La proliferación de bulos está minando los fundamentos de la democracia. La ciudadanía no puede elegir a sus representantes con buen criterio si no está correctamente informada.

El medio ambiente no es ajeno a esta desinformación, a través de noticias falsas, imágenes con datos erróneos que se propagan en redes sociales o políticos que hacen declaraciones equívocas para atraer la atención.

Para conocer en detalle cómo funcionan los bulos informativos te invitamos a escuchar el capítulo de nuestro podcast "Ruido blanco" dedicado a ellos:

A continuación desmentimos algunos de los bulos medioambientales más comunes, ordenados por categorías:

Bosques

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Agricultura y alimentación

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Cambio climático

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Transporte

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Residuos e incineración

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Costas y ecosistemas

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Bosques

#1
No, cortar árboles no es negativo

No se puede demonizar la explotación forestal ni la corta de árboles. Todo depende de cómo se haga, del estado del recurso, del impacto ambiental que tenga la actividad sobre la especie o sobre el funcionamiento del ecosistema, etc.  Es fundamental una correcta gestión sostenible de los recursos forestales, lo que implica tener en cuenta la complejidad, diversidad, estabilidad e irregularidad en las edades de los árboles que lo forman.

#2
No, la reforma de la Ley de Montes no ha provocado que haya más incendios

En 2015, el Partido Popular reformó la Ley de Montes. Dicha reforma abrió en el artículo 50 una excepcionalidad a la prohibición de recalificación la superficie quemada en 30 años, una excepcionalidad no utilizada hasta la fecha y que requiere un procedimiento de declaración de utilidad pública del proyecto en cuestión que, además, debe contar con el visto bueno de los gobiernos autonómicos. Antes y después de esa reforma ha habido incendios, y el debate se sigue centrando en ella aunque no ha llegado a ser aplicada.

#3
No, Galicia y otras comunidades del norte no arden por los eucaliptos

Es fundamental que se ordenen y planifiquen los montes, que se detenga la expansión del eucalipto y que se saque de los espacios protegidos. Sin embargo, no se puede culpar a los eucaliptos de la oleada incendiaria. Es cierto que el eucalipto es más inflamable y que arde bien, pero también que no hay eucaliptos en las 60 zonas de Ourense con mayor actividad incendiaria. El monte arde no por los eucaliptos, sino por la mala gestión.

#4
No, no es necesario aumentar las penas a quienes queman el monte

Desde la reforma del Código Penal de 1995 el incendio forestal intencionados con peligro para la integridad física está castigado con penas de prisión de hasta 20 años, además del pago de los daños y perjuicios causados.

#5
No, la mayoría de los incendios no son provocados por personas pirómanas

La mayoría de incendios intencionados son producidos para quemas agrícolas y de pastos. Solo el 9,79% de los incendios están ocasionados por pirómanos, según el trabajo de la Fiscalía de Medio Ambiente recogido en el MAPAMA (2001-2010).

#6
No, tras un incendio forestal no hay que demandar su repoblación, sino proteger el suelo de la erosión y el control de las cenizas

Si queremos ayudar a la recuperación de nuestros bosques, tras un incendio es prioritario proteger el suelo y reducir los procesos erosivos. Por tanto, las primeras actuaciones de emergencia se deben centrar en frenar los procesos erosivos actuales, controlar las posibles avenidas y posteriormente favorecer la regeneración natural de la cubierta vegetal. El control de las cenizas es prioritario ya que si llueve se origina lo que ya se conoce como “chapapote de monte”.

Agricultura y alimentación

#1
Sí, podemos alimentar al mundo solo con métodos y técnicas basadas en la agroecología

La agroecología es la única solución frente a los retos a que nos enfrentamos en el presente y que muy probablemente se agravarán en el futuro, como cambio climático, aniquilación biológica, escasez y contaminación del agua. Informes recientes de distintos organismos internacionales muestran que es fundamental actuar en dos frentes para poder alimentar a todas las personas que se estima que seremos en 2050: dietas donde predominen los alimentos de origen vegetal (opcionalmente se pueden incluir en cantidades modestas alimentos de origen animal) y reducir sustancialmente el desperdicio alimentario. Si lo hacemos, la agroecología no solo podrá alimentar al mundo, lo debe hacer.

