Entrada de blog por Greenpeace España - 30-10-2026


Proteger la biodiversidad es proteger la vida

El agua que bebemos, los alimentos que comemos y nuestra salud, en general, dependen de la biodiversidad. También la capacidad de los ecosistemas para regular el clima y protegernos frente a los desastres naturales. Sin embargo, esta dependencia no se prioriza en las decisiones políticas ni en el destino del dinero público. La ciencia es clara: la sexta extinción masiva está ya en marcha, impulsada por la actividad humana. Proteger y restaurar la biodiversidad es clave si queremos habitar este planeta.

La COP17 de Biodiversidad, que ha tenido lugar en Armenia, arrancó con una pregunta pendiente: ¿cómo conseguir que los acuerdos internacionales se traduzcan en protección real? La cita marca un momento decisivo para revisar los avances del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, acordado en 2022, que incluye el objetivo de proteger y conservar al menos el 30 % de la superficie terrestre y marina para 2030.

Para Mónica Parrilla de Diego, responsable de la campaña de incendios forestales del Área de Biodiversidad de Greenpeace, hace falta un compromiso claro que se traduzca en una financiación estable y medidas claras que aseguren el cumplimiento del marco que proteja la biodiversidad. Y también cambiar el destino de las ayudas que siguen favoreciendo actividades perjudiciales para la naturaleza.

Se habla mucho de las cumbres del clima, pero menos de las de biodiversidad. ¿Qué diferencia hay y por qué es importante esta COP17?

Son cumbres independientes, pero sus objetivos están entrelazados. La más conocida es la COP del Clima, que se celebra cada año. La COP de Biodiversidad está dedicada al Convenio sobre la Diversidad Biológica y se celebra cada dos años.

Esta edición es muy importante porque marca el punto medio de la aplicación de los objetivos para 2030 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, acordados hace cuatro años. La realidad es que se ha avanzado muy lentamente y la crisis de biodiversidad sigue siendo una asignatura pendiente.

Nuestra vida depende de ella. Es urgente alcanzar el objetivo de proteger y conservar al menos el 30 % de la superficie terrestre y marina para 2030. Los gobiernos deben cerrar la distancia entre los compromisos y su aplicación, situando los derechos humanos en el centro de las actuaciones de conservación.

© Marie Jacquemin / Greenpeace

¿Dónde se ve con más claridad esa distancia entre lo que se acuerda y lo que se hace?

En la financiación. No se ha cumplido el compromiso de los países ricos de movilizar 20.000 millones de dólares anuales para 2025.

Una de las principales vías para cerrar el déficit de financiación de la biodiversidad es reorientar las subvenciones que reciben las actividades que destruyen la naturaleza y aplicar eficazmente el principio de que quien contamina paga en el diseño de los impuestos.

También reclamamos cancelar la deuda soberana de los países con niveles de endeudamiento insostenibles. Eso ampliaría su capacidad para proteger los ecosistemas y permitiría abandonar modelos económicos basados en extraer recursos naturales para pagar esa deuda.

¿Qué tendría que salir de Armenia para que pudiéramos hablar de un buen resultado?

Medidas concretas que aceleren el cumplimiento de los objetivos mundiales de biodiversidad para 2030 y permitan cerrar la brecha de financiación, garantizando los recursos públicos necesarios y eliminando las subvenciones perjudiciales para la naturaleza.

También debería asegurarse que el objetivo de proteger el 30 % de la tierra y el mar se traduzca en una conservación efectiva y una restauración de calidad. Eso exige respetar los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales y proteger a las personas defensoras del medioambiente.

Además, es fundamental coordinar las políticas de biodiversidad y clima, frenar la deforestación y la degradación de los bosques y garantizar que los compromisos internacionales se traduzcan en acciones reales, con responsabilidades claras y resultados verificables.

© Marie Jacquemin / Greenpeace

¿Qué avances hacen falta para proteger los océanos?

La cumbre evalúa con gran preocupación el evidente retraso en la protección de los ecosistemas marinos bajo la meta 30×30, que se están quedando muy atrás respecto al avance en la superficie terrestre, con apenas un 12 % de protección prevista para el final de la década.

Es necesario impulsar la ratificación del Tratado Global de los Océanos para crear santuarios en aguas internacionales y asegurar la financiación y la transferencia tecnológica necesarias para que las áreas protegidas no existan solo sobre el papel.

También exigimos eliminar o reformar las subvenciones pesqueras perjudiciales que incentivan la sobreexplotación industrial y la destrucción de los hábitats marinos. Esos recursos deberían destinarse a la protección y a la pesca artesanal de bajo impacto ambiental y alto valor social.

Cuando se declara protegido un espacio natural, ¿qué debería cambiar para que esa protección sea real?

Lo primero es reducir la presión sobre los ecosistemas y garantizar el cumplimiento de la normativa. Deben existir planes de gestión y vigilancia ambiental, con fondos que permitan aplicarlos.

También hacen falta sistemas de seguimiento transparentes para evaluar los avances y ajustar las actuaciones cuando sea necesario. No basta con anunciar compromisos: hay que identificar y poner en marcha las medidas que permitan cumplirlos.

Para quien percibe estas cumbres como algo lejano, ¿cómo conecta lo que se decide en Armenia con su vida cotidiana?

La biodiversidad es la base de la supervivencia humana y resulta esencial para nuestra salud, economía, alimentación y protección frente a los desastres naturales. No se trata solo de proteger a las especies más emblemáticas: sostiene el funcionamiento de los ecosistemas de los que dependemos.

Los bosques y los mares albergan biodiversidad y regulan el clima y los ciclos del agua. Su destrucción agrava la crisis climática y aumenta nuestra vulnerabilidad, mientras que su conservación contribuye a proteger los medios de vida y la estabilidad del planeta.

Por eso, proteger la biodiversidad no es un lujo ni una opción: es proteger las condiciones que hacen posible la vida.

© Marie Jacquemin / Greenpeace

¿Qué le está pidiendo Greenpeace a España?

Reconocemos el compromiso del Gobierno español con el Marco Mundial de Biodiversidad, pero hace falta una mejor coordinación, una mejor coordinación entre los ministerios implicados y un mejor seguimiento de la aplicación de las medidas y de los avances.

Además es fundamental que el Gobierno elimine los incentivos y las subvenciones perjudiciales para la biodiversidad para redirigir ese dinero hacia la protección y la restauración.

Ante la repetición de promesas e incumplimientos, ¿por qué hay que seguir presionando?

Porque no nos queda otra.

Es urgente actuar sobre las causas de su pérdida, aprobar medidas concretas que aceleren el cumplimiento de los objetivos para 2030 y garantizar los recursos públicos necesarios. Una parte fundamental será redirigir los recursos destinados a destruir la naturaleza hacia su protección y restauración. Nos va la vida en ello.

 

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