26-02-2026

El campo franquiciado: cómo los fondos de inversión han cambiado el olivar español

El campo español está cambiando a ritmo de fuertes entradas de capital en un plazo relativamente corto. Fondos especializados, fondos generalistas, grandes actores industriales y fortunas familiares en busca de rentabilidad para sus ahorros están lloviendo de forma simultánea sobre el sector transformándolo.

No es un fenómeno exclusivo de este país. El llamado agribusiness, en la terminología del universo inversor, está en auge a nivel mundial. Las gestoras de capital alientan este tipo de inversión señalando como atractiva la rentabilidad derivada de la necesidad de alimentar a una población mundial creciente.

Según Valoral Advisors, consultora mundial especializada en el sector agrícola y alimentario, en 2025, pese a todas las incertidumbres en la economía mundial, se esperaba que el número de fondos especializados superase por primera vez los 1.000 fondos a nivel mundial, con un capital gestionado superior a 150.000 millones de dólares. La cifra compara con los 41 fondos especializados que había a nivel mundial en 2015, hace tan solo una década.

1.000 fondos de inversión

especializados en el sector agroalimentario en el mundo

150.000 millones de dólares

gestionados por fondos especializados

Según cifras de la consultora CBRE, el negocio del agribusiness en la península ibérica inyectó inversiones de 800 millones en 2021; 1.200 millones en 2022; 2.200 millones en 2023 y 800 millones en 2024, año en que quedaron muchas operaciones pendientes a cierre del ejercicio. Hasta mayo de 2025 se habían cerrado inversiones por otros 400 millones y estaban en negociación 3.000 millones más.

Las operaciones van desde buy and leaseback, en las que se compra la tierra a su propietario pero este la sigue cultivando en régimen de alquiler (menor riesgo y menor rentabilidad); la compra de tierra y contratación de terceros para su cultivo (riesgo y rentabilidad medios); o la compra de empresas del sector, que son las de mayor riesgo y rentabilidad.

En España, dos de los cultivos a los que se ha dirigido con mayor intensidad este chorro de capital son el olivar y el almendro. Aunque este análisis se centra en el primero y pone en orden lo ocurrido en las últimas dos décadas, así como los nombres y cifras de los principales protagonistas del cambio, se han querido también destacar algunas de las grandes operaciones que está protagonizando el almendro en la modalidad superintensiva.

Porque si bien el almendro ha sido durante años un modo de diversificar o segunda vía de negocio de quienes invertían en olivar superintensivo, como se explica al hablar de los grandes fondos e inversores del olivar, con el tiempo ha ido cogiendo fuerza hasta convertirse en el cultivo principal o incluso el monocultivo de determinados inversores que están acaparando agua y tierras, con fuertes inversiones simultáneas, lo que anticipa efectos en el presente y a futuro. El fenómeno se ha trasladado en este caso de Andalucía y Extremadura a otras zonas en busca de agua, especialmente los márgenes del río Ebro y el canal del Cinca en Aragón.

Las cifras del olivar

Es importante tener en cuenta que los nuevos actores del olivar se benefician de ser aún una minoría en un sector enorme. España es el primer productor y el primer exportador mundial de aceite de oliva. Vende fuera dos de cada tres litros del aceite que produce. Cuando se habla de aceite, lo que pasa en España no se queda en España, afecta a los precios y movimientos del aceite a nivel mundial.

2.830.330 hectáreas

de olivar en España en 2024

166.420 hectáreas

de olivar superintensivo

En 2024, España tenía dedicada al olivar una superficie de 2.830.330 hectáreas, según un Análisis monotemático de las plantaciones de olivar de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (Esyrce) del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Es casi el 17% de la superficie destinada a todos los cultivos en todo el país. Andalucía concentra el 60,2% de la superficie de olivar, con 1.704.492 ha, seguida de Castilla-La Mancha, con 460.457 ha (16,3%) y Extremadura, 300.569 ha (10,6%).

Mapa del olivar en España según datos SIGPAC 2025
Olivar en España en 2025. Fuente: Elaboración propia a partir de datos SIGPAC. Cartografía del IGN.

Prácticamente la mitad de la superficie destinada a olivar (49,8%) son árboles con 50 años o más (1.331.495 ha). Proceden todos ellos de épocas en las que se plantaba con tres pies, con esquemas de separación entre árboles de alrededor de 10×10 metros lo que los convierte en muy poco mecanizables y con costes de producción altos, mucho más cuanto mayor sea la pendiente en la que estén plantados. Le siguen las tierras con árboles con edades entre 12 y 49 años (901.285 ha), la mayoría también de varios pies.