#2
No, el consumo de carne y otros derivados animales no es necesario para mantener una buena salud

Una dieta equilibrada ovo-lacto vegetariana, basada en vegetales con una ingesta moderada de huevos y productos lácteos, es el tipo de dieta basada en vegetales más común y cubre todos los requisitos nutricionales. Es segura y saludable para las mujeres embarazadas o lactantes, bebés, niños, adolescentes y personas mayores. Por otra parte, una dieta vegana planificada adecuadamente también proporciona todos los nutrientes, vitaminas, minerales y aminoácidos necesarios salvo la vitamina B12, para la que puede ser necesario un suplemento.

#3
No, un Plan Hidrológico Nacional de trasvases no garantiza agua para todos ni frenará la desertización

Una reciente sentencia del Tribunal Supremo anuló parcialmente el Plan Hidrológico del Tajo e hizo prevalecer el valor del río y sus ecosistemas para la sociedad. El río se ha deteriorado desde que el trasvase Tajo-Segura se hizo efectivo y comenzó a acaparar agua de los caudales desde la cabecera. Para que se garantice el agua, es fundamental que se pare la proliferación de pozos y regadíos ilegales, la construcción de infraestructuras desmesuradas como embalses y trasvases o la falta de control en los vertidos contaminantes a las aguas, que continúan siendo una constante en España.

#4
No, un Pacto Nacional del Agua que garantice trasvases no frenará la desertización

La desertización solo se frenará con una correcta gestión del agua y con una gestión forestal que evite la pérdida de suelo, inundaciones y grandes incendios forestales. Es fundamental paralizar la proliferación de pozos y regadíos ilegales, la construcción de infraestructuras desmesuradas como embalses y trasvases o la falta de control en los vertidos contaminantes a las aguas que continúan siendo una constante en España.

Cambio climático

#1
No, el cambio climático no es un camelo

El cambio climático es real y causado por el ser humano, pero las compañías de combustibles fósiles más grandes del mundo han tratado de desinformar sobre esta realidad y de ocultar sus causas y consecuencias. Sus tácticas engañosas se han descubierto al investigar documentos internos de las empresas y de asociaciones comerciales.

La comunidad científica viene advirtiendo desde hace décadas del grave riesgo para el clima por la continua emisión de gases invernadero. En su último informe, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC), que cuenta con 195 países miembros y recopila el trabajo de miles de científicos de todo el mundo, concluye que “la influencia humana en el sistema climático es clara, y las emisiones antropógenas recientes de gases de efecto invernadero son las más altas de la historia. Los cambios climáticos recientes han tenido impactos generalizados en los sistemas humanos y naturales que la influencia humana en el sistema climático es clara y va en aumento”.

#2
No, este cambio climático no corresponde a ningún ciclo natural

El cambio climático actual solo se explica por la acumulación artificial de gases invernadero en la atmósfera. El nivel de CO2 actual en la atmósfera es el mayor en 3 millones de años, según un reciente estudio. La temperatura global nunca ha estado en todo ese periodo más de 2º por encima del nivel preindustrial, valor que podríamos rebasar en este siglo si no limitamos las emisiones.

Energías renovables

#1
No, las energías renovables no reciben más fondos públicos

Las energías fósiles y nucleares reciben más del doble de fondos públicos​ ​que las renovables en todo el mundo. El coste de las renovables ha bajado tan rápido que fotovoltaica y eólica se están instalando en todo el mundo sin necesidad de apoyo económico alguno, ya que su electricidad es más barata que la de las energías sucias, tanto nuevas como existentes, en cada vez más casos.

#2
Sí, el sistema energético puede funcionar al 100% con renovables

Cada vez hay más lugares donde ya se hace: durante todo o casi todo el año en Costa Rica, Uruguay o Islandia, y durante cada vez más días completos en Dinamarca, Alemania o Portugal. Las redes eléctricas necesitan flexibilidad, combinando renovables, redes inteligentes, interconexiones, gestión de la demanda y almacenamiento.

