En las dos últimas décadas, al olivar español le han llovido desde millones generados por el ladrillo en el pico de la pasada burbuja inmobiliaria, grandes sumas gestionadas por fondos de inversión internacionales, tanto especializados como generalistas, y fortunas familiares en busca de dar vida a sus ahorros a través de family office (empresas privadas especializadas en preservar, gestionar e incrementar el patrimonio de una o varias fortunas familiares, incluyendo desde la gestión de las inversiones a la fiscalidad).
Además, la llegada de capital ha generado megagrupos y alianzas que dominan, en propiedad o asociados, toda o parte de la cadena de valor en vertical: tierra, vivero, plantación, cosecha, almazara, envasadora y hasta el lineal del distribuidor en algunos casos.
Los pioneros
Innoliva: receta de ladrillo, banca y la familia Del Pino
En 2006, el promotor inmobiliario Miguel Rico, presidente de la promotora inmobiliaria navarra de VPO Miguel Rico & Asociados (MRA) compró una de las mayores fincas de olivar superintensivo del mundo cuando casi nadie hablaba de esta forma de cultivo, la finca del Río, entre el término cordobés de Fuente Obejuna y el pacense de Peralada del Zaucejo. Eran más de 1.200 hectáreas de olivos plantados a 1,35 metros de distancia y capaces de dar aceitunas a los tres años de vida con una producción tres veces la del olivar tradicional y costes muy bajos debido a su mecanización.
La idea central era crear una central de biomasa para generar electricidad a partir del residuo del olivar (poda) y la aceituna (hueso y orujo). La capacidad de producción de aceite de oliva virgen de la plantación adquirida les hizo cambiar pronto de opinión y ampliar sus objetivos. Había nacido Olivos Naturales, Innoliva.
En tres años, Rico logró incorporar al capital a otros dos potentes inversores, una de las familias más ricas de España, los Del Pino, e Invercartera, por entonces el vehículo inversor industrial de Caixa Catalunya, que pasó a manos de BBVA tras el rescate de la entidad financiera catalana.
El plan de Innoliva incluía una inversión de más de 250 millones de euros en terrenos, sistemas de riego y plantación de olivar en régimen superintensivo con el objetivo de alcanzar 10.300 ha gestionadas entre España y Portugal. En este país adquirió tierras y cerró contratos de alquiler a largo plazo, como las 623 ha que sigue arrendando de la finca Guadalupe (Olivenza, Badajoz), por las que paga un millón de euros al año. El crecimiento en Portugal se logró no solo con compras de tierras sino de empresas, como la Sociedad Agricola el Pedregal, que adquirió en 2008 y de la que escindió toda actividad que no fuese olivar.
objetivo inicial de Innoliva
Innoliva fue comprada por un fondo de inversión extranjero antes de llegar a la mitad de su plan original de expansión. Fue en 2017, cuando fue adquirida por la gestora ADM Capital, a través de su fondo Cibus Bingham Limited, que lo hizo a su vez a través de la empresa Mount Kellet. Innoliva gestionaba ya 4.800 hectáreas de olivar superintensivo (3.844 en propiedad y 953 arrendadas; 3.168 en Portugal y 1.629 en España). En la campaña 2017-2018 produjo más de 55.000 toneladas de aceitunas (12.000 en España) y 8.200 toneladas de aceite de oliva virgen extra. Ese año facturó 24 millones de euros, según las cuentas presentadas ante el registro mercantil. En las cuentas anuales, los nuevos propietarios reflejaron la estrategia a seguir: continuar con la expansión y «superar los resultados de 2017 con una mayor producción de las fincas españolas».
Tras esta operación, la sede de Innoliva dejó de estar en Pamplona para pasar a Sevilla. Cibus puso al frente de Innoliva a Jorge Pena, fichado directamente de uno de los grandes actores mundiales del aceite de oliva, la envasadora portuguesa Sovena, que por entonces ya estaba también realizando grandes operaciones en el olivar superintensivo en España y Portugal como se explica más adelante.
Con Jorge Pena al frente, Innoliva no solo duplicó la superficie que gestionaba, también entró en 2021 en el otro gran protagonista de la lluvia de capitales sobre el agro ibérico: el almendro.
