26-02-2026

Diagnóstico y conclusiones de Greenpeace

#1 Auge del «Agribusiness»: en las últimas décadas, la agricultura en España está sufriendo una transformación silenciosa que ataca sus raíces culturales, generando una pérdida de identidad y arraigo de esta actividad en el territorio. Esta transformación no está basada en la adaptación de la producción a la capacidad y recursos del territorio, sino en la conversión de una cultura vinculada a la tierra hacia un modelo radicalmente distinto, a negocio especulativo, el agribusiness, impulsado por la entrada masiva de fondos de inversión (especializados y generalistas) y fortunas familiares en busca de rentabilidad en los modelos superintensivos. Este cambio del modelo agrario está concentrando el poder en pocas manos y alterando la viabilidad del resto del sector debido a la competencia estructuralmente desigual.

#2 El agua como bien especulativo: el olivar y el almendro, cultivos tradicionalmente de secano en la península ibérica, se han convertido en dos de los principales destinos del gran capital para su producción superintensiva en regadío. Estas inversiones buscan el denominado “safe water”, es decir, una garantía de suministro de agua incluso en periodos de sequía. Esta posición les otorga una ventaja competitiva decisiva, especialmente en los años secos, frente al resto de explotaciones de secano y tradicionales. A ello se suma que en el olivar las normativas de los planes hidrológicos, como los del Guadiana y el Guadalquivir, han empezado a favorecer las dotaciones de agua por hectárea al modelo superintensivo en detrimento del olivar tradicional.

#3 Insostenibilidad ambiental de los modelos superintensivos: el olivar y el almendro superintensivo en regadío, incrementan de forma significativa el consumo de agua y el uso de insumos químicos por superficie, lo que tiene efectos directos en el entorno natural y en la calidad del suelo a largo plazo. Aunque se presenta como eficiente, su alta densidad productiva (muchos árboles en poca superficie) y un marco regulatorio favorable generan una presión hídrica y ambiental muy superior a la de su cultivo tradicional.

©Greenpeace/Pedro Armestre

#4 Pérdida de biodiversidad: la mecanización extrema del modelo superintensivo del olivar ha demostrado ser incompatible con la conservación de la biodiversidad, especialmente por su impacto sobre la avifauna; la cosecha nocturna con máquinas cabalgadoras provocaba la muerte de miles de aves que usaban estos setos como dormidero y eran absorbidas por la maquinaria al quedar deslumbradas por los focos. Debido a este impacto, la Junta de Andalucía y Extremadura han mantenido la suspensión de la recolección nocturna por ser incompatible con la conservación de la biodiversidad.

#5 El injusto reparto de la PAC: Los grandes grupos y fondos internacionales (como CVC, PSP Investments o Fiera Comox) son receptores habituales de millonarias ayudas de la PAC y otras subvenciones públicas. Esto ocurre a pesar de que algunos de estos capitales han reconocido públicamente no necesitar estas ayudas. Las ayudas del primer pilar de la PAC tienen el objetivo de apoyar la renta de agricultores, no engrosar las cuentas de grandes empresas que ya son rentables per se.

#6 Acaparamiento e incremento del precio de la tierra: el precio de la tierra del olivar en regadío ha crecido significativamente (un 12,7% en Andalucía entre 2020 y 2024). Un dato revelador es que 9 de cada 10 compraventas de fincas rústicas en Andalucía se realizan ya sin hipoteca, lo que evidencia el dominio de actores con gran pulmón financiero frente a los agricultores tradicionales que dependen de financiación bancaria.

#7 Destrucción de empleo; menos explotaciones y más grandes: la mecanización extrema de estos nuevos modelos, entre otras causas, ha provocado una «sangría laboral«, con la pérdida de 180.000 empleos agrarios en Andalucía en solo siete años. En España, entre 2009 y 2020, las sociedades mercantiles (S.A. y S.L.) ganaron 710.000 hectáreas de superficie agraria, pasando de controlar el 11,1% al 14,1% de la SAU nacional. Al mismo tiempo, España perdió  un 7,6% de sus explotaciones, mientras la superficie cultivada apenas varió. El resultado: menos explotaciones, más grandes y en menos manos.

©Greenpeace/ Pedro Armestre

#8 Desequilibrio en la cadena de valor y el «embudo» del envase en el olivar: el sector padece un oligopolio en el eslabón de envasadores y comercializadores que determina los precios de forma descendente (desde el supermercado hacia el productor). Esto provoca que, en campañas de alta producción, los precios en origen caigan rápidamente al límite de no cubrir los costes del olivar tradicional. Los intermediarios utilizan los costes del superintensivo para presionar a la baja los precios mucho más altos del resto hasta comprometer su viabilidad, a pesar de las intenciones de la Ley de la Cadena Alimentaria para evitar la venta a pérdidas.

#9 Integración vertical y servicios «llave en mano»: la llegada de capital ha generado megagrupos que controlan toda la cadena, desde el vivero hasta el lineal del supermercado. Han aparecido nuevos actores especializados en ofrecer proyectos «llave en mano» a inversores que solo ponen el capital, encargándose de toda la ingeniería, plantación y gestión sin que el inversor necesite conocimiento agrario previo, convirtiendo el campo en un negocio de gestión externa o «franquiciado«.

En conjunto, este modelo en auge, apoyado por las políticas públicas, configura un modelo especulativo ambientalmente dañino y socialmente excluyente, cada vez más concentrado, dependiente del agua y del capital financiero, que pone en riesgo la viabilidad de la agricultura más respetuosa con el entorno y vinculada al territorio.