Casi el 70% de la superficie destinada a olivar es de secano, a pesar de que el olivar en regadío en la última década ha aumentado un 21,7%.

Esto ha llevado a que el olivar, pese a ser un árbol tradicionalmente de secano, sea ya el cultivo con más superficie regada de España. En 2024 había ya 910.821 ha de olivar puestas en riego, lo que significa que se riega el 32,2% de la superficie total destinada a este cultivo. En Andalucía, el 39,2% de la superficie dedicada al olivar ya está puesta en riego (668.478 ha). En Extremadura es el 25,6% (76.926 ha). En Castilla-La Mancha, el 17,7% (81.364 ha).

Olivar de más de 50 años en Sierra Mágina
Olivar de más de 50 años en Sierra Mágina en Jaén durante la cosecha de noviembre de 2025. © DATADISTA

Una parte del olivar ha sufrido, sobre todo en las últimas dos décadas, una modificación radical en las plantaciones respecto al cultivo tradicional, dando lugar a lo que se llama olivar superintensivo. Son árboles dispuestos en seto, con muy altas densidades por hectárea (de 1.000 a 2.000 árboles/ha), mayoritariamente puestos en regadío y con trabajos altamente mecanizados han dado lugar a cosechas que multiplican por tres las del olivar tradicional a costes muy bajos.

Según Esyrce, el 6,23% de la superficie destinada a olivar en España en 2024, es decir 166.420 hectáreas, tenía más de 1.000 árboles por hectárea. Teniendo en cuenta que el 78,35% de la superficie con ese nivel de densidad estaba puesta en riego, resulta que ya había más de 130.000 hectáreas en España de olivar superintensivo de regadío.

El poder de la minoría

A pesar del peso tan diferente de unos y otros, la mayoría de productores de aceituna, con árboles tradicionales y en su mayoría de secano, sufre las consecuencias de esa minoría a la que, además de tener mayor producción por hectárea y costes mucho menores, se le ha permitido jugar con otras reglas.

Hay todo un contexto que se ha movido a su favor. La intención es evidente. Por un lado, se han producido cambios legales y permisividad en los derechos sobre el agua que les dan amplias ventajas incluso en los periodos de sequía. Coincidiendo con la proliferación de estos cultivos, la normativa de los últimos planes hidrológicos de cuenca se ha encargado de beneficiar en las dotaciones de agua por hectárea y año a este tipo de plantación. Lo ha hecho precisamente en aquellas cuencas donde más se ha extendido el olivar superintensivo, lo que desde las asociaciones de pequeños y medianos agricultores consideran un agravio comparativo.

Por otro lado, se está permitiendo que la cada vez mayor concentración de poder en determinados eslabones de la cadena de valor, especialmente embotelladoras y distribución, estrangule los precios pagados en origen hasta situarlos por debajo de costes. La legislación que se suponía que debía evitarlo, La Ley de la Cadena Alimentaria, no funciona y los intermediarios utilizan los costes del superintensivo para presionar a la baja los precios mucho más altos del resto hasta comprometer su viabilidad.

Olivar superintensivo
Olivar en superintensivo en Villamartín (Cádiz) . © DATADISTA

Una de las distorsiones de la publicitada eficiencia de las nuevas grandes plantaciones de olivar en seto y en regadío es clara: aunque sus modernos sistemas hagan que el agua requerida para producir un kilo de aceituna sea menor, la concentración de árboles provoca que el volumen total de agua requerida por hectárea sea mayor. Esto influye en la demanda y el reparto de agua en las zonas donde invierten los grandes capitales, afectando a los agricultores tradicionales. También es mayor la cantidad de abonos y fitosanitarios utilizados por hectárea para nutrir tal concentración de árboles, con sus consecuentes efectos en el entorno.

Con estos mimbres, la minoría siempre gana. Cuando no llueve y la sequía arrecia, el olivar tradicional se queda en mínimos, tanto por falta de lluvia si es de secano como por las fuertes restricciones si es de regadío. Al ser mayoritario, provoca que la cosecha total de aceituna se hunda, disparando los precios. Mientras tanto, el olivar superintensivo en riego, que disfruta de dotaciones que incluso en época de restricciones permiten obtener una buena cosecha y muchos más árboles por hectárea, sigue teniendo una buena producción. El resultado es que son estos últimos los grandes beneficiarios de las escaladas de precios.