La siguiente gran operación en el accionariado fue en 2023, cuando el grupo había duplicado sus hectáreas bajo gestión y facturaba ya más de 65 millones de euros. Una empresa canadiense de nombre críptico (13488632 Canada Inc) compró Mount Kellet, es decir, Innoliva. Tras la operación estaba el fondo Fiera Comox Global Agricultural Open-End Fund, que adquirió las dos ramas del grupo: Innoliva y Almendros Naturales.

Hay varias claves más en sus cuentas. Innoliva empieza las campañas con un contrato firmado que le garantiza la venta de toda la producción de la Finca el Río, la finca original desde la que inició su expansión.
Además se refleja que, desde sus comienzos, recibió importantes ayudas públicas. Dinero llama a dinero. En 2009 recibió, del Instituto de Financiamiento de Agricultura e Pesca de Portugal (el IFAP), una subvención no reintegrable de más de 6,5 millones de euros para financiar una plantación que tenía un presupuesto total de 20,4 millones. Ese mismo año, junto con otras entidades, obtuvo del CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación) en España 484.145 euros (de los que 159.768 eran no reintegrables) para Mejorar la Eficiencia en la Gestión del Riesgo en la Explotación del Olivar.
Al año siguiente, recibió una nueva ayuda del IFAP de casi 3 millones de euros para invertir en la que sería la gran almazara de la finca de Carapetal, inaugurada a finales de 2011 con una inversión total de 5 millones de euros y una capacidad para transformar 50.000 toneladas de oliva al año.
En 2016, recibió 791.000 euros en subvenciones, incluidas por producción ecológica y por el pago único de la PAC. Al año siguiente fueron 370.000 euros por los mismos conceptos.
El sueño vertical de SOS (Deoleo): Proyecto Tierra
En 2006, el mismo año en que tuvo lugar la operación fundacional de Innoliva, el poder de las embotelladoras en el control de precios no era tan potente como en la actualidad. La subida durante varios ejercicios del precio del aceite, animó a estas empresas a pensar en convertirse en su propio proveedor de aceite haciéndolo desde el origen, la producción de aceituna, adquiriendo tierras, almazaras o todo ello.
Deoleo (entonces Grupo SOS, el gran grupo mundial de las marcas de aceite de oliva con Carbonell, Bertolli, Carapelli y Koipe entre sus enseñas), Sovena (el líder mundial de la marca blanca, durante casi dos décadas principal interproveedor de aceite de oliva para Mercadona), Migasa o Borges son algunos ejemplos de envasadoras que decidieron cambiar sus estructuras para protegerse contra las coyunturas de altos precios del aceite.
Después de probar suerte comprando materia prima en sitios entonces alternativos, como Túnez, Argelia o Marruecos, en 2007, el Grupo SOS, por entonces aún dueño del negocio de arroz que le daba nombre, lanzó su Proyecto Tierra.
plan del proyecto Tierra
El plan incluía plantar hasta 10.000 hectáreas de olivar de alto rendimiento en Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y Portugal y lograr un autoabastecimiento de entre el 30% y el 40%. Hablaba ya del olivar superintensivo como única vía de atender a la creciente demanda mundial. El proyecto preveía 200 millones de euros de inversión que no pondría SOS sino que llegarían de la mano de fondos de inversión y servirían para la compra de 5.000 ha. Otras 5.000 hectáreas se lograrían asociándose con agricultores que quisieran unirse al proyecto y compartir la ganancia. SOS se abría a alquilar también tierra. En todos los casos había un seguro para el inversor: SOS se comprometía a comprarles el aceite. La aceitera planeaba aportar por su parte unos 10 millones al año.
La estrategia de Jesús Salazar parece hoy el plan maestro que han seguido después otros nuevos grandes propietarios del negocio del olivar y el almendro.
SOS compró el 50% del capital de otra empresa: Todolivo. Pagó 4,5 millones por la mitad de una firma especializada precisamente en lo que SOS necesitaba para su plan: un especialista en transformar tierras al olivar superintensivo. Plantar olivar en seto se consideraba entonces una novedad. Ya se sabía que la producción se multiplicaba por 3,5 veces y se duplicaba el margen de beneficio pero había que saber hacerlo y por aquel entonces, se seguía calificando el olivar superintensivo como una «revolución».
