Entrada de blog por Mónica Parrilla de Diego - 28-08-2026


LA FAUNA, LA GRAN OLVIDADA EN LOS INCENDIOS FORESTALES.

Cuando hay un incendio, la prioridad de los servicios de extinción son la salvaguarda de la vida de las personas, lo segundo la infraestructuras y las casas (vacías) y por último lugar el medio natural. De esta manera se suele contabilizar las pérdidas en hectáreas quemadas, pérdidas económicas o infraestructuras destruidas. Y por supuesto personas fallecidas y heridas.  Pero es mucho más. Los incendios forestales destruyen mucho más que lo que tenemos a simple vista, alteran profundamente los ecosistemas, afectando al suelo, al agua y por supuesto son un vector directo de  destrucción del hábitat de fauna y flora, incluyendo esto a especies emblemáticas.

2026, está siendo un año terrible que acumula récord tras récord el mayor incendio de la historia de España, récords en comunidades autónomas, más mortífero, más desalojados, etc y que lejos de récords, evidencian la evolución de los incendios a episodios de altísima gravedad que afectan  también claramente a la fauna. 

En los gravísimos incendios de 2025, un total de 171 especies vieron afectadas sus áreas de distribución, incluyendo especies en peligro como el urogallo cantábrico, el águila imperial ibérica o el buitre negro. Los incendios destruyeron zonas de cría y alimentación esenciales, comprometiendo la viabilidad futura de determinadas poblaciones. Fuente.

©Tatavasco_SEOBirdLife

¿Y cómo te preocupas de los animales con la que está cayendo? Hablar de fauna, no se trata de ser “especialmente sensible a los animales”, o de proteger a animales concretos, se trata de entender su importancia. Y también de ética. En ese sentido, me parece interesante rescatar un concepto de la conservación “las especies paraguas”. Significa que son especies que al proteger sus territorios, lugares de reproducción, alimentación y refugio, se protege indirectamente a muchas otras especies que comparten ese mismo hábitat. 

Por eso, el impacto de los incendios no puede medirse únicamente por el número de hectáreas quemadas, es necesario conocer las consecuencias en la fauna  e incorporar la recuperación de las poblaciones de fauna, sus hábitats y sus procesos ecológicos. 

Tres ejemplos de especies paraguas. Oso pardo (Ursus arctos sp), urogallo cantábrico (Tetrao urogallus) y desmán ibérico (Galemys pyrenaicus).

Los incendios de 2025 afectaron al 25% del área ocupada por el oso pardo en la cordillera Cantábrica y hasta al 58% de su reciente área de expansión en León, Zamora y Ourense. 

El urogallo cantábrico, una de las especies más amenazadas de España, vio arder entre el 8% y el 15% de su escaso territorio. Su situación es especialmente delicada: hoy apenas sobreviven entre 120 y 190 ejemplares, después de que la población haya caído cerca de un 90% desde finales de los años 70. Fuente.

No es de extrañar que el desmán ibérico, el pasado 22 de mayo entrase en la categoría “en peligro” en la Lista Roja Nacional de especies amenazadas. Los incendios afectaron al 17% de las subcuencas fluviales ocupadas y al 13% de los kilómetros de río donde estaba presente. Las cenizas y sedimentos degradan gravemente la calidad del agua y la disponibilidad de alimento. Se estima que las poblaciones de este pequeño y desconocido mamífero se han reducido hasta en un 75% tras los grandes incendios. 

Foto cedida por BIOSFERA Consultoría Medioambiental S.L

Este pequeño snorkel es especialmente importante para la conservación de los ecosistemas fluviales de montaña. Es muy exigente con la calidad del agua y disponibilidad de refugios, lo que hace que su protección beneficie a muchas otras especies acuáticas y ribereñas. 

Tras las llamas, llega la siguiente amenaza: las decisiones que se toman

Tras un incendio forestal, es fundamental reducir al máximo las perturbaciones sobre la fauna superviviente, limitando actividades como la caza o el sobrepastoreo, no solo en las zonas quemadas, sino también en las áreas limítrofes donde se refugian y concentran miles de animales desplazados por las llamas. La propia Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y Biodiversidad, en su artículo 65, permite establecer moratorias temporales o prohibiciones especiales de caza por razones biológicas o sanitarias.

