La crisis invisible del agua en España
El agua del grifo puede cumplir la ley y, aun así, no ser segura. Parte del problema tiene nombre: nitratos.
Se trata de compuestos de nitrógeno que se utilizan masivamente como fertilizantes en la agricultura y que también proceden de los residuos de la ganadería. Están presentes de forma natural en el medio ambiente y son fundamentales para la vida tal como la conocemos, pero cuando se acumulan en exceso debido al uso masivo en la agricultura intensiva y a las deyecciones de los millones de animales explotados por la ganadería industrial se filtran al subsuelo, contaminan acuíferos y acaban en ríos, embalses… y en el agua que bebemos.
Y ahí empieza la preocupación. Porque el exceso de nitratos que llegan al agua tiene repercusiones ambientales —algunos ejemplos bien conocidos son el Mar Menor o el embalse de As Conchas—, pero también sobre nuestra salud. La exposición a este contaminante incrementa el riesgo de padecer, por ejemplo, cáncer colorrectal.
Una situación realmente grave que, sin embargo, no cuenta con la respuesta necesaria por parte de las administraciones competentes. De hecho, el Tribunal de Justicia de la UE dictó, en 2024, una sentencia condenatoria contra el Estado español por incumplimiento de la Directiva de Nitratos.
Qué está pasando exactamente
Una advertencia reciente de la comunidad científica pone el foco en algo inquietante: el límite actual de nitratos permitido en el agua potable es demasiado alto.
Hoy está fijado en 50 mg/l, pero cada vez hay más consenso en que debería reducirse. Tras una revisión exhaustiva de evidencias científicas sobre el impacto de los nitratos en el agua, un equipo científico internacional, bajo el mandato del Ministerio de Medio Ambiente de Dinamarca, ha concluido que la protección de la salud de las personas pasa por reducir casi nueve veces el límite actual hasta los 6 mg/l.

El cambio de referencia lo cambia todo. Porque al aplicar ese nuevo criterio, los datos disponibles muestran, entre otros, que en 3.192 municipios españoles, más de la mitad de los que tienen mediciones, se habría superado ese nivel en algún momento de 2024.
Una contaminación extendida (y subestimada)
Los datos oficiales ya sitúan la contaminación por nitratos como el principal problema de las aguas en España, según el Ministerio para la Transición Ecológica.
Pero hay más. Una medición ciudadana impulsada por Greenpeace, la más grande efectuada en España, evidenció que casi un tercio de las aguas subterráneas analizadas están contaminadas por nitratos. Una cifra que apunta a que el problema podría estar aún más extendido de lo que reflejan los registros institucionales. Este análisis se enmarca en la red ciudadana activa desde 2021, que, gracias a mediciones periódicas en todo el territorio, ofrece una radiografía complementaria y actualizada del problema.
Además, en un 23 % de los municipios españoles ni siquiera hay información disponible sobre la calidad del agua en este aspecto. Esta es una grave laguna y las personas pueden estar bebiendo agua contaminada sin saberlo.
De dónde viene todo esto
El origen es conocido y tiene que ver con la escala del modelo agroganadero:
- En 2025 se sacrificaron casi 1.000 millones de animales para consumo humano en España. Además de todo lo que esto supone a nivel ambiental y de sufrimiento animal, son demasiados animales generando excrementos.
- 2.000 %. Este es el incremento del sacrificio de cerdos desde los años 60. Es el que más ha aumentado y ha convertido a la industria porcina en la principal responsable del problema.
- El 81 % de la aportación de nitrógeno agrícola a los sistemas acuáticos proviene directa e indirectamente de la ganadería.
- El 60 % de la producción de carne se exporta. Somos ya la mayor fábrica de carne de cerdo de la UE y la tercera del mundo. La mierda se queda y envenena las aguas; la carne se va.
El resultado es un excedente de residuos que el territorio no puede absorber y que acaba filtrándose donde no debería.
«Sabemos cómo revertir el problema: reduciendo el uso de fertilizantes sintéticos y la cabaña ganadera industrial que genera una ingente cantidad de excrementos y purines. En definitiva, hay que abandonar el destructivo modelo agroindustrial», explica Luis Ferreirím, responsable de agricultura y ganadería de Greenpeace España.

Objetivo: cambiar los límites
Greenpeace advierte de la urgencia de actuar y pone sobre la mesa varias medidas clave:
- Aplicar el principio de precaución y reducir de forma urgente el límite legal de nitratos en el agua de consumo;
- Coordinar a las administraciones para atajar las causas —el uso masivo de fertilizantes sintéticos y la ganadería intensiva—;
- Frenar nuevas explotaciones y ampliaciones de macrogranjas mientras se impulsa una transición agroecológica;
- Aplicar políticas de “quien contamina paga” para que las empresas responsables asuman los costes de descontaminación.
En juego no está solo el estado de los ecosistemas, sino un derecho básico: el acceso a agua limpia y segura. Quizá por eso conviene empezar por algo sencillo: difundir esta información para que el problema deje de ser invisible. ¡Comparte y ayúdanos a darlo a conocer!
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