Las dificultades financieras de SOS, que le llevaron a acumular una deuda inasumible de 1.000 millones de euros; el desvío de fondos de los hermanos Salazar, que se cifró en 200 millones de euros y que acabaron en un proceso judicial que se saldó con un acuerdo en 2020, no solo se llevaron por delante al propio Jesús Salazar como presidente del grupo, también buena parte de sus proyectos. Entre ellos, SOS se desharía en 2010 del sueño de Jesús Salazar de convertirse en el mayor productor de olivar en seto del mundo: el Proyecto Tierra. Fue parte de la limpia de Mariano López Claver al llegar a la presidencia, cuando se decidió limitar SOS al negocio del envasado de aceite, vendiendo incluso la división arrocera, que acabó en manos de Ebro Foods.
La salida del negocio del olivar hizo que el 100% de la cordobesa Todolivo volviese a manos de la familia de José María Gómez, que recompró el 50% por un millón de euros menos del precio al que lo había vendido.
SOS tuvo que abrirse a la entrada de inversores en su capital para sobrevivir. Hubo muchos rumores, movimientos desde la Junta de Andalucía para que SOS no acabase en manos de la portuguesa Sovena, y hasta se esquivó la bala de dejarse fagocitar por la fallida Nueva Rumasa, de los Ruiz Mateos. Finalmente fue el fondo CVC quien se convirtió en el inversor de referencia de SOS (Deoleo).

¿Cuál es la situación actual de Deoleo, el gigante del embotellado de aceite?
Según las cuentas presentadas a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el grupo sigue siendo un gigante que facturó en 2024 casi 1.000 millones de euros (266 millones de EEUU, 260 millones de España, 155 millones del norte de Europa y 115 millones de Italia entre otros) pero que presenta pérdidas por 54 millones, influidas en parte por los más de 60 millones de euros que tuvo que provisionar ante las últimas sentencias de un conflicto por impuestos que mantiene con la Hacienda italiana desde hace una década.
La sociedad ha llevado diferentes procesos de reestructuración, con pérdidas significativas entre 2016 y 2019 que la llevaron incluso a estar varias veces en causa de disolución.
Tras el acuerdo con las entidades financieras, el principal problema actual de Deoleo es que CVC ya ha anunciado que tienen intención de vender su parte en el grupo y eso significa un cambio de control que podría llevar a la amortización anticipada de la deuda según el acuerdo de refinanciación. La estabilidad de Deoleo en ese caso estaría bastante comprometida y dependiente de encontrar otra vía de financiación. A CVC, que ha visto reducirse drásticamente el valor de su participación en Deoleo, no le queda ni el consuelo de los dividendos, puesto que el acuerdo de refinanciación los prohíbe salvo acuerdo con las entidades acreedoras o que se haya amortizado totalmente el crédito.
Elaia y la verticalidad total: del campo al lineal de Mercadona
¿Qué pasó con los olivares en seto del Proyecto Tierra de SOS? Pasaron a manos de Elaia, el proyecto de olivar superintensivo en España y Portugal que unió al gigante portugués del embotellado del aceite de oliva de marca blanca Sovena con el grupo inversor español Atitlán, fundado y dirigido por Roberto Centeno, yerno del fundador de Mercadona, y Aritza Rodero.
Aunque de forma indirecta, con Elaia llegó el modelo de la integración vertical total, desde la producción de aceituna con compra de miles de hectáreas de tierra, pasando por el embotellado y hasta la cesta de consumo. Elaia llegó a sumar 15.000 hectáreas de olivar, en las que se incluyen los olivares del citado Proyecto Tierra que había sido del grupo SOS (para entonces Deoleo), que les vendió las 5.300 hectáreas que había llegado a sumar en Portugal por 91 millones de euros para paliar su abultada deuda.
llegó a sumar Elaia
Elaia llegó a alcanzar 9.700 has de olivar en el Alentejo portugués, en zona de influencia del inmenso embalse de la Alqueva y 1.000 en Marruecos. En España, además de las fincas en la zona de Gargáligas y Navalvillar de Pela en Extremadura, en 2014 invirtió en el olivar andaluz, plantando en el municipio cordobés de Castro del Río un millón de olivos en régimen superintensivo en dos fincas que sumaban 700 hectáreas a las que agregó 250 hectáreas más cerca de Córdoba capital arrendadas a largo plazo.
