Inundaciones: Greenpeace exige a las Administraciones pasar de la reacción ante emergencias a la prevención para evitar catástrofes
- La intensificación de los eventos meteorológicos extremos debido al cambio climático, la construcción en zonas inundables o la alteración de los ríos destacan entre las causas que explican el impacto de las borrascas que tienen en vilo a España
- Además de la mitigación de la crisis climática para evitar los peores escenarios y salvar vidas, Greenpeace recuerda la importancia de la prevención y adaptación mediante protocolos de emergencia, revisión de los planes de ordenación urbana y recuperación de los ecosistemas
- Es urgente que las Administraciones pasen de la política del hormigón a una transición hidrológica justa que recupere la salud de los acuíferos y devuelva a los ríos su libertad de movimiento
Madrid, 6 de febrero de 2026.- Se va Leonardo y viene Marta, la sexta borrasca de alto impacto en las últimas tres semanas. El encadenamiento de estos eventos en España y Portugal deja tras de sí una estela de agua, destrucción y sufrimiento. En medio de todos los mensajes de precaución, Greenpeace insiste en la necesidad de apostar por la prevención para evitar futuras catástrofes mediante la mejora continua de los protocolos y alertas, la recuperación de los ecosistemas y la naturaleza como mejor aliada para la resiliencia del territorio.
Ante los eventos meteorológicos extremos, cada vez más evidentes e intensos debido al cambio climático, la organización recuerda la importancia de atajar el origen del problema y mitigar la crisis climática mediante la reducción drástica de las emisiones de CO2 y el abandono rápido y justo de los combustibles fósiles.
Con respecto a los impactos que ya se están experimentando en el país y que se viven con la borrasca Leonardo en forma de desbordamientos en la cuenca del Guadalquivir y saturación del acuífero de Grazalema, y que han resultado en la evacuación de miles de personas, Greenpeace alerta también de la necesidad de adoptar medidas urgentes de adaptación ante las precipitaciones intensas.
La alteración hidromorfológica de los ríos los ha convertido en muchos casos en canales rígidos de hormigón, lo que impide que laminen (disminuyan la velocidad) las avenidas de agua de forma natural. Al eliminar las llanuras de inundación y las riberas para construir infraestructuras o viviendas, e impermeabilizar las zonas urbanas, se ha destruido la «esponja» natural del territorio.
“Mientras sigamos encajonando los ríos y ocupando sus zonas de expansión, cada borrasca de alto impacto seguirá poniendo en riesgo miles de vidas en áreas que nunca debieron ser urbanizadas. Un año después de la peor DANA de la historia de España, recordamos que más de 2,7 millones de personas siguen viviendo en zonas con alto riesgo de inundación”, ha señalado Elvira Jimenez, responsable de la campaña de adaptación al cambio climático en Greenpeace.
Greenpeace denuncia que la gestión actual sigue atrapada en un ciclo de reacción ante la emergencia, olvidando que la verdadera seguridad nace de la planificación preventiva. Es necesaria una revisión obligatoria y urgente de todos los planes de ordenación urbana para incorporar informes de inundabilidad actualizados y vinculantes que declaren las zonas de riesgo de inundación como no urbanizables, protegiendo así a la población antes de que llegue la siguiente borrasca. En esta evaluación del riesgo deben incorporarse también las zonas de especial riesgo de inundación pluvial, como ha evidenciado el caso de Grazalema.
“No podemos seguir permitiendo que se construya o se reconstruya en zonas de riesgo ni ignorar que el 75% de España está en peligro de desertificación, lo que hace que los suelos, cuando finalmente llueve de forma torrencial, sean incapaces de absorber el agua”, señala Julio Barea, doctor en Hidrogeología y portavoz de Greenpeace.
Como alternativa y solución estructural, Greenpeace propone la implementación inmediata de Soluciones basadas en la Naturaleza y el cumplimiento estricto del Reglamento de Restauración de la Naturaleza de la UE. Restaurar ecosistemas como humedales, riberas de ríos, llanuras de inundación y masas forestales a lo largo de los cauces, incluso en los entornos urbanos, resulta clave para que las inundaciones causen menos daños al permitir que el agua encuentre vías de escape naturales que no pongan en riesgo a personas, infraestructuras o servicios básicos. Es urgente que las Administraciones pasen de la política del hormigón a una transición hidrológica justa que recupere la salud de los acuíferos y devuelva a los ríos su libertad de movimiento.
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