Cuando vuelven las lluvias, el olivo tradicional se recupera y aumenta la producción de todo el sector. Los intermediarios hacen compras escalonadas en un sector muy atomizado forzando que las cotizaciones en origen bajen. El superintensivo, debido a sus costes de producción muy bajos, sigue siendo rentable mientras a su alrededor los olivareros tradicionales se ven abocados a vender el kilo de aceite incluso por debajo de costes.

Según el último Boletín de Comercio Exterior, en la dura campaña de 2023/2024 España exportó solo 762.000 toneladas de aceite de oliva, frente a 1.029.031 toneladas exportadas entre octubre de 2024 y septiembre de 2025, cuando la vuelta de las lluvias permitió que el sector se recuperase. Esa situación, trasladada a los precios, hizo que, mientras la tonelada exportada de aceite de oliva en la campaña 2023/2024 se pagó de media a 8.040€, entre octubre de 2024 y septiembre de 2025 se ha pagado a 4.903€Los grandes beneficiarios de la escalada en los precios derivada de la falta de oferta fueron los propietarios de olivos plantados en superintensivo.

Hay otras ventajas derivadas de su tamaño. Por su capacidad de captar capital y sus plazos de rentabilidad, tienen pulmón para soportar las fuertes inversiones iniciales que supone transformar la tierra, desde la plantación a la instalación de los sistemas de riego en miles de hectáreas, y resistir las pérdidas durante los años que tarda el árbol en seto en entrar en producción y dar fruto.

Por otro lado, como si de cualquier actor se tratase, los grandes capitales son receptores de ayudas que fueron pensadas para complementar rentas, como las de la Política Agraria Común, la PAC. A ellas suman, gracias a su tamaño y capacidad de gestión, todo tipo de otras ayudas públicas, ya sea para invertir en nuevas plantaciones, en almazaras propias o en innovación.

La conquista del oeste

La superficie destinada al olivar creció entre 2015 y 2024 en toda España un 8,6% (225.078 ha más).

2024 marcó un nuevo pico de crecimiento con 25.000 hectáreas dedicadas al olivar, después de un estancamiento producido a raíz de la covid-19.

En la última década, Andalucía ha tenido un crecimiento de 149.000 hectáreas mediante transformaciones de otras tierras de cultivo, principalmente de tierras arables dedicadas al cereal, el algodón o las hortícolas, según el análisis de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (Esyrce).

Nuevo olivar (2017-2025)
Olivar anterior a 2017
Mapa de la expansión del olivar en Andalucía entre 2017 y 2025
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos SigPAC de la Junta de Andalucía. Cartografía del IGN.

En Andalucía ha habido una importante expansión hacia el oeste de la comunidad autónoma. Jaén ha sido y es la provincia históricamente más ligada al olivar, con el 44% de su superficie cultivada dedicada a este leñoso. El crecimiento ha ido colonizando áreas que estaban dedicadas a otros cultivos, lo que ha hecho que Córdoba tenga ya el 27,78% de la superficie de cultivo destinada a olivar y que Granada, Málaga y Sevilla superen ya el 17%.

La Expansión del olivar
En la última década, el olivar andaluz ha incorporado 149.000 hectáreas adicionales, un crecimiento impulsado sobre todo por el regadío, que suma casi 88.000 ha frente a unas 61.000 ha en secano.

El olivar por provincias
Jaén concentra la mayor superficie total de olivar con una tendencia clara al aumento del regadío, que ya supera al secano en los últimos años.

Córdoba y Sevilla registran un crecimiento más acelerado del regadío.

Evolución del olivar en Sevilla

La provincia de Sevilla aporta casi un tercio del crecimiento total de Andalucía en la última década con 49.615 hectáreas incorporadas. Su olivar de secano ha sumado 34.618 hectáreas (+30%), siendo la mayor subida de toda la región, mientras que el regadío ha crecido en 14.997 hectáreas.

Nuevo olivar (2017-2025)
Olivar anterior a 2017
Mapa de la expansión del olivar en Sevilla entre 2017 y 2025
Sacramento 2025
Sacramento 2016
2017
2025
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos SigPAC, Copernicus Sentinel-2. IGN.
Evolución del olivar en Córdoba

La provincia de Córdoba es la segunda que más superficie de olivar ha incorporado en la última década, con 38.648 hectáreas adicionales, lo que representa más de una cuarta parte del crecimiento total de Andalucía (26%). Destaca especialmente por liderar el incremento de regadío en la región: ha sumado 30.159 hectáreas de olivar en regadío (+49%), casi la mitad de su superficie irrigada inicial. El secano, por su parte, ha crecido de forma más moderada con 8.489 hectáreas (+3%).