#3
No, las energías renovables no son las que menos empleo generan. Crean más puestos de trabajo que todos los combustibles fósiles juntos

Las energías limpias ya emplean a nivel global a casi 10 millones de personas. El mundo está en transición hacia nuevas formas de generar y usar la energía. Los empleos en combustibles fósiles están disminuyendo y los empleos en energías renovables están aumentando.

#4
No, el autoconsumo no es un atraco al ciudadano

El autoconsumo permite a la ciudadanía aprovechar la energía solar. Es una medida de ahorro de energía que cada persona elige usar o no. En ese sentido, se trata de un avance en los derechos de la ciudadanía.

El autoconsumo está regulado por la Unión Europea por directiva a todos los estados miembros. Es un beneficio para las personas, el planeta y el sistema eléctrico, que se beneficiará de nuevos puntos distribuidos de generación de energía, consumo y almacenamiento.

En el otro lado están las grandes empresas eléctricas, que protegen sus beneficios a partir del modelo energético que ya tienen instalado, trasladando a la ciudadanía los costes.

Carbón

#1
Sí, en España sí hay carbón: 16 centrales térmicas queman carbón importado para producir electricidad

Actualmente hay 16 térmicas de carbón que producen electricidad. Todas queman carbón de importación, pues las minas españolas ya están cerradas. En 2017 fuimos el país del mundo que más aumentamos el consumo de este combustible en porcentaje. Afortunadamente, nueve de esas centrales tienen ya fecha de cierre, pero los planes del gobierno y las eléctricas no prevén el cierre de todas hasta 2030, fecha que aún no es definitiva.

#2
No, las renovables no encarecen la factura. Un modelo eléctrico basado en las renovables podría suponer un ahorro medio de un 34% en la factura energética

Lo que pagamos en la factura de la luz atiende más a decisiones políticas del diseño de la factura que a los precios de la electricidad. En Greenpeace hemos calculado que un modelo eléctrico basado en las renovables podría suponer un ahorro medio de un 34% en la factura energética. Por otro lado, ahora mismo en la factura estamos pagando millones de euros que se destinan a subvencionar las energía sucias y peligrosas de las eléctricas.

#3
No, el cierre del carbón no destruye empleos sino que los genera

Un estudio de la OIT estima que, con el cumplimiento de Acuerdo de París para 2030, se crearán 24 millones de nuevos empleos (cuatro empleos por cada empleo que se destruya en el petróleo o en el carbón). Los datos a nivel nacional hablan de 132.000 nuevos empleos en España solo con cumplir los objetivos europeos. La transición hacia un modelo energético 100% renovable es una oportunidad para alcanzar un sistema energético más justo, paritario, democrático y sostenible que ponga en el centro a las personas y el planeta.

#4
No, España no compra más energía a Marruecos por el cierre de minas y térmicas

En España no se ha cerrado aún ninguna de las 16 térmicas de carbón que existen en todo el territorio. Además, los intercambios internacionales de energía siempre han fluctuado en ambos sentidos, según el diferencial de precios. Unas veces es España la que importa electricidad de Marruecos, mientras que en otras ocasiones es Marruecos quien compra electricidad a España, tal y como queda reflejado en los informes de Red Eléctrica. Por otro lado, Marruecos tiene un plan energético en el que está apostando por las renovables mucho más rápido y con mayor ambición que España.

#5
No, 2045 no es la fecha de cierre de las centrales térmicas

Las térmicas de carbón que han solicitado su cierre es porque a partir de 2020 Europa les exige un mayor control de sus emisiones, lo que requiere inversiones de cientos de millones de euros. En 2025 la UE pondrá fin a las subvenciones al carbón, y 2030 entrarán unos nuevos límites de emisión aún más estrictos. Ninguna térmica tiene garantizado su funcionamiento por muchos años más.

