Entrada de blog por Carlos Garcia Paret - 30-04-2026


Trabajo digno en un planeta habitable

El 1 de mayo es la fecha para reivindicar el papel del movimiento sindical en la conquista de derechos laborales. Y pese a los avances, a las viejas amenazas contra los derechos laborales, se suman otras nuevas como el poder de los gigantes tecnológicos, la crisis de desigualdad y del coste de la vida, y el cambio climático. Solo en relación a esto último, se estima que más de 2.400 millones de personas trabajadoras en el mundo están expuestas a calor excesivo, provocando más de 22 millones de lesiones al año. En un balance general, asistimos a una creciente concentración de riqueza y poder en pocas manos, al deterioro de las condiciones materiales y del planeta, y a la normalización de abusos económicos sobre las personas que de verdad madrugan cada día y luchan por vivir con dignidad.

A río revuelto, ganancia de superricos

Los ultrarricos han duplicado su patrimonio desde la pandemia y su influencia en las esferas del poder es cada vez más obscena, como fue el caso de la elección de Donald Trump en Estados Unidos. El que Elon Musk se consolide como el primer “trillonario” de la historia simboliza claramente un sistema en el que la acumulación extrema de unos pocos implica la asfixia económica de la mayoría. Tras apoyar a Trump, Musk empuñó la motosierra e impulsó recortes, despidió a trabajadores y consolidó un modelo de deterioro de los servicios públicos mientras conseguía contratos para sus corporaciones. 

Los ultrarricos refuerzan su posición en cada crisis, en línea con la “teoría del shock” de Naomi Klein: algunos gobiernos y corporaciones aprovechan momentos de confusión para impulsar medidas que debilitan el poder adquisitivo de la clase trabajadora y la protección ambiental para aumentar los beneficios empresariales, algo que también hemos visto en Europa y España y que se traduce en un mayor coste de la vida.  

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Durante la crisis del gas por la guerra de Ucrania, la economista Isabella Weber señaló que la inflación en EE. UU. respondía a beneficios empresariales extraordinarios -sobre todo de petroleras y armamentísticas- que acababan principalmente en manos del 1 % más rico, fenómeno que denominó “inflación de la codicia”. Un ejemplo reciente lo encontramos en la guerra ilegal de Irán: Greenpeace denunció cómo las grandes energéticas europeas aprovecharon la confusión de las primeras semanas para sumar unos 2.500 millones de euros en beneficios adicionales.

A cada sacudida del tablero geopolítico, se activa el tándem inflación y beneficios extraordinarios. Y escucharás que el problema es el exceso de impuestos, las políticas climáticas o la inmigración, pero la realidad es que los beneficios de BlackStone, Repsol, Mercadona e Indra siguen subiendo a costa de tu vivienda, tu factura energética, tu movilidad,  tus alimentos o tu sanidad precarizada. Y para la juventud y el precariado, la “aspiradora de rentas” se convierte en un arma de desigualdad masiva. 

«Escucharás que el problema es el exceso de impuestos, las políticas climáticas o la inmigración, pero la realidad es que los beneficios de BlackStone, Repsol, Mercadona e Indra siguen subiendo a costa de tu vivienda, tu factura energética, tu movilidad,  tus alimentos o tu sanidad precarizada»

Soluciones para ganar derechos en un planeta vivo

La crisis inflacionaria actual tiene un origen claro: nuestra dependencia de los combustibles fósiles, la cual nos hace más vulnerables ante shocks externos y conflictos internacionales. Y sin embargo, y a nivel global, los gobiernos han regalado a las petroleras más de 137.000 millones de dólares en recortes fiscales y subsidios a combustibles fósiles desde el inicio de la guerra de Irán y se espera que ganen hasta final de año unos 234.000 millones. Incluso el gobierno español, uno de los más comprometidos con la transición energética, está quemando dinero público en recortes fiscales fósiles por unos 2.150 millones de euros, empañando el esfuerzo de impulsar la transición y el escudo social. 

No podemos pretender salir de la trampa de los fósiles con chutes de subvenciones tóxicas que engordan los beneficios de las corporaciones contaminantes y ralentizan la transición ecológica. La mejor solución es apostar por un «Escudo Social Verde» que supone proteger el bolsillo de las personas trabajadoras pasando la página de los combustibles fósiles. Este cambio de modelo permitiría modernizar sectores estratégicos como la energía, la vivienda, el transporte y la agricultura, garantizando empleo, poder adquisitivo y evitando más costes al planeta. Hay muchas cosas diferentes que podríamos hacer con los 2.150 millones de euros de descuentos a energías fósiles aprobados por el gobierno: 

  • Justicia fiscal frente a la codicia: primero completar recursos con 1.500 millones de euros más con un impuesto permanente a los beneficios caídos del cielo a petroleras e industria militar o un impuesto a los vuelos VIP. Esto ya ocurre en países como Reino Unido y Francia, respectivamente.
  • Transporte público para todas: Un abono único con precios justos para todas las personas e incluir todos los medios de transporte , durante todo el año con un beneficio inmediato para el 60% de la población. El abono único para todo el territorio y a precios asequibles ya es una realidad en Alemania. 
  • Energía limpia en manos de la gente: multiplicar por 20 el número actual de comunidades energéticas, beneficiando a más de 2 millones de personas.
  • Viviendas resilientes: sacar el gas de las casas y mejorar la eficiencia energética en los hogares de 600.000 personas en los barrios más vulnerables, protegiendo a las familias del clima extremo y de la inflación energética. Con la rehabilitación se pueden generar 350.000 empleos sostenidos. Dinamarca y Francia apuestan por esto.
  • Rescate al campo: se podría entregar un «bono climático» mensual de 1.200 euros a los 250.000 pequeños agricultores de nuestro país y podrían afrontar la inflación de los fertilizantes fósiles y transformar sus explotaciones hacia un modelo agroecológico, saludable y libre de fósiles. En Suiza ya hay un sistema para que la ciudadanía se beneficie de los ingresos del pago por emisiones de las industrias contaminantes. 

En este día del trabajo tenemos la ocasión de exigir medidas para pararles los pies a quienes aprovechan cada crisis para hacer caja. Necesitamos que los superricos y las grandes corporaciones contaminantes dejen de abusar y paguen lo que corresponde. Con esos recursos podemos multiplicar las soluciones con las que llegar a final de mes y evitar el final del mundo. Solo a través de la organización, movilización y la exigencia de más justicia económica y climática podremos asegurar trabajos y vidas dignas en un planeta habitable. 

¡Feliz día del trabajo!

Carlos Garcia Paret - autor del blog.
Carlos Garcia Paret
Economista por la Universidad Autónoma de Madrid, Master de Clima y Energía por la Universidad Paris Dauphine. Coordinador de Incidencia Política. Bluesky: @carlosparet.bsky.social
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