Nuevo olivar (2017-2025)
Olivar anterior a 2017
Mapa de la expansión del olivar en Córdoba entre 2017 y 2025
Córdoba 2025
Córdoba 2016
2016
2025
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos SigPAC, Copernicus Sentinel-2. IGN.
Evolución del olivar en Cádiz

La provincia de Cádiz destaca por protagonizar el mayor crecimiento proporcional. El olivar en regadío se ha disparado un 166%, triplicando casi su superficie (+4.128 ha), mientras que el secano prácticamente se ha duplicado con un aumento del 93% (+18.895 ha).

Nuevo olivar (2017-2025)
Olivar anterior a 2017
Mapa de la expansión del olivar en Cádiz entre 2017 y 2025
Facinas 2025
Facinas 2017
2017
2025
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos SigPAC, Copernicus Sentinel-2. IGN.
El futuro que viene

Las consecuencias de la entrada de nueva superficie de olivar y su puesta en riego aún no han desplegado todo su potencial. Sumadas las transformaciones desde olivar tradicional y las de tierras que albergaban otros cultivos, en 2024 había en toda España 120.902 hectáreas (el 4,5%) con olivos entre cero y cuatro años, y 252.359 ha con árboles de 5 a 11 años.

El 1,8% (51.971 ha) de la superficie de olivar está en su primer año, cantidad que se suma al 4% que ha superado ese primer ejercicio pero aún no está en producción (114.159 ha). Andalucía tiene casi 94.000 ha de olivar joven (aún no está en producción), de las que 31.000 están en primer año. En Castilla-La Mancha hay 40.100 ha de olivar joven, de las que 10.200 están en primer año. En Extremadura, son 16.758 ha de olivar joven, de las que 5.633 ha están en su primer año.

Los agricultores que pueden están subiéndose a este carro. En un campo como el español, con un importante problema de relevo generacional y de mano de obra, las dificultades para mantener los cultivos tradicionales están moviendo a transformar tierras a olivar superintensivo, con muy bajos costes y trabajos que pueden externalizarse por completo a empresas intermediarias, desde la plantación de los árboles a la recogida mediante cabalgadoras. Se está dando en propietarios de tierras destinadas tradicionalmente a hortícolas y algodón en Sevilla y Cádiz pero se ha empezado a dar incluso en alguna finca de Jaén.

Es un movimiento no apto para todos los bolsillos, por las inversiones iniciales de transformación e instalación de los sistemas de riego, que rondan los 8.000€ por hectárea según explican sobre el terreno los olivareros. Tampoco hay agua para que el movimiento pueda extenderse al inmenso olivar español, especialmente en las zonas donde menos llueve.

Plantación de superintensivo
Nueva plantación de superintensivo realizada por una de las principales empresas intermediarias. © DATADISTA
Los nuevos intermediarios del olivar

A la sombra de ese modelo, han aparecido nuevos eslabones en la cadena que se han especializado en transformar, instalar los sistemas de riego, plantar y recoger la cosecha de tierras, árboles y aceitunas que no les pertenecen, lo que arroja una realidad cada vez más evidente hasta en los rótulos de los plásticos que protegen los plantones jóvenes de olivo: una parte creciente del olivar español se está franquiciando.

El olivar ecológico en Andalucía

El olivar ecológico representa el principal cultivo ecológico de la región con más de 132.000 hectáreas. A pesar de un ligero retroceso del 1,9% en 2024 tras años de expansión acelerada, el sector mantiene una posición de fuerza, con Córdoba y Sevilla a la cabeza. De hecho, la relevancia de este cultivo es tal que ha permitido a la comunidad autónoma superar las exigencias de la Unión Europea, alcanzando ya un 29,3% de superficie ecológica total, una cifra que sitúa a Andalucía por delante del objetivo del 25% fijado por la Estrategia «De la Granja a la Mesa» para el año 2030.

Este ajuste registrado en el último ciclo no responde a un abandono del modelo productivo, sino a una fase de reorganización técnica motivada por la entrada en vigor del Reglamento (UE) 2018/848. La normativa ha obligado a una depuración administrativa de los censos y a una concentración de actividades certificadas, lo que ha derivado en una corrección estadística necesaria tras el máximo histórico alcanzado en 2023. En definitiva, el olivar ecológico andaluz atraviesa un periodo de estabilización y madurez, manteniendo una infraestructura agroindustrial de 545 almazaras y envasadoras que garantizan su capacidad competitiva en el mercado internacional.

