26-02-2026

¿El fin del agricultor tradicional? Impacto en el empleo local y la agricultura familiar

Hay toda una serie de datos estadísticos que demuestran hasta qué punto se está complicando la agricultura familiar y el empleo en Andalucía, desde el tamaño de las fincas, según quién sea el propietario, hasta la forma en que se están adquiriendo. La pérdida de mano de obra agraria es un fenómeno generalizado, con cada vez más dificultades para encontrar trabajadores, una situación que los nuevos modelos no hacen sino potenciar.

Andalucía concentra el 30% de las sociedades mercantiles agrarias de España. Según los datos del Censo Agrario 2020 del INE, el 21,5% de la superficie agraria útil (SAU) andaluza está en manos de sociedades anónimas y limitadas, frente al 14,1% de media nacional. Si se suman otras personas jurídicas (cooperativas, comunidades de bienes y otras entidades), el porcentaje asciende al 28,7% de la tierra cultivable.

Son 9.566 sociedades mercantiles que controlan 1,02 millones de hectáreas. El tamaño medio de estas explotaciones empresariales es de 106,7 hectáreas, frente a las 17,7 hectáreas de media del conjunto de fincas andaluzas.

La distribución no es uniforme. Las provincias de campiña lideran la mercantilización: en Cádiz, el 37,2% de la superficie agraria pertenece a sociedades mercantiles; en Sevilla, el 33,8%; en Huelva, el 29,5%. En el otro extremo, las provincias olivareras mantienen mayor peso de la persona física: en Granada, solo el 8,3% está en manos de sociedades; en Jaén, el 12,1%.

En las grandes fincas, el peso empresarial es aún mayor. De las 857 explotaciones andaluzas que superan las 500 hectáreas, el 49,9% son sociedades mercantiles. En las que superan las 1.000 hectáreas, el porcentaje sube al 58,9%.

Andalucía ha perdido 180.000 empleos agrarios en siete años

Un análisis de los datos de afiliación al Régimen Agrario en Andalucía muestra que el campo andaluz ha sufrido una constante sangría laboral en las dos últimas décadas. Andalucía ha perdido 390.000 afiliados desde 2003, lo que supone una caída del 34,6% de la fuerza laboral agrícola.

Entre las causas se encuentran la falta de relevo generacional, la mecanización en zonas de cultivo extensivo como el olivar y el cereal, y el mantenimiento e incluso crecimiento en la agricultura intensiva bajo plástico.

Entre 2017 y 2024, se han perdido en Andalucía 178.957 empleos agrarios, lo que supone una caída del 19,53%.

Variación del empleo agrario por provincia (2017-2024)

Afiliados al Régimen Agrario de la Seguridad Social

Fuente: Seguridad Social

Almería es la única provincia que ha creado empleo neto en este periodo, con un crecimiento del 3,4% y 3.568 nuevos afiliados. Su modelo de invernadero, altamente demandante de mano de obra, sigue actuando como motor de empleo. En Huelva, asociada al cultivo de frutos rojos, se registra una leve caída del 4,3%, lo que muestra una estabilidad del empleo en comparación con el resto de regiones.

Por su parte, las provincias de Córdoba (-28,3%), Málaga (-28,3%), Granada (-27%) y Jaén (-26,6%) han perdido más de una cuarta parte de sus trabajadores agrarios en solo siete años.

En Sevilla, la caída de empleo supone el 24,2% con 44.321 afiliados menos, y en Cádiz el retroceso es del 20,3%, lo que se traduce en la pérdida de más de 11.000 afiliados.

El calendario del campo: olivar vs. frutos rojos

El análisis de los patrones estacionales revela las diferencias entre cada provincia, marcadas por sus cultivos estrella. En Huelva, el pico de afiliación se produce en primavera, coincidiendo con la campaña de la fresa y los frutos rojos. A partir de junio, el empleo cae drásticamente hasta la siguiente temporada.

En Jaén y Córdoba, el empleo agrario se dispara entre noviembre y enero, meses clave para la recolección de la aceituna. El resto del año, la actividad se mantiene en mínimos, lo que acentúa la dependencia de una única campaña anual.

Más nuevas hectáreas de olivar, menos afiliados

El análisis del crecimiento de la superficie del olivar entre 2017 y 2024, a partir de los datos del SigPac y la evolución del empleo agrario en esos mismos territorios muestra que en los municipios donde la superficie de olivar, especialmente intensivo y en regadío, ha crecido en los últimos siete años, la caída de afiliados es superior a la media. Destacan Carmona (Sevilla) con un -31,9% de afiliados; Santaella (Córdoba) con un -31,3%; Lebrija (Sevilla) con un -29,8% o Antequera (Málaga) con un -27,6%.

9 de cada 10 compraventas de fincas rústicas en Andalucía se hacen sin hipoteca

Las compraventas de fincas rústicas en Andalucía alcanzaron las 22.972 transacciones en 2024, situándose un 2,8% por encima de los niveles prepandemia de 2019 (22.341 fincas), aunque con una caída del 7,2% respecto al pico post-COVID de 2021 (24.758 fincas). La media anual del periodo 2021-2024 se sitúa en 23.618 transmisiones, un 5,7% superior a los registros de 2019.