Aunque siempre se pretendió desligar los negocios de Atitlán de Mercadona, la envasadora portuguesa Sovena era la evidencia del vínculo de intereses. Sovena era interproveedor de Mercadona desde 2002 y lo fue durante 20 años, hasta que el grupo valenciano, como le ha ocurrido a otros proveedores a los que mantuvo y engordó durante años en exclusiva, decidió ampliar sus proveedores de aceite. Hasta esa fecha, a los lineales de Mercadona iba a parar el 80% de la producción de aceite de oliva de Sovena.
Elaia tenía claro su modelo y lo publicitaba cada vez que tenía ocasión por boca de su director general, Ramón Rivera: Buscar fincas olivareras con derechos de riego garantizados, disponibilidad de agua, buenas calidades de la tierra y que admitiesen la mecanización del cultivo en seto. El objetivo, grandes explotaciones y almazaras propias: dos en Portugal, una en Extremadura y una en Marruecos.
Es importante señalar que las cooperativas aceiteras vieron venir lo que podía suponer esta concentración de producción de aceite en quien estaba presente a lo largo de toda la cadena. En 2010, cuando se conoció la intención de SOS de vender a Elaia sus olivares del Proyecto Tierra, la Federación Andaluza de Cooperativas Agrarias (Faeca) salió públicamente a advertir de que el acuerdo sería «potencialmente, a medio y largo plazo, muy perjudicial para el sector». La clara intención que ya mostraban Sovena y Mercadona de contar con aceite de oliva de producción propia, «reduciendo así su dependencia del sector productor de aceite de oliva español», les estaba entregando un enorme poder para «manejar los precios». El peso que tenían ya entonces, especialmente en plena crisis económica, las grandes superficies y sus marcas blancas no hacían sino sumar puntos a ese temor.

En 2020, Atitlan y Sovena se separaron, repartiéndose los activos que fueron de Elaia, y a principios de 2022, Atitlan vendió sus tierras y plantaciones a De Prado (6.000 de olivar y 3.000 de almendro). La operación incluía las empresas Elaia y Tangerina y ayudó a crear un gigante aún mayor, porque De Prado logró con la operación rozar las 30.000 hectáreas de olivar y almendro entre España, Portugal, Chile y EEUU.
La separación de Sovena de Atitlán había estado precedida también de una menor relación con Mercadona, cuando el gigante de la distribución que lidera Juan Roig decidió diversificar su base de proveedores de aceite de oliva, dejando en la mitad las compras a Sovena en favor de Acesur, Dcoop o Maeva. Sovena empezó entonces a trabajar con otras distribuidoras como Carrefour o Alcampo.
Actualmente Mercadona sigue una política de compra en España y ha entregado sus lineales de aceite a cooperativas españolas como Dcoop, Oleoestepa y Jaencoop.
De Prado, el gigante que se comió al resto
Empresa cordobesa familiar, con origen en Baena, el grupo De Prado no es un recién llegado al mundo agrícola. El vínculo se remonta a 1831 pero la empresa y el concepto actual nacieron en 2003 bajo la presidencia de José Luis de Prado Ruiz-Santaella.
En una generación pasaron de las 60 hectáreas de olivar que tenía en Baena el padre del actual presidente a rondar las 30.000 hectáreas (17.200 de olivar de molino, 1.800 de aceituna de mesa y más de 10.300 de almendro), a las que se han unido en el verano de 2025 las 3.400 hectáreas en Cádiz procedentes de la gran operación que está en boca de todo el sector olivarero andaluz: la compra de Algodonera del Sur al empresario del sector del tomate Antonio Martín Antúnez, quien transformó al olivar grandes fincas de la campiña jerezana que han pasado ahora a integrar el imperio De Prado.
alcanzadas en 2025
En la operación se incluye la adquisición de la mayor almazara de Europa, levantada en Lebrija en 2022 por Algosur y con capacidad para molturar 130.000 toneladas de aceite de oliva al año.