Olivar de tradicional de montaña
Olivar de tradicional de montaña, antes de la recolección, en Algodonales (Cádiz). © DATADISTA

En el olivar tradicional miran al ecológico como una posibilidad de salvar su futuro ante las dificultades que atraviesa el sector y que están poniendo en cuestión la pervivencia de muchos pueblos, especialmente en zonas como Jaén. El ecológico tiene ventajas económicas, no solo por las ayudas, también porque está vendido desde principios de temporada y a mejor precio. Pero el olivo tradicional vuelve a chocar con su estructura, establecida desde hace muchas décadas. Muchos de los olivos tradicionales puestos en riego están ligados a comunidades de regantes que funcionan con fertirrigación, es decir, el abono, normalmente químico, ya va aplicado en el agua cuando llega al árbol. Habría que convencer a toda la comunidad de regantes del paso a ecológico, que requiere otras inversiones y cambios en la forma de cultivo, para que los ya convencidos pudieran cambiar a esa modalidad.

El impacto del superintensivo en la fauna

El avance del olivar superintensivo tiene un impacto directo en la fauna que obligó a las administraciones a intervenir en 2019, cuando el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) recomendó una suspensión cautelar de la cosecha nocturna. Esta medida preventiva fue ratificada posteriormente por un estudio técnico del Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria (IFAPA), realizado durante la campaña 2019-2020, el cual arrojó datos concluyentes tras efectuar 44 controles de campo en una superficie de 137 hectáreas. La investigación censó 8.127 aves de 66 especies diferentes utilizando estos cultivos como dormidero, demostrando que el olivar en seto alberga una densidad de avifauna equiparable a la del olivar tradicional y confirmando que los métodos disuasorios auditivos o luminosos resultaban ineficaces para evitar la mortalidad.

Basándose en esta evidencia científica, la Junta de Andalucía mantiene vigente la suspensión de la práctica, una prohibición que también se aplica en Extremadura. La restricción responde al mecanismo de recolección nocturna, donde el uso de potentes focos deslumbra a las aves que pernoctan en los setos, provocando una parálisis sensorial que impide su huida y deriva en su absorción por la maquinaria. La administración considera este impacto incompatible con la conservación de la biodiversidad.

Metodología

Esta investigación ha sido elaborada por DATADISTA para Greenpeace España siguiendo exclusivamente criterios periodísticos. Los datos utilizados han sido obtenidos de fuentes oficiales, de datos públicos abiertos, informes sectoriales y entrevistas con asociaciones agrarias y agricultores sobre el terreno.

Superficie y cultivos: Los datos de superficie de olivar proceden de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (Esyrce) del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. La cartografía se ha elaborado a partir de los datos SIGPAC e imágenes de Copernicus Sentinel-2 y ortofotos del Instituto Geográfico Nacional (IGN).

Inversiones y mercado: Las cifras de inversión en el sector agrario proceden de Valoral Advisors y CBRE. Los datos de comercio exterior, del Boletín de Comercio Exterior del Ministerio. La información corporativa de fondos y empresas se ha obtenido del Registro Mercantil, la CNMV, memorias anuales y folletos de los fondos de inversión.

Ayudas PAC: La distribución de ayudas de la Política Agraria Común procede de los datos de beneficiarios publicados por el FEGA (Fondo Español de Garantía Agraria).

Agua: Las dotaciones de riego se han consultado en los Planes Hidrológicos del Guadalquivir y el Guadiana (2022-2027).

Precios y costes: Los precios de la tierra proceden de la estadística del Ministerio de Agricultura. Las cotizaciones del aceite, de Poolred. Los costes de producción por tipología de olivar, de los informes de la Asociación Española de Municipios del Olivo (Aemo).

Empleo y estructura agraria: Los datos de empleo proceden de la afiliación al Régimen Especial Agrario de la Seguridad Social (2003-2024). Las compraventas e hipotecas de fincas rústicas, del INE. El análisis de la estructura de propiedad se basa en los microdatos de los Censos Agrarios de 2009 y 2020, aplicando el criterio de la FAO: una explotación es «familiar» cuando la familia aporta más del 50% del trabajo; si el titular es persona física pero depende mayoritariamente de asalariados, se considera «patronal».