A nivel provincial, existen diferencias entre ellas. Mientras que Málaga lidera el crecimiento con un 20% respecto a 2019 (de 2.430 a 2.915 fincas), seguida de Cádiz (+18,8%) y Almería (+17,9%), otras provincias como Sevilla crecen moderadamente (+8,4%), pero la provincia de Jaén registra una caída del 17,5% (de 5.204 a 4.291 fincas transmitidas).

Sin embargo, esta relativa estabilidad del mercado de tierras agrícolas contrasta con la evolución de las hipotecas sobre fincas rústicas. Los datos del Instituto Nacional de Estadística revelan que, en 2024 solo el 10% de las compraventas se realizaron con hipoteca, un mínimo histórico desde 2007, primer año de la serie histórica de transmisiones de derechos de propiedad. Nueve de cada diez operaciones, 20.672 transacciones, se cerraron sin ningún tipo de financiación hipotecaria registrada.

Esta tasa del 10% supone una caída de 7,4 puntos porcentuales respecto al 17,4% de 2019 y se sitúa 28,6 puntos por debajo del 38,6% registrado en 2007, antes de la crisis financiera. Las hipotecas sobre fincas rústicas en Andalucía se han contraído un 51,1% entre 2017 y 2024, pasando de 4.700 operaciones a solo 2.300.

Compraventas de fincas rústicas con hipoteca en Andalucía

Porcentaje sobre total de transacciones (2007-2024)

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE)

A nivel provincial, Málaga lidera el crecimiento con un 20% respecto a 2019, pasando de 2.430 a 2.915 fincas transmitidas. Sin embargo, sus hipotecas caen un 36,1% entre 2017 y 2024 (de 498 a 318). En 2024, solo 318 operaciones, el 10,9%, utilizaron financiación, frente al 17,9% de 2019.

Cádiz crece un +18,8% en transmisiones, pero presenta el porcentaje de hipotecas sobre compraventa más baja de toda Andalucía: apenas el 5,7% de las operaciones de 2024 contaron con hipoteca. Sus hipotecas caen un 23,5% desde 2017 (de 204 a 156).

Almería registra un +17,9% en compraventas, pero su caída en hipotecas es la más pronunciada en términos relativos. Las hipotecas sobre fincas rústicas caen del 42,8% en 2019 al 19,4% en 2024, una pérdida de 23,4 puntos porcentuales. En números absolutos, las hipotecas se reducen un 53,4% (de 1.068 en 2017 a 498 en 2024).

Sevilla crece moderadamente en transmisiones (+8,4%), pero sus hipotecas caen un 45,7% desde 2017 (de 551 a 299). Por su parte, Jaén registra una caída del 17,5% en transmisiones (de 5.204 a 4.291 fincas), pero el desplome de hipotecas es mucho más acusado: -56,2% (de 890 a 390). Solo el 9,1% de las operaciones en 2024 utilizaron hipoteca.

La transformación estructural del campo: qué dicen los censos agrarios

Los datos de empleo y mercado de tierras se enmarcan en una transformación más profunda del sector agrario español, documentada por los Censos Agrarios del Instituto Nacional de Estadística.

Entre 2009 y 2020, las sociedades mercantiles (S.A. y S.L.) ganaron 710.000 hectáreas de superficie agraria en España, pasando de controlar el 11,1% al 14,1% de la SAU nacional. El número de explotaciones constituidas como sociedad mercantil creció un 47%, sumando 11.248 nuevas empresas agrícolas hasta alcanzar las 35.201.

Al mismo tiempo, España perdió 74.925 explotaciones agrarias (una caída del 7,6%), mientras la superficie cultivada apenas varió. El resultado: la finca media pasó de 24,6 a 26,4 hectáreas.

El trabajo agrícola familiar se desploma

El cambio más profundo afecta a la fuerza de trabajo. Según los datos del Censo Agrario, el trabajo aportado por familiares no remunerados cayó un 49,8% entre 2009 y 2020, pasando de 232.774 a 116.828 unidades de trabajo anual (UTA). Una UTA equivale al trabajo de una persona a tiempo completo durante un año.

En el mismo periodo, el trabajo asalariado aumentó un 16,3%, de 325.286 a 378.392 UTA.

Este dato de los Censos mide algo distinto a la afiliación a la Seguridad Social. Las UTA cuantifican el volumen de trabajo realizado en las explotaciones, incluyendo la ayuda familiar no remunerada que no aparece en ningún registro de empleo formal. Esta caída del trabajo familiar sugiere el declive de un modelo donde padres, hijos y cónyuges trabajaban la finca sin contrato ni salario.

Aplicando el criterio FAO: el 38% del campo es empresarial

Para distinguir entre agricultura familiar y empresarial, este análisis aplica el criterio de la FAO: una explotación es familiar cuando la familia aporta más de la mitad del trabajo. Si el titular es persona física pero la mayoría del trabajo lo hacen empleados, se considera «patronal».

Con esta clasificación, el 62,1% de la superficie agraria española (14,83 millones de hectáreas) corresponde a agricultura familiar. El 37,9% restante opera bajo modelo empresarial: el 23,4% en manos de personas jurídicas y el 14,5% en explotaciones patronales (personas físicas que dependen mayoritariamente de mano de obra asalariada).

En número de titulares, la agricultura familiar representa el 89% del total, unos 800.000 agricultores. Pero en superficie controlada, su peso baja al 62%.