Ante el proyecto de piscifactoría en las ruinas de la central nuclear

Greenpeace considera que la piscifactoría en Lemoiz agravaría la presión sobre la costa cantábrica y exige que se restaure la zona a su estado inicial

28-04-2026

  • El proyecto, impulsado por el grupo valenciano Atitlan y el Gobierno Vasco, necesitaría una inversión de 170 millones de euros, en parte de financiación pública
  • De llevarse a cabo la piscifactoría para lenguados, sería un paso más para que Iberdrola esquive su responsabilidad de restaurar la zona, ahora propiedad del Gobierno Vasco
  • Greenpeace insiste en los impactos negativos de la acuicultura para los ecosistemas marinos: la contaminación del agua con sustancias tóxicas, la transmisión de enfermedades a especies silvestres y la sobreexplotación de los océanos

Greenpeace exige la retirada del proyecto de piscifactoría para lenguados en los terrenos de la central nuclear de Lemoiz, una iniciativa público-privada impulsada por el grupo valenciano Atitlan y el Gobierno Vasco que necesitará una inversión de 170 millones de euros, en parte de financiación pública. La organización denuncia que el proyecto agravaría la presión sobre la costa cantábrica e insiste en la necesidad de restaurar la zona tras el cierre de la central.

La concesión que otorgó la Administración del Estado a Iberduero- ahora Iberdrola- para la central nuclear de Lemoiz terminaba el 29 de julio de 2018, y, según la Ley de Costas, el Gobierno podría exigir a Iberdrola que devolviese su entorno al estado inicial. Sin embargo, en 2018 el Gobierno Vasco asumió la propiedad de las ruinas de Lemoiz, lo que exime a la empresa de asumir su responsabilidad de restaurar el entorno, ahorrando así unos 17 millones de euros. 

Como si sobrara dinero público, parece que el Gobierno Vasco está empeñado en hacer ahorrar a empresas privadas mucho dinero, evitando su responsabilidad de restaurar zonas naturales y públicas una vez cesada su actividad. Ahora hablamos de Lemoiz, pero puede pasar lo mismo con los Astilleros de Murueta en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai”, ha declarado Lorea Flores, portavoz de Greenpeace. 

Impactos negativos de la acuicultura

Greenpeace lleva décadas alertando de los impactos negativos de la acuicultura para los ecosistemas marinos, especialmente cuando se trata de especies piscívoras. Los más relevantes son la contaminación del agua por aporte de materia orgánica y sustancias tóxicas (como alguicidas, bactericidas y antibióticos), la transmisión de enfermedades a especies silvestres, la eutrofización del medio marino -que reduce la disponibilidad de luz y oxígeno- y la sobreexplotación de los océanos. Además, las instalaciones dedicadas a la cría de peces no garantizan el bienestar de estos animales al mantenerlos hacinados en jaulas o recintos donde constantemente tienen lugar lesiones e, incluso, muertes por canibalismo. 

El caso del lenguado es especialmente alarmante ya que, al ser una especie carnívora, no solo se producen impactos asociados a la calidad de las aguas, sino que la necesidad de disponer de otros peces o mariscos para la elaboración de piensos para alimentar a los lenguados encerrados en la piscifactoría aumenta la presión sobre otras poblaciones de especies salvajes y disminuye la disponibilidad de alimento para las poblaciones costeras donde se capturan estos peces, principalmente africanas, en las que el pescado es la fuente principal de proteína. Cabe recordar que más del 37% de los recursos pesqueros a nivel mundial se encuentran sobreexplotados, por lo que proyectos de esta naturaleza no son una solución a la sobrepesca ni al hambre en el mundo, sino un agravante que empuja a nuestros océanos hacia el colapso.

La necesidad de restaurar la naturaleza

“La velocidad a la que se están perdiendo especies es tal que ya no vale con conservar. La comunidad científica nos advierte que hay que empezar a restaurar ecosistemas. No en vano, la Unión Europea aprobó el Reglamento de Restauración de la Naturaleza que establece restaurar al menos el 20% de las zonas terrestres y marinas para 2030 y todos los ecosistemas que lo necesiten para 2050”, afirma la portavoz de Greenpeace. Actualmente se está elaborando el Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza, para el cual las comunidades autónomas tendrán que indicar las zonas a restaurar. 

La zona de la cala de Basordas (ahora desaparecida por las obras de la central) es un entorno de un gran valor natural, caracterizado por sus formaciones rocosas conocidas como “flysh negro”, o elementos paisajísticos como una cascada de 30 metros. El Plan Territorial Sectorial (PTS) de ordenación y protección del litoral, con aprobación inicial del Gobierno Vasco en noviembre de 2025, establece espacios de protección especial y zonas destinadas a mejoras medioambientales en los terrenos que rodean a las ruinas de la central de Lemoiz. Establecer una piscifactoría en este enclave pone en riesgo los objetivos del PTS de conservar y restaurar el entorno.

“El Gobierno Vasco debería abandonar los planes de impulsar este proyecto que amenaza los valores naturales de la costa vasca y supone un freno para las políticas de restauración”, concluye Flores. Greenpeace considera, además, que no se debería destinar dinero público a proyectos que son beneficiosos principalmente para intereses privados y que profundizan en la degradación de la naturaleza. 

Demandas de Greenpeace ante este proyecto:

  • Que se frene el proyecto de construcción de una piscifactoría de lenguados en Lemoiz.
  • Que se restaure el entorno de la cala de Basordas.
  • Que no se invierta dinero público en financiar proyectos con intereses privados y que amenazan a la naturaleza.
  • Que se prioricen inversiones pesqueras para fomentar el relevo generacional de la pesca artesanal y costera y para la protección de las aguas, para que los stocks pesqueros de la zona se recuperen. 

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