PREVIA ANIVERSARIO DEL APAGÓN
Greenpeace denuncia el uso del miedo al gran apagón como estrategia del lobby del gas y la nuclear para frenar las renovables
- En vísperas del primer aniversario del apagón, la organización ecologista desmonta los bulos energéticos promovidos por las empresas del oligopolio energético y el Partido Popular que defiende sus intereses
- Greenpeace señala que, según los informes técnicos, la verdadera amenaza no es el aumento de generación renovable, sino la dependencia de los combustibles fósiles y nuclear
En las vísperas del primer aniversario del gran apagón eléctrico en la península Ibérica, Greenpeace denuncia la presión de las empresas del oligopolio energético y del Partido Popular para frenar el despliegue de las energías renovables, manteniendo la dependencia del gas y de la energía nuclear.
Esta misma mañana el Sr. Feijóo, en la jornada organizada por el PP en el Congreso de los Diputados sobre el apagón, ha asegurado que “el sistema [eléctrico] colapsó por falta de inercia a consecuencia de querer cerrar centrales nucleares” cuando el informe de la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E) achaca el apagón a un fallo de control de tensión y la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha incoado sanciones a tres centrales nucleares (y a 16 centrales de gas) por no aportar servicios a la red para evitar el apagón. Greenpeace lee estas declaraciones como un intento del PP para defender los intereses del oligopolio energético, para alargar la vida útil de las nucleares (como en Almaraz) y frenar las renovables (como demuestran los acuerdos firmados entre PP y Vox en Extremadura y Aragón).
Greenpeace ha demostrado con el estudio Energía para vivir mejor que la suficiencia y la eficiencia para reducir la demanda energética total, junto a las renovables, el almacenamiento y la electrificación para cubrir esa energía, son la clave tecnológica para que España y Portugal puedan abandonar los combustibles fósiles y la nuclear para 2040.
Sin embargo, desde la perspectiva social resulta clave acabar con el poder del oligopolio energético, que se centra en proteger sus intereses y mantener su lobby. Fueron precisamente plantas de gas y nucleares de empresas del oligopolio las que no respondieron cuando se las necesitaba para proporcionar seguridad al sistema eléctrico que, finalmente, falló dejándonos a oscuras. De hecho, dieciséis plantas de gas y tres centrales nucleares de estas empresas no contribuyeron a estabilizar el sistema el día del apagón, a pesar de que cobraban específicamente para evitar lo que ocurrió: la Comisión Nacional de Mercados y Competencia ha abierto expedientes sancionadores por esto a dichas plantas.
“Los bulos sobre el sistema eléctrico son una estrategia de comunicación calculada para que las grandes empresas energéticas sigan dictando la política energética bajo el pretexto de salvaguardar la seguridad energética«, ha declarado Francisco del Pozo Campos, responsable de la campaña contra los combustibles fósiles de Greenpeace. “Reclamamos medidas que limiten el poder del oligopolio energético y la apuesta por un sistema energético suficiente, eficiente, descentralizado y 100% renovable”, concluye del Pozo.
VÍDEO CON DECLARACIONES DE EVA SALDAÑA, DIRECTORA EJECUTIVA DE GREENPEACE AQUÍ.
El primer aniversario del apagón ocurre durante la Primera Conferencia Internacional para una transición más allá de los combustibles fósiles, en Santa Marta (Colombia). Greenpeace demanda al Gobierno español que aproveche este momento histórico para impulsar un plan de abandono de los fósiles y nuevos impuestos a su industria, también en España.
Greenpeace desmonta la narrativa del miedo para avanzar en la transición energética:
Bulo 1: «Había demasiadas renovables»
La realidad. El informe de ENTSO-E es claro al respecto: las renovables no tuvieron la culpa. El fallo no tuvo que ver con qué tecnologías se usaban para generar la electricidad, sino con la forma en que esas tecnologías estaban operando (control de la tensión). Los sistemas de protección (gestionados por las compañías energéticas del oligopolio) no supieron aportar los servicios de seguridad por los que se les había pagado. De hecho, mientras en la península se estaba dando el apagón, países como Grecia o Alemania operaban con cuotas de eólica y fotovoltaica incluso superiores a las nuestras y sin apagón.
Culpar a las renovables en un escenario de apagón no es nada nuevo para proteger los intereses fósiles y nucleares del oligopolio (y de quienes defienden sus intereses). También sucedió en los apagones de Texas (2021), California (2020), Reino Unido (2019) y Australia Meridional (2016), aunque en todos estos casos también quedó demostrado lo contrario.
