La crisis climática no es neutral: golpea más fuerte a quienes menos tienen y se sostiene sobre el trabajo invisible de quienes cuidan. Las mujeres no son más vulnerables por naturaleza, sino que el sistema las expone más a los impactos de la crisis climática. Sin embargo, cuando participan en la toma de decisiones climáticas, las comunidades responden mejor y de forma más sostenible. Porque poner la vida y los cuidados en el centro es la mejor manera de afrontar la crisis ecológica.
¿Qué es el ecofeminismo y por qué nos incumbe?
El ecofeminismo es una corriente de pensamiento y movimiento social que relaciona la defensa del medio ambiente con la lucha por la igualdad de las mujeres.
El modelo económico actual funciona como una empresa que solo anota lo que vende, pero nunca lo que gasta. El sistema no genera riqueza de la nada: la extrae robándole salud al planeta y vida a las personas, especialmente a las mujeres.
La realidad en datos:
- En el hogar: el frío tiene rostro de mujer. El 35,9 % de las madres solas en España no pueden calentar su casa en invierno.
- En la seguridad: la violencia machista aumenta un 28 % durante las olas de calor. El caos climático exacerba las violencias más profundas.
- En el tiempo: el sistema sobrevive gracias a un trabajo invisible que nadie paga. Las mujeres dedican el doble de tiempo que los hombres a los cuidados.
Un ejemplo real y cotidiano
Una camiseta de 5 € solo es rentable porque el sistema no paga la factura real: la de contaminar ríos gratis y la de explotar el tiempo invisible de muchas mujeres para su fabricación.
El ecofeminismo revela que la explotación de la naturaleza y de los cuidados nace de la misma lógica: tratar la vida como un recurso gratuito e infinito.
No hay justicia ambiental sin justicia social, porque la destrucción del medioambiente aumenta directamente todas las desigualdades. El ecofeminismo dice que no puedes arreglar uno sin arreglar el otro, porque el problema es el mismo: creer que podemos usar la vida, de las mujeres o del planeta, sin cuidarla.
Ni nuestros cuerpos ni la tierra son territorios de conquista. Es hora de poner la vida en el centro y de preguntarnos qué necesitamos realmente para vivir bien, y construir un mundo que lo haga posible.
Pasa de la preocupación a la acción. Únete al voluntariado de Greenpeace y forma parte de quienes ya están defendiendo la vida y el planeta.
Del discurso a la acción: ejemplos reales de ecofeminismo
En muchos lugares del mundo, esta forma de mirar ya se está convirtiendo en acción.
Cuando Berta Cáceres defendía su territorio frente a intereses económicos, no estaba hablando de ecofeminismo en abstracto. Estaba protegiendo un río, una comunidad y una forma de vida.
Cuando miles de mujeres en Kenia plantan árboles para recuperar sus tierras y sostener a sus familias, tampoco están siguiendo una teoría. Están construyendo el futuro.
Y más cerca de lo que parece, cuando te organizas con tu red vecinal para cuidar a las personas más vulnerables durante una dana, ahí también hay ecofeminismo. No siempre se llama así. Pero ocurre cada día.
En muchos territorios, comunidades enteras están defendiendo la vida frente a modelos que la ponen en riesgo. Mujeres que protegen sus tierras, colectivos que luchan por una movilidad más justa, redes que sostienen cuidados donde el sistema no llega.
Son ejemplos de ecofeminismo en acción. Y demuestran algo fundamental: otras formas de vivir no solo son necesarias, también son posibles.
Nuestro manifiesto: tres pilares para la “buena vida”
🍀 Somos ecodependientes e interdependientes
Dependemos del agua limpia, del aire puro y de los vínculos con nuestras vecinas. Frente a desastres como las danas o las olas de calor, lo que nos salva en los primeros momentos cruciales no es el dinero, sino la red comunitaria. Reconocer nuestra vulnerabilidad es nuestra mayor fuerza.
🍀 La sostenibilidad de la vida
Basta de medir el éxito de un país por el PIB mientras se destruyen los ecosistemas. Queremos medir el éxito por la salud de nuestros mayores, la alegría de nuestra infancia y el acceso a una alimentación sana. Poner los cuidados en el centro es la única política económica con sentido en un planeta con límites.
🍀 Justicia y responsabilidad histórica
No todos los países ni todas las personas han contribuido igual al caos climático. Denunciamos la deuda ecológica del norte global con el sur y trabajamos por una redistribución justa de los recursos. Quien más destruye, más debe reparar.
En Greenpeace construimos ecotopías
Greenpeace no solo denuncia; acompaña y construye alternativas junto a miles de mujeres.
🍀 Defendemos a las defensoras: apoyamos la lucha de mujeres que, como Berta Cáceres, se juegan la vida por proteger sus territorios de la industria extractiva.
🍀 Movilidad para todas: trabajamos por ciudades donde el transporte público sea un derecho, no un lujo.
🍀 Construimos ecotopías: a través de nuestra novela gráfica Ecotopías y nuestra presencia en festivales de cine, estamos hackeando la industria cultural para demostrar que un futuro justo para todas las personas y el planeta es posible y, sobre todo, deseable.
🍀 Formación y empoderamiento: en 2025, junto a Roots, reunimos a 100 activistas en Colombia para tejer redes ecofeministas globales. La Escuela de Activismo de Greenpeace es el espacio donde estas herramientas se vuelven vuestras.
¿Quieres ser parte del cambio real? Apúntate a nuestra Escuela de Activismo
Cuando el ecofeminismo transforma un barrio
Hace seis años, Sara y Nicoletta se conocieron en el grupo de voluntariado de Greenpeace en Almería. Compartían una idea sencilla: las calles deberían estar pensadas para las personas, no para los coches.
Junto a vecinas, familias y centros educativos impulsaron el proyecto Nueva Andalucía Barrio Amable. Empezaron recuperando una calle para el juego, el encuentro y la vida comunitaria. Lo que comenzó como una acción puntual acabó movilizando a más de 1.000 personas y generando cambios reales en el barrio.
Hoy, varios centros educativos abren sus patios los fines de semana y el vecindario sigue trabajando para ganar más espacio para las personas.
Porque el ecofeminismo también consiste en esto: construir ciudades que cuiden de quienes las habitan, donde la infancia, la salud y las relaciones comunitarias tengan más peso que el tráfico y la velocidad.
Las transformaciones de las que hablamos no suceden únicamente en las instituciones o en las grandes cumbres climáticas. También ocurren en barrios, escuelas, plazas y comunidades cuando alguien decide que las cosas podrían funcionar de otra manera y se organiza con otras personas para intentarlo.
El ecofeminismo se construye así: imaginando alternativas, poniéndolas a prueba y aprendiendo colectivamente.
Si te interesa participar en iniciativas que conectan justicia climática, cuidados y comunidad, puedes conocer el voluntariado de Greenpeace.
Y aquí es donde entras tú
El ecofeminismo no necesita expertas. Necesita personas que quieran implicarse. Cada paso cuenta, y ninguno es pequeño.
¿Cómo quieres empezar?
Firma nuestra petición por una vivienda digna
Firma por transporte público digno, vivas donde vivas
Involúcrate
Entra en nuestra Escuela de Activismo y sé parte del cambio
Únete al voluntariado de Greenpeace
Apoya nuestro trabajo