Seguir el rastro del petróleo: La lógica detrás del primer año de Trump, el caos en la política exterior
Parece una década… Pero, aunque cueste creerlo, Donald Trump apenas ha cumplido un año en la Casa Blanca.
Desde la intervención en Venezuela hasta las amenazas contra Groenlandia, desde los aranceles comerciales contra aliados hasta las cartas inconexas a otros jefes de Estado, la lista es extraordinaria y creciente. Una vez que la cabeza deja de darte vueltas ante el diluvio diario de ridiculeces, puedes dar un paso atrás y darte cuenta del hilo conductor en toda la locura si sigues el dinero y los intereses detrás de la retórica de Trump.
Mientras muchos disfrutaban de las consecuencias de las celebraciones del nuevo año, las fuerzas estadounidenses caían sobre Venezuela para secuestrar a su presidente, pero dejando su régimen prácticamente intacto.
Aunque el gobierno estadounidense habló inicialmente de frenar el tráfico de drogas hacia Estados Unidos como justificación, esta fachada se derrumbó pronto cuando Trump declaró que se hacía con el control sobre los recursos, y en particular sobre el petróleo.

© Markus Mauthe / Greenpeace
«Las grandes petroleras invertirán al menos 100.000 millones de dólares», declaró Trump antes de una reunión en la Casa Blanca con representantes de las principales corporaciones de petróleo y gas.
Trump añadió que Estados Unidos y Venezuela estaban «colaborando eficazmente» para reconstruir la deteriorada infraestructura de petróleo y gas de Venezuela.
A pesar de proclamar «EE UU primero», las acciones de Trump revelan su intención de anteponer la riqueza y el poder de un pequeño grupo de intereses en los combustibles fósiles y las élites ultrarricas al bienestar de la ciudadanía estadounidense, la soberanía y el futuro de los pueblos de los países donde se entromete.
Se trata de quién controla los recursos, quién se beneficia de ellos y quién paga las consecuencias.

© Amber Bracken / Greenpeace
Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo y ha sido durante mucho tiempo objeto de presión externa, sanciones e interferencia geopolítica. La medida de Trump es la última intervención en una larga serie de intromisiones estratégicas.
La administración Trump ha intentado presentar la medida como un refuerzo de la seguridad energética de EE UU y un debilitamiento de sus rivales, pero la realidad es muy diferente.
Es poco probable que los hogares estadounidenses experimenten un alivio en su gasto de combustible gracias a estas intervenciones. En 2025, los mercados mundiales de crudo ya presentaban un excedente de oferta sobre la demanda, lo que significa que los precios del petróleo eran bajos a pesar de la falta de producción en Venezuela.
Incluso las estimaciones más conservadoras sugieren que la industria petrolera venezolana requiere una inversión de más de 100.000 millones de dólares solo para volver a los niveles de hace décadas.
En el Estados Unidos de Trump, es probable que los contribuyentes carguen con estos costes, ya que Trump los socializa para subsidiar las empresas privadas de sus donantes y simpatizantes.
Los combustibles fósiles están obsoletos
Canalizar miles de millones de dólares a la infraestructura de combustibles fósiles profundizará la dependencia global del petróleo y el gas, que impulsa la crisis climática y la pérdida de biodiversidad, incluso cuando la ciencia nos dice que no hay espacio en un futuro seguro para el desarrollo de nuevos combustibles fósiles.
Los costes humanos de una política exterior centrada en los recursos son profundos. Las soluciones militares vinculadas al control de los recursos son fundamentalmente incompatibles con el derecho internacional, los derechos humanos y la justicia climática.
Personas de todo el mundo ya están pagando el precio de las decisiones tomadas en salas de juntas y cargos políticos lejos de sus comunidades.
Pero mientras Trump presiona por el control del petróleo de Venezuela, otros trabajan hacia una visión alternativa: un mundo que vaya más allá de los combustibles fósiles en lugar de luchar por ellos.
La respuesta es el abandono de los combustibles fósiles y la implementación de las renovables
En abril, Colombia será sede de la Primera Conferencia Internacional sobre la Transición Justa hacia el Abandono de los Combustibles Fósiles, coorganizada con los Países Bajos, que reunirá a gobiernos, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y defensores del clima para trazar una transición justa hacia el abandono del petróleo, el gas y el carbón. La conferencia no se centra en quién controla las reservas de petróleo, sino en quién define nuestro futuro.

© Amber Bracken / Greenpeace
La era de los combustibles fósiles debe terminar si queremos evitar los impactos más catastróficos de la crisis climática.
Lo que estamos presenciando no es un caos aleatorio.
Es un choque entre dos visiones muy diferentes del futuro. Uno anclado en antiguas estructuras de poder basadas en el dominio de los combustibles fósiles, y el otro arraigado en la justicia climática y la energía sostenible para todos.
Las personas y el planeta merecen una política exterior que refleje sus intereses, la paz, la seguridad, la estabilidad económica y un clima estable.
Reclamar la brújula moral: un llamamiento a líderes valientes
John Noel es estratega político de Greenpeace Internacional.
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