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Entrada de blog por Paloma Nuche - 09-08-2018


Aumentan las superficies urbanizadas en el archipiélago canario

Las Islas Canarias ostentan una diversidad biológica y geológica excepcional. Su origen volcánico, su clima subtropical y su aislamiento han hecho que alberguen ecosistemas únicos en el mundo. Por ejemplo, es la comunidad que cuenta con mayor número de parques nacionales y varios han sido declarados Reserva de la Biosfera, como el Parque Nacional del Timanfaya, y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO o como el Parque Nacional del Teide.

La gran riqueza natural canaria sustenta a una importante población residente, más de dos millones de habitantes, y atrae a millones de turistas. Esto supone una gran presión humana que en los últimos años está dañando los ecosistemas de la costa, ecosistemas que proporcionan multitud de bienes y servicios ambientales. Los ecosistemas de costa son base de actividades productivas, proporcionan seguridad alimentaria a través de la pesca, cultivos y pastizales, proporcionan investigación científica, los ecosistemas naturales son la fuente de futuros descubrimientos, y también son la base del turismo. La destrucción de los ecosistemas de costa pone en riesgo nuestro futuro.

El total de la franja costera degradada de las Islas Canarias que es incapaz de producir bienes y servicios ambientales es de un 11,9%, debido principalmente a la construcción (8,7%) pero también a los grandes incendios forestales (3,2%). Aunque no sea de las comunidades con mayor superficie de costa degradada, ésta se ha multiplicado por cuatro durante los últimos 30 años, constituyéndose como el mayor incremento en toda España, según arrojan los datos de nuestro informe ‘A Toda Costa’. Por ello, es urgente poner freno a esta tendencia exponencial antes de que sea demasiado tarde.

09/05/2018. Playa del Beril, Tenerife, Islas Canarias, España.

Se han producido demasiados episodios de incendios de carácter catastrófico en varias islas. Los grandes incendios forestales destruyen los bosques y por ende todos los servicios ambientales que nos proporcionan, como son el mantenimiento de la diversidad genética, la conservación de fauna amenazada, la capacidad de generación de lluvias, protección del suelo frente a la erosión, así como servicios culturales de disfrute y conocimiento. Tras un incendio la vegetación puede recuperarse, pero dependiendo de la orografía o el clima puede suceder que el suelo se pierda, se erosione, convirtiéndose en un área estéril e impidiendo la recuperación del ecosistema.

Los ecosistemas y los seres humanos han convido históricamente con los incendios. Muchas especies están adaptadas a un “régimen natural de incendios”, con una frecuencia, severidad y tamaño determinados, y el ser humano ha utilizado tradicionalmente el fuego como herramienta de gestión. Pero el paisaje ha cambiado y la relación del ser humano con el fuego también, por ello se ha perdido el régimen natural de incendios. Ahora tenemos un paisaje inflamable y susceptible de vivir grandes incendios forestales muy peligrosos. Las causas de estos incendios son diversas pero más del 96% de los incendios son de origen humano.

Es necesaria una planificación del uso del territorio que ponga la conservación de los ecosistemas y los bienes y servicios ambientales como principal objetivo mediante una correcta planificación urbanística y gestión del riesgo de incendio forestal. Dejemos de mirar la naturaleza como algo ajeno y infinito, y pongamos en marcha soluciones antes de que sea demasiado tarde.

Paloma Nuche - autor del blog.
Paloma Nuche
Doctora en Ecología (IPE-CSIC), Máster de Ecología y Gestión de la Biodiversiad (CREAF-UAB), Licenciada en Biología (UAM). Responsable de la campaña de Costas de Greenpeace España. Twitter @PalomaNucheGal
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