Bulo 2: «No podemos prescindir de las nucleares si no queremos más apagones»
Al contrario. La nuclear demostró ser un lastre en momentos de crisis. El día del incidente, más de la mitad del parque nuclear estaba operativo, y no solo no ayudó a mantener la seguridad del sistema, sino que entorpeció su recuperación. Centrales operativas justo antes del apagón como Almaraz, Ascó y Vandellós II tienen hoy expedientes sancionadores por parte de la CNMC por no contribuir a estabilizar el sistema a pesar de que habían cobrado por ello.
Además, la nuclear es «lenta» por naturaleza. Debido al llamado «veneno del Xenón» y al estrés térmico de sus materiales, una vez que se apagan por seguridad, tardan días en volver a estar operativas. Mientras otras centrales levantaban el país en horas, las nucleares no solo no ayudaron en esa tarea, sino que tardaron una semana en volver a la normalidad. Un sistema eléctrico con nucleares nos convierte en un país menos resiliente y flexible. De hecho, ninguna central nuclear ha pedido habilitarse para el servicio de control dinámico de tensión, recientemente inaugurado por el Gobierno, como respuesta ante apagones, ya que técnicamente no tiene la capacidad para dar este servicio (según lo declarado por sus propios operadores).
Esta misma mañana Feijó ha declarado: “Si Almaraz hubiera estado a pleno funcionamiento, la posibilidad del apagón se hubiera reducido notablemente” y “La caída de tensión se produjo por la falta de inercia que esa central pudo proporcionar”. Sin embargo, la central de Almaraz no estaba a pleno rendimiento por decisión de las empresas que la operan (Endesa, Iberdrola y Naturgy), por no ser competitiva frente a los precios de las renovables.
Bulo 3: «Sin gas, no podemos vivir»
Si bien es cierto que las centrales de ciclo combinado de gas participaron de forma sustancial en la recuperación del servicio tras el apagón, también cabe destacar que 16 plantas de gas (de Naturgy, Endesa, Iberdrola y Repsol) fallaron en su deber de controlar la tensión para evitarlo, es decir, cuando más se las necesitaba. Habían cobrado por un servicio que finalmente no aportaron. Por ello, junto con tres centrales nucleares, se enfrentan a diversos expedientes sancionadores muy graves de la CNMC.
Sin embargo, durante el primer año desde el apagón, las centrales de gas han recibido ingresos aún mayores por el modelo de “operación reforzada” de la red eléctrica que mantiene más plantas de gas encendidas «por si acaso», elevando nuestras facturas y las emisiones de CO2. Y como si no fuera suficiente, el oligopolio pide «pagos por capacidad» (unos pagos garantizados por estar disponibles aunque sin producir), asegurándose beneficios caídos del cielo mientras el planeta se calienta.
La reciente habilitación de renovables para Control Dinámico de Tensión (P.O.7.4) está logrando que se necesiten menos ciclos combinados de gas en Restricciones Técnicas; menor importación de gas metano; menores emisiones de CO2 y electricidad más barata para las personas consumidoras.
Greenpeace defiende que la vía para la estabilidad del sistema no es reforzar el rol de las centrales térmicas de gas sino fomentar que fuentes renovables, almacenamiento y la demanda flexible puedan aportar los mismos servicios sin los costes, emisiones y de dependencia de potencias extranjeras del gas fósil.
Bulo 4: «Solo con renovables no podemos funcionar»
Greenpeace acaba de demostrar en el estudio Energía para vivir mejor que España y Portugal pueden abandonar los combustibles fósiles y la energía nuclear, sin apagones en 2040, gracias a una reducción de la demanda energética total de un 39% y cubriendo al 100% la demanda con renovables.
En este modelo, el sistema eléctrico actual casi se duplica por la elevada electrificación introducida. El estudio demuestra también que puede abastecerse al 100% con energías renovables las 24h del día, los 365 días del año, gracias a una combinación de diferentes fuentes renovables como la eólica, la hidráulica, la solar fotovoltaica y termoeléctrica, apoyadas por almacenamiento y gestión de la demanda.
“En conclusión, las grandes empresas del oligopolio nos han fallado a la hora de protegernos frente al apagón y aún así tanto Repsol como Iberdrola, Naturgy y Endesa siguen multiplicando sus beneficios con el funcionamiento en operación reforzada. Necesitamos un impuesto específico a estas empresas para que las rentas extraídas a base de exprimir las facturas de los hogares y las pymes se empleen en la lucha contra la pobreza energética y por una transición energética justa, ágil y respetuosa con la biodiversidad. Queremos energía para vivir mejor, no para hacer crecer las cuentas de resultados de las empresas del oligopolio” ha declarado Sara Pizzinato responsable de la campaña de energías renovables de Greenpeace.