Los orígenes de De Prado se remontan a principios de siglo, cuando José Luis de Prado viajó a EEUU y se trajo a la península los modelos de cultivo de California. Empezó con tomate y fruta de hueso y tras vender ese negocio compró la primera finca junto al pantano de la Alqueva en Portugal para plantar olivo en seto. Desde entonces no ha parado de crecer en extensión, finca a finca pero también fagocitando algunos de los grandes proyectos que iniciaron otros.
Una de sus operaciones más sonadas fue cuando se hizo, en 2022, con las 9.000 hectáreas (6.000 ha de olivar y 3.000 ha de almendro) que se quedó Atitlán cuando rompió con Sovena y que sumó a las 19.100 ha con que contaba previamente en España, Portugal, Chile y EEUU.
Para la operación, cuya cifra no trascendió pero llegó a estimarse en 250 millones de euros, se apoyó en el apetito que ya se había despertado de los fondos internacionales por el agro ibérico, dando entrada en la operación a PSP Investments, el fondo de pensiones de las Fuerzas Armadas y la Policía Montada de Canadá.
Lo suyo es el crecimiento constante en la producción mediante la adquisición de nuevas fincas. Analizan «más de 200 al año», declaró José Luis de Prado a mediados de 2022 en una entrevista. Compran solo «las que no tienen ningún riesgo de clima, suelo, agua». Sobre todo, agua. Lo llaman «safe water» que solo se da si la disponibilidad de agua de la explotación no se ve comprometida por una sequía. «Ese es el gran punto débil de Andalucía, no solo con otros países, sino con otras comunidades como Extremadura», añadió.
Pero el negocio no está solo en sus propias tierras. Su estrategia de invertir en buena parte de la cadena le ha convertido en uno de los protagonistas de que el sector del olivar esté cada vez más franquiciado. De Prado tiene siete almazaras, incluida la última adquisición, una empresa de viveros que provee de las plantas tanto para olivar como para almendro para sus propias fincas y para terceros y una empresa del grupo que es ejemplo de uno de los actores más recientes que se ha colado entre los eslabones de la cadena del aceite. Se trata de AGR. De Prado ha convertido en negocio su conocimiento del cultivo en superintensivo e intensivo y el hecho de contar con la maquinaria especializada.

Lo que antes hacía para sus fincas: estudiar el terreno, planificar la distancia entre árboles en función de la disponibilidad de agua, acondicionar, instalar el riego y gestionar desde la plantación a la recolección lo hace ahora para otros, a quienes ofrece sus propias almazaras, su entamadora de aceituna de mesa y sus dos partidoras de almendras. Esta estrategia le permite seguir absorbiendo negocio externo que pasa por las empresas de su grupo sin necesidad de nuevas inversiones en tierras. Los que llegan al agro a invertir en el negocio superintensivo no necesitan ni saber distinguir un olivo de un almendro.
Hay un eslabón en el que De Prado no se plantea entrar: las envasadoras. Considera que están demasiado expuestas a las fluctuaciones de las cosechas y por ello del precio. Para eso tienen su alianza con Dcoop.
Beka & Bolschare Iberian Agribusiness
El fondo de capital riesgo Beka & Bolschare Iberian Agribusiness, de Bolschare y Beka Asset Management, comenzó su andadura en el sector en 2021 y cuenta ya con más de 20.000 hectáreas en producción y en desarrollo en plantaciones agrícolas, principalmente olivar, aguacate y almendro.
de olivar, aguacate y almendro
Este fondo fue constituido el 17 de febrero de 2021 en Madrid teniendo como asesor a Bolschare Agriculture Lda, una compañía portuguesa que llevaba ya años plantando olivos en superintensivo en el entorno del embalse de la Alqueva, en el Alentejo portugués, y que presta el asesoramiento inicial, estudio del terreno, diseño del proyecto de riego y plantación y ejecución de la plantación hasta la gestión de la explotación, la recolección del fruto y posterior venta del producto. Beka Asset Management, por su parte, es un fondo especializado en inversión en compañías que a su vez compran o alquilan terreno para su puesta en explotación.
En el folleto del fondo se describe que se constituyó con una duración de 10 años (prorrogables 2 más) y que se dirige a clientes de banca privada, con una inversión mínima de 100.000 euros y una previsión de rentabilidad del 20% anual.