#6
Sí, España está preparada para cerrar el carbón en 2025

Países con mucha más dependencia del carbón ya han puesto fecha para el cierre de sus centrales térmicas. Por ejemplo Alemania, donde el carbón emplea a más de 35.500 personas y genera cerca del 40% de su electricidad, cerrará gran parte de sus centrales en 2022, retirando de la red una potencia de más de 12 GW, y el resto progresivamente hasta 2038. En España el carbón emplea a 3.000 personas y genera entre el 15-17% de nuestra electricidad, con una potencia instalada de unos 10GW. Esto demuestra que estamos perfectamente preparados para cerrar el carbón en 2025 y que es necesario que se elabore cuanto antes un plan para un cierre justo, asumido y ordenado.

Energía nuclear

#1
No, la energía nuclear no es barata

La energía nuclear es más cara de lo que marca su precio: necesita una elevada inversión inicial del estado, y su precio no incluye los costes de la gestión de los residuos y del desmantelamiento, de los seguros de responsabilidad en caso de accidente, ni de actualización de las medidas de seguridad pueden motivar su cierre por falta de rentabilidad, a pesar incluso de tener amortizada completamente la instalación. Por último en caso de accidente nuclear los costes son incalculables.

#2
No, sin nuclear la factura no es más cara

Lo que pagamos en la factura de la luz atiende más a decisiones políticas que a los precios de la electricidad. En Greenpeace hemos calculado que un modelo eléctrico basado en las renovables podría suponer un ahorro medio de un 34% en la factura energética. Por otro lado, ahora mismo en la factura estamos pagando millones de euros que se destinan a subvencionar energías como el carbón o la nuclear.

#3
No, con el cierre nuclear no habrá más paro

El desmantelamiento nuclear generaría 100.000 puestos de trabajo. Además, el sector renovable crearía 200.000, según el estudio elaborado por la consultoría independiente Abay Analistas Económicos y Sociales. Además, implicaría un aumento del PIB de unos 20.000 millones de euros.

#4
No, si cierran las nucleares, no compraremos electricidad a Francia

Al contrario: cuantas menos renovables en España más energía nuclear compramos a Francia. Según Red Eléctrica de España el intercambio de electricidad con el país galo depende de los diferenciales de precio que se dan entre ambos sistemas. Cuando la producción renovable en España es elevada los diferenciales de precio son más bajos y hay menos intercambio, y cuando se da la indisponibilidad de las centrales nucleares francesas, aumenta la exportación de energía y hay a una mayor cuota de utilización de generación no renovable en España. Según datos oficiales en 2018, el saldo importador con Francia fue de 12.047 GWh, es decir un 4,5% de los 268.808 GWh, que es la demanda eléctrica peninsular.

#5
Sí, el suministro está garantizado aunque se cierran todas las nucleares y las térmicas de carbón a la vez en 2025

Greenpeace encargó un estudio al Instituto de Investigación Tecnológica (IIT) de la Universidad de Comillas de Madrid, en el que euedó demostrado que es viable cerrar todas las nucleares y las térmicas de carbón a la vez en 2025 con la continuidad de suministro totalmente garantizada.

#6
No, la energía nuclear no es segura

Un accidente nuclear catastrófico como los de Fukushima o Chernóbil puede producirse en algún lugar del mundo una vez cada 10 o 20 años, según el prestigioso Instituto Max Planck de Alemania. La energía nuclear es intrínsecamente insegura. Tal y como demuestra, entre otras cosas, la existencia de organismos que vigilan su seguridad, los reguladores nucleares, y que nunca han podido, ni podrán, establecer un nivel de riesgo cero a pesar del aumento del conocimiento. Este aumento de conocimiento en seguridad lo que ocasiona es un aumento del coste de la energía nuclear.

#8
No, el accidente de Fukushima no lo causó un terremoto, sino los errores del Gobierno japonés

Así corroboró  el informe encargado por el Parlamento de Japón a expertos independientes, que describe como “un desastre de origen humano”.

#9
Sí, la energía nuclear sí produce gases de efecto invernadero

Considerando el ciclo completo de la nuclear y las renovables, la energía nuclear emite más CO2 que cualquiera de las energías renovables por cada kWh producido. Esto se debe a que en todas las etapas del ciclo nuclear (la minería del uranio, la fabricación del concentrado, el enriquecimiento, la fabricación del combustible, la construcción de las centrales nucleares, su mantenimiento y posterior desmantelamiento, la gestión de los residuos radiactivos, etc.) se consumen grandes cantidades de combustibles fósiles.