Nada que ver con las decisiones que se tomaron en 2025 y que advertimos en nuestro informe Grandes incendios forestales en España: qué ocurrió en 2025 y qué debe cambiar y las que vemos llegar en este año 2026. Ponemos como ejemplo las 3 comunidades autónomas más afectadas por los incendios en 2025.

En Castilla y León, la normativa establece la suspensión de los aprovechamientos cinegéticos durante cinco años en terrenos incendiados, sin embargo sólo siete meses después de los grandes incendios de 2025 se autorizó en León el levantamiento de esta suspensión en determinadas zonas. Y vamos a peor.

El 31 de julio de 2026, la Consejería de Agricultura, ganadería, medio rural y política forestal tomó como primera medida el “aprovechamiento de las especies de caza mayor en los terrenos afectados por los incendios”. El 6 de agosto, se reunió con  la Federación de caza y apostó por “una caza frente a prohibiciones».

Galicia en 2025, pese a la prohibición de cazar durante tres años en terrenos quemados, la Xunta rechazó ampliar las restricciones a las zonas limítrofes no quemadas, a pesar de que estaban funcionando como refugio y área de alimentación para la fauna desplazada.

En Extremadura se reclamó suspender la actividad cinegética durante al menos un año en las zonas afectadas por los grandes incendios, apelando a la necesidad de proteger a unas poblaciones ya debilitadas y a evitar situaciones en las que los animales quedan concentrados o con menor capacidad de defensa. Sin embargo, la Junta mantuvo los aprovechamientos cinegéticos y contempló ayudas para los cotos afectados. 

Qué pedimos

1. Cumplimiento de la normativa para la protección inmediata de la fauna

Lo primero de todo es que se cumpla la normativa que, como hemos visto, ya contempla restricciones a la caza e incluso la posibilidad de establecer moratorias temporales por razones biológicas y de conservación. Es fundamental garantizar la protección de los animales que han conseguido sobrevivir a los incendios y evitar que nuevas actividades o aprovechamientos añadan presión sobre poblaciones y hábitats ya gravemente dañados.

2. Que la fauna entre en el dispositivo de emergencia

Los planes y operativos de incendios deben incorporar protocolos específicos de rescate y atención de fauna silvestre durante la emergencia, con participación de personal especializado y criterios claros para localizar, atender y trasladar animales heridos o en situación de riesgo. También en las medidas para controlar procesos erosivos y arrastre de cenizas. Por ejemplo para proteger las poblaciones de desmán porque la erosión y el arrastre de cenizas y sedimentos pueden deteriorar gravemente los cursos de agua donde vive.

3. Un plan de emergencia para la fauna superviviente

En estos días, estamos viendo muchas iniciativas de personas que se están organizando para proveer de alimentos y agua a la fauna superviviente. Algo necesario, y en lo que la ciudadanía es clave, pero que también tiene actuaciones limitadas por su propia seguridad y porque es importante no acceder a los terrenos quemados. Por ello, las administraciones deben ser las que evalúen inmediatamente la disponibilidad de agua, alimento y refugio para los animales supervivientes. También deben protegerse especialmente las zonas no quemadas que estén funcionando como refugio para la fauna desplazada por las llamas.

4. Evaluación del impacto sobre la fauna

La evaluación de un incendio no puede limitarse a contabilizar hectáreas quemadas. Debe incluir la mortalidad directa e indirecta, la pérdida y fragmentación de hábitats, la afección a zonas de reproducción, alimentación y refugio y el impacto sobre especies protegidas y amenazadas. Se necesita inversión para realizar estos estudios.

5. Restaurar el ecosistema, no simplemente retirar lo quemado

La retirada o saca de la madera quemada o muerta tras los incendios forestales es una práctica habitual generalmente justificada por motivos de seguridad, aprovechamiento económico, reducción de biomasa y prevención de plagas forestales en plantaciones destinadas al aprovechamiento forestal. Sin embargo, la medida no está exenta de polémica y debate científico. No debe retirarse la madera quemada de forma indiscriminada. Cada actuación debe estar precedida de una evaluación que determine qué debe retirarse, qué debe permanecer y dónde la prioridad debe ser proteger el suelo, evitar la erosión y conservar refugios y recursos para la fauna.

6. Facilitar la recuperación de la fauna y sus hábitats

La restauración debe contemplar también la construcción o recuperación de infraestructuras y elementos que favorezcan la fauna silvestre, como puntos de agua, refugios, pasos de fauna, corredores ecológicos o zonas de reproducción, siempre con criterios técnicos y adaptados a las necesidades de cada especie.

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