Su principal accionista es la Mutualidad de la Abogacía, que tenía el 42,76% del capital en 2022 pero ha ido diluyendo su participación a medida que entraba capital. En 2023, su porcentaje era del 33,10%, cuando el patrimonio total gestionado alcanzó los 30.208.000 euros. Ese año, se realizaron inversiones en 1.757 ha, el 40% en ecológico y el resto en superintensivo.
A finales de 2024, el patrimonio gestionado por el fondo ascendía ya a cerca de 39 millones de euros. En ese ejercicio dio además fruto su postulación al Programa Invest EU de la UE dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, que canaliza 150 millones para fondos de inversión que impulsen proyectos de infraestructuras sostenibles. Durante marzo de 2024 se confirmó el último compromiso de inversión por 24,5 millones por parte de un inversor público institucional, situando el patrimonio total comprometido del fondo en 55.708.000€.
En 2025 han seguido creciendo en superficie con la compra de Olive Masters, con 303 hectáreas de olivar superintensivo en el Alentejo portugués, lo que le permitió alcanzar las 1.550 hectáreas gestionadas en el país vecino; y Agroviázo Talavera, con 272 hectáreas, lo que llevó al grupo a un total de 800 ha entre olivar y almendro de alta densidad en esta zona de Castilla-La Mancha.
Su estructura es a través de un grupo de empresas participadas cuyas tierras van poniendo en producción mientras mantienen lo que en sus cuentas denominan una «intensa actividad de búsqueda de oportunidades de inversión», manteniendo siempre «varias fincas de interés en fase de análisis».
Alea, el family office de los dueños de Persán
Las fortunas andaluzas están compitiendo desde Portugal con el olivo andaluz. Otra de las fortunas crecidas al calor de los lineales de Mercadona, la del fabricante de detergentes sevillano Persán, de la pareja José Moya y Concha Yoldi, invirtió en 2018, a través de su family office Alea, en dos fincas de olivos en el municipio de Alvito, en la zona del Alentejo, con alrededor de 1.000 ha en superintensivo. La operación se cifró en 25 millones de euros.
Por el doble, unos 50 millones, se ha publicado que compró cuatro años después la finca agrícola y ganadera del conde de la Maza en Huelva al hacerse con Arenales de la Maza, la empresa propietaria del histórico cortijo de Arenales, 2.700 ha entre los municipios sevillanos de Morón de la Frontera y Arahal. La finca cuenta con 80 ha de olivar en extensivo en riego y la dehesa donde se criaban los toros del Conde de la Maza, ganadería vendida en 2018. La familia Moya-Yoldi cuenta con ganadería propia de toros bravos en la finca El Parralejo en Huelva.
Los Moya Yoldi también tienen intereses crecientes en el sector inmobiliario. En 2018 compraron por 70 millones el 40% del parque empresarial madrileño Río 55. Participa junto a Inmobiliaria del Sur, con quien también tiene proyectos residenciales en Marbella.
AgOlives, Aceitunas del Guadalquivir
Es probable que a los propietarios de AgOlives, actualmente el primer procesador de aceituna de mesa a nivel mundial, la empresa que ha logrado ser el proveedor de forma simultánea para las marcas blancas de aceituna de Mercadona, Carrefour y Lidl en España, la que desarrolló las aceitunas «chupadedos» a partir de una patente del CSIC y que opera en mercados de Europa, América del Norte y Asia, con exportaciones a más de 60 países, ni los hubiesen mirado los gestores de fondos de inversión cuando nació la empresa en 1962 en Morón de la Frontera (Sevilla).
facturados en 2024
Cuentan que el fundador, Francisco Rivera Escalante, transportista, se quedó sin trabajo y pidió prestada una camioneta porque le habían dicho que podía sacar algún dinero en la capital vendiendo aceitunas de su tierra. Dicen que aliñaba el producto por las noches y lo vendía por el día por bares y tiendas y que la ganancia llegó a darle para poner su primera fábrica en Morón desde la que empezó a crecer. También que empezó a exportar el producto sin hablar una palabra de inglés. Hace años, ya con la tercera generación de los Escalante al frente, los fondos de inversión empezaron a hacer cola para hacerse con la empresa. Lo intentaron ProA, Portobello y el que finalmente lo consiguió fue Alantra Private Equity, que dejó al frente a la familia fundadora.