Transporte

#1
No, la contaminación en las ciudades no proviene de las calefacciones sino del transporte

Aunque las calefacciones son culpables de parte de la contaminación atmosférica, el grueso de la contaminación en las ciudades proviene del transporte por carretera, especialmente en lo referente a partículas y óxidos de nitrógeno (NOx) que son los que afectan a la salud pública.

Según el Inventario de Emisiones de la Comunidad de Madrid (2016) casi ⅔ de las emisiones de NOx proceden del transporte por carretera, mientras que la “combustión no industrial” (que abarca las calefacciones pero también otros procesos, como calentadores o grupos electrógenos) es del 18%.

#2
No, los autobuses no contaminan más que los coches

Si comparamos un autobús con un coche, el primero contamina más porque pesa más y es más grande. Pero mientras que un automóvil mueve de media 1,2 viajeros, los autobuses pueden trasladar hasta 120 viajeros, por lo que la emisión por persona es menor.

En la ciudad de Madrid hay 2.000 autobuses que mueven más de un millón y medio de personas al día, los mismos que se mueven en coche, pero generando sólo el 2,8% de la contaminación por NO2 de la ciudad.

#3
No, las restricciones al tráfico no afectan más a la gente pobre

Podríamos pensar que al limitar los vehículos más contaminantes, la gente con mayor poder adquisitivo siempre tendrá más fácil comprar coches más nuevos que eviten las restricciones. Comprar coches más limpios, instalar placas solares, aislar mejor tu vivienda o incluso comprar alimentos ecológicos son decisiones que suponen un gasto adicional, más fácil de afrontar para las rentas altas.

Sin embargo, según los datos socioeconómicos por barrios, no se observa una correlación entre rentas bajas y coches más antiguos. Factores como la edad del propietario o la gama del coche (hay coches nuevos baratos y viejos caros) resultan más influyentes.

#4
No, los coches eléctricos no emiten más CO2 que los diésel

Este bulo hace referencia a un estudio con datos sesgados para el motor de combustión. Por ejemplo, no considera las emisiones reales de los motores diésel (test WLTP), sino los datos de laboratorio, que son inferiores a los reales. Por otra parte, respecto a los motores eléctricos minusvalora la vida útil de sus baterías utilizando estudios antiguos ya refutados. Diversas fuentes científicas ya han demostrado la invalidez este informe, como este investigador de la Universidad de Tecnología de Eindhoven.

#5
No, la contaminación no ha subido en los barrios contiguos a Madrid Central

Madrid Central es la zona de bajas emisiones impulsada en la capital desde noviembre de 2018. Es engañoso decir que la contaminación ha subido fuera de ella respecto a años anteriores, ya que lo ha hecho en general en toda la región debido a la meterología especialmente desfavorable del primer trimestre de 2019, sin apenas precipitaciones. En el mismo periodo la contaminación en otros municipios como Leganés o Valdemoro (donde Madrid Central no tiene efecto) ha subido más del doble que en los barrios contiguos a Madrid Central, lo que demuestra la falsedad de este supuesto “efecto frontera”.

Residuos e incineración

#1
No, la incineración no es un sistema de generación de energía eficaz

Actualmente, el valor calorífico de los residuos sólidos urbanos (RSU) se debe en gran medida a los plásticos, o en menor grado, al papel y a la madera, todos fácilmente recuperables y reciclables. El potencial de ahorro de energía del reciclaje de los RSU en España es muy superior al potencial de obtención de energía mediante incineración. Además, estas instalaciones emiten a la atmósfera sustancias químicas persistentes, tóxicas y bioacumulativas, como las dioxinas y los furanos. Las incineradoras generan enormes cantidades de escorias y cenizas volantes (al menos el 22,5% en peso de los residuos quemados, según los datos más conservadores), estas últimas pueden contaminar el entorno y deberían ser tratadas como residuos peligrosos. Por tanto, la incineración de residuos urbanos no puede considerarse como una fuente renovable y limpia de energía: es ineficiente en comparación con una adecuada política de reciclaje de materiales.

