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Entrada de blog por Greenpeace España - 15-10-2019


La mujer rural y su papel en la lucha contra la crisis climática

Hoy, 15 de octubre, se celebra el Día Internacional de la Mujer Rural, una fecha que se eligió con el objetivo de reconocer el papel fundamental de la mujeres en el desarrollo, la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza. 

Según la ONU, las mujeres rurales representan más de un tercio de la población mundial y suponen el 43% de la mano de obra agrícola. En España las mujeres suponen un 49,15% de la población en zonas rurales según datos oficiales. Estas mujeres ejercen un rol fundamental en el mantenimiento de las sociedades rurales, garantizan la seguridad alimentaria de sus poblaciones y ayudan en la adaptación de las comunidades al cambio climático. 

Lorea, es coordinadora de movilización de Greenpeace en Euskadi y Navarra, vive en Lesaka (Navarra) y ha querido compartir en el día de hoy esta reflexión:

“En el contexto de la crisis climática, social y de cuidados que vivimos es necesario poner la mirada en las mujeres y niñas rurales, ya que son un sector que se verá especialmente afectado por los impactos del cambio climático pero que, a su vez, pueden ser (somos) un colectivo crucial para la adaptación necesaria para afrontar la crisis climática.

Las mujeres hemos sido tradicionalmente las que hemos asumido (y esto es aún más evidente en el entorno rural) labores de cuidado, educación o administración de los recursos del hogar, tareas que, a pesar de ser cruciales para la sociedad, han sido ampliamente infravaloradas. Pero es que, además, es en el entorno rural donde generalmente el control moral, físico, social y sexual sobre las mujeres ha sido más evidente, limitando así nuestras libertades. De esta situación provienen las principales reivindicaciones de las huelgas del 8 de marzo, donde las feministas quisimos sacar a la luz esta crisis de los cuidados.

En esta ola feminista confluye ahora la ola ecologista, que reclama un cambio del sistema para poder hacer frente a la crisis climática y de biodiversidad provocada por el ser humano. A la reivindicación de la necesidad de reducir las emisiones de CO2 hay que sumarles la necesidad de la protección de la biodiversidad y el cambio del modelo alimentario. Y es en estos dos últimos puntos donde las mujeres rurales (y sobre todo las agricultoras y ganaderas) tenemos que decir y hacer. A pesar de que la titularidad de explotaciones ganaderas y agrícolas ha recaído fundamentalmente sobre los hombres, como en otros muchos aspectos, las mujeres hemos sido trabajadoras incansables (en la sombra) en huertas y caseríos. 

Es ahora, en el proceso de empoderamiento de la mujer, donde se está visibilizando mucho más el papel de la mujer en el entorno rural, y donde muchas emprendedoras están creando proyectos de futuro que buscan reforzar el entorno rural, conservar tradiciones y hacer un uso de los recursos naturales más razonable. Estas iniciativas, que a menudo están basadas en prácticas tradicionales de ganadería y agricultura, ayudan a fomentar la biodiversidad a través de una gestión sostenible del paisaje. Estas prácticas que fomentan paisajes mosaico más biodiversos y a la vez más resilientes frente a sequías o incendios, son cruciales para la adaptación frente a los efectos del cambio climático

Es por todo esto que el feminismo y el ecologismo en el entorno rural son luchas necesarias, que además confluyen. A pesar de que en un primer vistazo pueden parecer dos luchas independientes con objetivos distintos, ambas parten de un mismo origen: un sistema que explota y oprime a las mujeres al mismo tiempo que merma los recursos naturales sobreexplotando nuestro planeta.

La lucha feminista es especialmente necesaria en el entorno rural, ya que es donde tradicionalmente las mujeres más hemos visto limitadas nuestras libertades. Por otro lado en el entorno rural abundan los recursos naturales que están siendo afectados por la crisis climática y que necesitan ser protegidos.

Ambas “agresiones”, hacia las mujeres y hacia el medio rural, son consecuencia del sistema actual, que fomenta la riqueza de unos pocos, en detrimento de las libertades y derechos de las demás. El ecofeminismo busca ligar la defensa de los derechos de la mujer (y de los hombres también), luchar contra la desigualdad y además hacer esto teniendo en cuenta la protección del entorno que nos rodea y, por lo tanto, supone un modelo de transformación necesario en la crisis ambiental, social, energética y de cuidados.

El empoderamiento de la mujer rural entra de lleno en la lucha ecofeminista: fomentando iniciativas que sirvan para visibilizar a las mujeres rurales, generando oportunidades, creando una red de protección de las personas y la naturaleza, y fomentando alternativas al sistema actual.

Son cada vez más las mujeres que se convierten en líderes de la lucha en contra de la destrucción de la naturaleza, que denuncian la opresión generada por grandes corporaciones que acaban con nuestros recursos y amenazan derechos humanos y, como ejemplo, me gustaría compartir este vídeo creado por el colectivo de ganaderas en red”.

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