El potencial financiero de Alantra permitió a AgOlives comprar en 2022 la compañía californiana de aceituna de mesa Bell Carter Foods. Este año, la española llegó a un acuerdo para hacerse con la empresa de aceituna de mesa más antigua de Grecia, Georgoudis S.A.-Parthenon, integrando con ello en su oferta las aceitunas Kalamata, Halkidiki y Conservolea.
Alantra, que está ahora de salida y no le faltan tampoco candidatos para capitalizar su inversión, entró en AgOlives cuando facturaba 130 millones anuales. En 2024, facturó 350 millones y produjo más de 80.000 toneladas de aceitunas.
El almendro superintensivo
Además de los movimientos de tierras y cultivos que están teniendo lugar por la inversión en olivar superintensivo en la mitad sur de la península, tasadoras como TINSA, líder en España en el sector inmobiliario, ya detectan cambios relevantes hacia otros leñosos superintensivos y en zonas de España diferentes a Andalucía, Extremadura o Castilla La Mancha. Se trata de Aragón, donde en su último informe TINSA señala como cambios destacables los que se están produciendo «de fincas de frutal de hueso o pepita a olivar o almendro» en régimen superintensivo.
Las dos claves son claras: están entrando en este cultivo cantidades millonarias de forma simultánea y van a por el agua.
Iberian Smart Financial Agro (ISFA)
Por su ritmo y capacidad de inversión, hay que destacar el efecto de la constitución a mediados de 2019 de Iberian Smart Financial Agro (ISFA), una sociedad de inversión participada por Azora Capital (33%), Asider Management (27%), Eventir Consulting (20%) y Sabaiatva (20%).
Este vehículo de inversión crece a base de adquirir o crear nuevas compañías a ritmos de aportación de capital superiores a los 20 millones de euros al año y está centrada en almendro superintensivo, con plantaciones de 2.200 árboles por hectárea y el objetivo de alcanzar las 10.000 hectáreas (22.000.000 de árboles) en 7 años.
Compra pero también alquila. En 2024, protagonizó una gran operación al alquilar 400 hectáreas en la localidad de El Tormillo, en Peralta de Alcofea (Huesca) para cultivar almendro en seto.
Con la vista puesta en la rentabilidad futura de lo que va plantando sin descanso, ISFA demuestra pulmón de sobra para resistir años en pérdidas, algo contra lo que resulta complicado competir. De cara a sus inversores, lo importante según sus cuentas es que lo que tienen cada vez valga más.
ISFA declara en sus cuentas que en 2024 recibió un informe de valoración de la cartera de SPV (special purpose vehicle, o vehículos de inversión) que da un valor a sus activos de 332 millones de euros que, restando la deuda financiera equivale una «valoración de cartera de 118 millones de euros, muy por encima del coste de adquisición registrado». Es un 46% más del valor que le daban en las cuentas del ejercicio previo.
Tiene control de 19 sociedades agrupadas en ISFA Holding, a las que suele poner por nombre ISFA INVEST y un número. Esas filiales, «tienen o se espera que tengan en los próximos años actividad de explotación de fincas de almendros bajo la tipología superintensiva, principalmente. Algunas de ellas se encuentran en fase de lanzamiento y otras en fase de plantación». Son inversiones millonarias realizadas de forma simultánea pero que aseguran que «se basan en planes de negocio que soportan la recuperabilidad de las inversiones y que incluyen hipótesis de duración del proyecto en torno a 25 años; rendimiento por hectárea anual en fase de madurez en torno a 2.600 kg/ha (con curva de lanzamiento ascendente y de madurez descendente); precios de la almendra en torno a 5,75 – 6,26 euros más IPC 1,5; y coste de gastos de explotación anuales en torno al 45% en los años de madurez.
De nuevo, dinero llama a dinero. También público. En 2023, la Sociedad recibió una subvención de 4,1 millones de euros del Programa Nacional de Desarrollo Rural para «fomentar las inversiones materiales o inmateriales en transformación, comercialización y desarrollo de productos agrarios».
Entre 2023 y 2024, las 19 sociedades que se integran en ISFA Holding recibieron ayudas de la PAC por un importe agregado de 850.000 euros.