#2
Sí, existen riesgos sanitarios para las poblaciones que viven cerca de las plantas incineradoras

En las emisiones de las plantas incineradoras de residuos sólidos urbanos (RSU) se han identificado una gran cantidad de elementos tóxicos y peligrosos para la salud. Por sus chimeneas se emiten dioxinas, metales pesados (cadmio, mercurio, plomo…), compuestos orgánicos volátiles (tolueno, diclorobenceno, hexaclorobenceno y otras 186 sustancias más), además, de partículas finas y ultrafinas, NOx y CO2. La mayor parte de estas sustancias son nocivas para la salud: provocan enfermedades como el cáncer, afectan al sistema inmune, respiratorio, reproductivo al desarrollo hormonal femenino y masculino y al sistema nervioso, entre otros. Esto también repercute también en el medio ambiente y parte de estos elementos tóxicos son asimilados por la flora y fauna, que posteriormente pueden ser ingeridos por los seres humanos como último eslabón de la cadena trófica.

#3
No, la bolsas biodegradables no son la solución al plástico

Las bolsas llamadas “biodegradables” son una falsa solución, ya que no se degradan en los océanos, al no tener estos las condiciones necesarias. Ocurre lo mismo con otros productos “biodegradables” como vasos, recipientes o cubiertos.

Costas y ecosistemas

#1
No, la recarga artificial de arena no sirve para conservar las playas y luchar contra la subida del nivel del mar

La erosión que sufren muchas playas se debe en gran parte a las construcciones humanas, tanto marinas como terrestres. Los diques y puertos alteran la dinámica de deposición de arena en las playas y la urbanización masiva y las presas de los ríos frenan el aporte de áridos desde el continente. La recarga artificial de arena no es una solución duradera porque la pérdida de arena continúa, además de suponer el expolio de la arena del lugar de origen.

La solución pasa por conservar los ecosistemas costeros, con vegetación litoral y submarina, son capaces de mantener una playa con un aporte de áridos que compense su pérdida.

#2
No, los objetos tirados por el retrete no llegan a la depuradora

Todos los objetos artificiales que se tiren por el retrete (toallitas, bastoncillos, compresas, preservativos, etc.) atascan las conducciones antes de llegar a la planta de tratamiento. Las consecuencias de desechar dichos objetos por el váter son millones de euros de dinero público invertido en desatascar. Para evitarlo debemos gestionar adecuadamente los residuos en casa, y es fundamental que los fabricantes no utilicen información falsa y perjudicial para el medio ambiente en sus estrategias de marketing, como es el caso de Mercadona, que utiliza reclamos como “Papel higiénico húmedo” o “Desechable por el WC”.

#3
No, la contaminación no se autodepura en el mar, se acumula

Los de vertidos de aguas residuales urbanas a la costa no difunden hacia mar abierto porque las mareas los empujan hacia la tierra. Por lo tanto no disponemos de mar infinito para contaminar, la contaminación se acumula en la zona más utilizada por el ser humano. Además, el vertido no se diluye tan fácilmente en el agua marina porque tiene características físico-químicas diferentes que impiden su mezcla. Cuando por fin el vertido “desaparece” en realidad lo que ocurre es que se incorpora a la cadena trófica. Muchos contaminantes además tienen capacidad de bioacumulación, esto es, aumenta su concentración en los tejidos de los organismos que se encuentran arriba de la cadena trófica, como es precisamente los peces que más consumimos, como el atún. Por lo tanto, lo que vertemos al mar no desaparece, sino que permanece, suponiendo un riesgo para los ecosistemas marinos y la salud pública.

#4
No, la tecnología no resolverá todos los problemas ambientales

Los bienes y servicios ambientales que proporcionan los ecosistemas a la sociedad son imprescindibles para la vida humana, y las soluciones tecnológicas no podrán sustituirlos. Por ello necesitamos conservarlos. Un mismo ecosistema aporta una diversidad de bienes y servicios ambientales que al destruirlos se generan problemas o deficiencias, las cuales se intentan paliar con soluciones de ingeniería o tecnológicas, pero estas no aportan la misma diversidad de funciones que aportaban los ecosistemas. Siempre hay una pérdida.