Defender el tren como pilar de una movilidad segura, justa y sostenible
Los recientes accidentes ferroviarios de Adamuz y Gelida han generado una comprensible inquietud social. Cada tragedia en el transporte colectivo conmueve, interpela y exige una revisión rigurosa de lo ocurrido y un aprendizaje responsable, siempre desde el respeto a las víctimas y a sus familias. Nuestro pensamiento está con ellas y con las profesionales que, desde el primer momento, han trabajado para atender a las personas afectadas y minimizar las consecuencias.
Sin embargo, también nos enfrenta a un riesgo conocido: que el miedo, la polarización o los análisis apresurados acaben erosionando la confianza de un medio que utilizan 537 millones de viajeros al año (según los últimos datos disponibles de 2024) y que supone uno de los pilares fundamentales del Estado del bienestar y de una movilidad segura y sostenible.
La seguridad del tren en España: un hecho contrastado
Cada accidente ferroviario tiene un impacto enorme. Es comprensible sentir inquietud y conmoción cuando ocurren. Sin embargo, conviene recordar que el tren es, con diferencia, el medio de transporte terrestre más seguro. Las cifras lo demuestran año tras año: según datos del Ministerio de Transporte, en 2024 murieron 1.785 personas en accidentes de tráfico por carretera en España, frente a 18 fallecidos en accidentes ferroviarios. La probabilidad de sufrir una muerte en tren es cien veces menor que en coche, según estas comparativas.
Promover discursos que hablan de que el tren es inseguro es algo irresponsable que no protege a la ciudadanía y no garantiza su bienestar; la expone a modelos de transporte mucho más peligrosos y contaminantes, como el coche. La carretera concentra una mortalidad diaria que hemos normalizado socialmente.
Eso no significa eludir responsabilidades. Al contrario, la confianza se refuerza con investigaciones rigurosas, transparencia, una comunicación pública clara y decisiones que mejoren el servicio. En los últimos días se han cometido errores en este ámbito, y debemos exigir explicaciones y mejoras. Las personas usuarias del tren y las profesionales del sector merecen un servicio seguro y de calidad. Pero hacerlo desde el rigor y con visión de servicio público, no desde el alarmismo. La seguridad del tren frente a otros medios es una de sus grandes cualidades.
Viajar en tren es más ecológico que cualquier otro medio
El tren es la herramienta más eficaz de la que disponemos para reducir las emisiones del transporte, que es el que más contribuye al cambio climático en España. Según el Inventario Nacional del Ministerio para la Transición Ecológica, este representa ya el 33,3% del total de las emisiones brutas. Y el porcentaje sigue creciendo, impulsado sobre todo por el transporte por carretera, sin embargo, el tren solo es responsable del 0,7 % de las emisiones totales de CO2
El tren es el medio de transporte más sostenible y la comparación entre modos es clara. Viajar en avión supone, de media, unos 160 gramos de CO₂ por pasajero y kilómetro; el coche, en torno a los 143 gramos; y el autobús, unos 80 gramos. Es el tren el que marca la diferencia: solo 33 gramos de CO₂ por pasajero y kilómetro, según los cálculos de la Agencia Europea de Medio Ambiente. La comparación no deja lugar a dudas: frente a un modelo de movilidad basado en el coche y el avión, el tren es el transporte más ecológico y la alternativa más sólida para avanzar hacia una descarbonización real de la movilidad.

Los datos recientes refuerzan esta idea. Entre 2019 y 2024, el ferrocarril ha ganado cuota frente al avión y al coche en la larga distancia, captando millones de viajeros y reduciendo emisiones. Renunciar al tren por miedo o desinformación sería un paso atrás en la transición.
Adaptarnos al cambio climático
Lo estamos viendo cada día, el impacto creciente de unos fenómenos meteorológicos cada vez más extremos: lluvias torrenciales, sequías, incendios, olas de calor, ponen a prueba especialmente aquellas infraestructuras que llevan años sin el mantenimiento necesario. Una red débil y descuidada como la red de Cercanías o la red convencional sufrirá mucho más las consecuencias de los temporales, las olas de calor…, si no se refuerza de forma urgente. No se trata de construir nuevas y grandes infraestructuras, sino de conservar y mejorar las que hay y prestar un mejor servicio a la ciudadanía, especialmente allí donde menos se ha invertido, como la red ferroviaria convencional. La resiliencia climática será una condición básica para garantizar la seguridad y la fiabilidad del sistema.
El tren como servicio público indispensable
La movilidad es un derecho de la ciudadanía y garantizar la movilidad sostenible es una condición imprescindible para acceder al trabajo, a la educación, a los cuidados, a la sanidad y a la vida social y el ocio. Como sociedad, debemos exigir que las inversiones públicas aseguren este derecho con la misma determinación con la que defendemos otros pilares del Estado del bienestar.
En los trayectos largos dentro de España y en las conexiones europeas el tren debe ser la apuesta prioritaria. Por escala territorial y densidad de población, nuestro país reúne las condiciones para que el ferrocarril sea claramente más competitivo que el avión o el coche, como ya muestran los datos recientes. Pero su papel no puede limitarse a conectar grandes ciudades. El ferrocarril ha de ser el eje vertebrador del territorio a través de un sistema multimodal eficiente y descarbonizado, y la base sobre la que funcionen las áreas metropolitanas mediante redes de Cercanías robustas y fiables. Desde ese eje principal deben articularse el resto de modos de transporte sostenible, integrados en un sistema único y coherente. No existe ninguna alternativa capaz de mover ese volumen de personas sin disparar la congestión, el consumo energético y las emisiones.

Defender el tren hoy pasa por reordenar las prioridades, equilibrar la inversión y asumir que la movilidad es un derecho y fuente de bienestar que debe garantizarse para todas las personas. Desde Greenpeace defendemos un enfoque integral del tren, donde se aprovechen las ventajas tanto de la alta velocidad como de los servicios de cercanías y regionales, funcionando de forma coordinada. Sin un tren cotidiano sólido, accesible y fiable, no hay transición ecológica ni cohesión social posibles.
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