Con semejante potencial, entidades públicas y privadas no dudan tampoco en darle créditos millonarios. La sociedad mantiene una deuda con entidades de crédito de 41 millones de euros. Cuenta con un crédito de 15 millones de la SEPI y otro de 15 millones con el ICO.
Se apoyan en Agromillora, que es el vivero líder mundial para vid, olivo y almendro, especialista en cultivos de alta densidad.
AlmondPlus, el proyecto de los Entrecanales
En 2020, otra de las grandes fortunas de España, la familia Entrecanales, fundadores de Acciona, creó una rama de su vehículo de inversión Lizard para buscar inversiones en el sector agrícola: la gestora Lizard Agro.
En el proyecto inicial se proponía la plantación de 4.000 hectáreas de almendros repartidas en cinco periodos de plantación: mayo de 2020, diciembre de 2020, mayo de 2021, diciembre de 2021 y mayo de 2022. Para gestionarlas, el grupo creó cinco empresas, una por cada periodo de plantación: AlmondPlus S.L., AlmondPlus Dos S.L., AlmondPlus Tres S.L., AlmondPlus Cuatro S.L. y AlmondPlus Cinco S.L. En diciembre de 2023, según las cuentas del registro, la inversión realizada en las cinco compañías sumaba 46,8 millones de euros.
Lizard Agro y sus AlmondPlus repiten de nuevo el proceso de estos grandes capitales cuando entran en el agro en suelo que no está plantado: hasta que la planta produce y genera ingresos, asumen pérdidas millonarias que pueden soportar porque forman parte del plan de negocio y además les dan créditos fiscales que aplicarán en los beneficios futuros. Las cinco empresas AlmondPlus de Lizard acumulaban ya a finales de 2023 pérdidas por más de 15 millones de euros.
Así se explica en las propias cuentas: «el importe recuperable de la inversión se encuentra sustentado en plusvalías tácitas como consecuencia de los flujos que generarán las sociedades. Como consecuencia, no se ha realizado deterioro alguno sobre las inversiones registradas en las participaciones en empresas del grupo».
Lizard cuenta con tierras plantadas de almendro intensivo en Aragón en el Valle del Ebro en seis ubicaciones: Esplús (1.075 ha); Ejea de los Caballeros (575 ha); Épila (400 ha); Zaragoza (600 ha); Fuentes de Ebro (665 ha) y Quinto (650 ha).
En el plan original preveía producir más de 11 millones de kilos de almendra en pepita en 2026 garantizando «trazabilidad total, homogeneidad y uniformidad». De la nada, en poco más de cinco años esperaban ser un referente mundial de la almendra, con acceso «a grandes compradores» gracias a sus «grandes volúmenes homogéneos» y obteniendo por ello «precios de venta superiores a los que actualmente se ofrecen en las lonjas para el pequeño y mediano productor».
Lizard no cultiva las tierras, lo hacen los agricultores con los que llegan a acuerdos. Pese a que el modelo de gestión descrito atribuye el cobro de las ayudas de la PAC a los agricultores colaboradores, los registros oficiales indican que también las propias sociedades vehículo del grupo son beneficiarias directas de los fondos. En el bienio 2023-2024, las cuatro firmas activas (Almondplus S.L.U., Almondplus Dos, Cuatro y Cinco) ingresaron un total de 745.901 euros en concepto de ayudas PAC.
Estas subvenciones, tramitadas administrativamente en la provincia de Madrid pese a la ubicación aragonesa de las fincas, provienen mayoritariamente de la Ayuda Básica a la Renta y los eco-regímenes climáticos. La evolución de los cobros refleja el propio calendario de plantación del proyecto: mientras las dos primeras sociedades (S.L.U. y Dos) captan el grueso de los fondos, las sociedades Cuatro y Cinco han comenzado a percibir ingresos significativos a partir de 2024, coincidiendo con la entrada en producción de las nuevas fases.
Ocean Almond
Esta empresa, que pertenece al grupo turístico OD Group, presidido por Marc Rahola Matutes, sobrino de Abel Matutes, cuenta con más de 1.000 hectáreas de almendro entre Aragón y Cataluña y aspira a alcanzar las 4.000 hectáreas.