bajo el nombre de Madrid 360 que acaba de presentar el alcalde de Madrid, Martínez-Almeida. Se trata de un compromiso que se autoimpuso como forma de impugnar el trabajo desarrollado en la anterior legislatura, especialmente la zona de bajas emisiones llamada Madrid Central y el resto de medidas contempladas en el Plan de Calidad del Aire y Cambio Climático de la anterior corporación municipal (Plan A), a pesar de los buenos resultados que estaban cosechando.

INFORME COMPLETO 

Lo primero a destacar, es que el plan se ha elaborado con un absoluto secretismo y ninguna participación pública. El Ayuntamiento optó por subcontratar –sin concurso público– su elaboración a una consultora, despreciando el enorme capital que tiene entre sus técnicos expertos en esta materia. Tampoco se han convocado ni consultado a ninguna de las mesas de participación que se crearon hace casi diez años, como la Comisión de Calidad del Aire o su Ponencia Técnica, cuyo fin precisamente es el de asesorar desde un punto de vista científico y técnico en estos planes.

Pero más grave resulta que se trata de medidas para las que no se ha realizado una modelización y un estudio concienzudo sobre su repercusión en la calidad del aire. Y esto no es una opción: tanto en la Ley 34/2007 de Calidad del Aire y Protección de la Atmósfera (Art. 16), como en la Directiva europea de Calidad del Aire (2008/50/CE, Art. 23 y Anexo XV) se indica que los planes de calidad del aire deberán contener una: “estimación de la mejora de la calidad del aire que se espera conseguir y del plazo previsto para alcanzar los objetivos de calidad”. El Ayuntamiento señala unos porcentajes pero sin ningún soporte científico y técnico que los respalde.

Podríamos calificar las medidas presentadas en tres tipos:

– Las primeras serían aquellas novedosas, que en general no tendrán una gran incidencia en la mejora de la calidad del aire ni en la movilidad de la ciudad. Hablamos del Bosque Metropolitano, de las dos líneas de autobuses que atravesarán Madrid Central de este a oeste y de norte a sur, gratuitas para los usuarios y con vehículos cero emisiones, o la peatonalización de la Puerta del Sol y alrededores, que apenas soportaba tráfico y este era en buena medida de taxis, VTC y autobuses. Son medidas que, más allá de que puedan considerarse como populistas, no cambiarán nada sustancial en el aire que se respira en la ciudad. También llama la atención que el alcalde, que se ha cansado de criticar que todas las medidas anteriores se focalizaban en el centro de la ciudad, no ha concretado ninguna medida importante de reducción de tráfico en otros distritos.

– En un segundo grupo estarían las medidas que en realidad son una reelaboración, a menudo a la baja en cuanto a su ambición, en relación a los planes que se aprobaron en la anterior legislatura y que habían recibido el visto bueno de la Comisión Europea. En este grupo situamos la mejora de la flota de autobuses, la renovación de las flotas de taxis y de vehículos municipales o las restricciones a los vehículos sin etiqueta. Esta última medida ya estaba recogida en el antiguo Plan A (página 105) cuando se hablaba de “limitar en 2025 la circulación de los vehículos más contaminantes (sin distintivo ambiental de la DGT) en todo el municipio de Madrid”, si bien es cierto que ahora se calendariza y se le dota de una progresividad más clara.

– Pero las medidas que más preocupan a la Plataforma son aquellas que favorecen un incremento del tráfico motorizado y con ello de la contaminación del aire y acústica, además de otros problemas de congestión y de ocupación de espacio público. Entre estas medidas destaca especialmente la intención de permitir el acceso a los automóviles de etiqueta C si llevan dos o más ocupantes, o en todo caso si se trata de motos.

Efectivamente, los vehículos de etiqueta C suponen el 36% del parque circulante y aquí están incluidos todos los vehículos diésel afectados por el escándalo de las emisiones conocido como dieselgate. Este fraude, descubierto en 2015 y que luego se ha comprobado que era generalizado en todas las marcas, consistía en trucar los vehículos para que pasaran los test previos a su uso, aunque en funcionamiento normal emitían entre dos y quince veces el límite máximo permitido de óxidos de nitrógeno (80 miligramos por kilómetro). Y el dióxido de nitrógeno es, precisamente, el gas que se intenta reducir en Madrid pues todos los años se sitúa por encima de los límites legales. Pues bien, son justo este tipo de vehículos a los que el Ayuntamiento pretende permitir circular libremente a poco que vayan con dos personas.

Otras medidas muy negativas son la reducción de los precios de los aparcamientos municipales junto con la reconversión de plazas en régimen de residentes a rotacional. Se priva a los residentes, actualmente con largas listas de espera, de una infraestructura con el único objetivo de promover el acceso en coche subvencionado al centro de la ciudad. Una medida en la dirección contraria de las que se aplican en el resto del mundo.

En este mismo sentido se enmarca la disminución drástica de la cuantía de las multas, que perderán buena parte de su efecto disuasorio. Y también la consideración como residentes de los más de 9.000 comerciantes de la zona centro tendrá como consecuencia un fuerte incremento de la circulación que puede anular las ventajas que se estaban consiguiendo con Madrid Central, al plantearse sin ninguna evaluación previa.

Mención aparte merece el que se incluya en un plan de lucha contra la contaminación el enterramiento de la A5 entre la avenida de Portugal y la de Los Poblados. Está por demostrar que las emisiones contaminantes que se producen en el subsuelo permanezcan allí indefinidamente. Y si se confía en su filtrado, conviene echar un vistazo a lo que está ocurriendo en los túneles de la M-30, donde no se conectan los filtros para evitar el gasto que supone su mantenimiento.

En definitiva, la Plataforma en Defensa de Madrid Central anuncia que va a seguir ejerciendo todas las acciones que estén en su mano para conseguir que el Ayuntamiento adopte unas medidas que realmente supongan una mejora de la calidad del aire de toda la ciudad y que disminuyan los impactos relacionados con el uso excesivo del coche.


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