Cantábrico a 25 °C y Mediterráneo a 33 °C: Greenpeace advierte de los impactos del calentamiento marino en el clima y la biodiversidad
- La temperatura de los océanos vuelve a batir récords: por segundo mes consecutivo, julio alcanzó la mayor temperatura media de la superficie marina de la historia para ese mes
- Las aguas que rodean a la península ibérica se calientan un 67% más rápido que la media global y han registrado varios récords durante 2026 en boyas del Cantábrico, Atlántico y Mediterráneo. Es el caso de la boya de Sa Dragonera (Mallorca), que la semana pasada superó por primera vez los 33 ºC
- Los océanos absorben más del 90% del exceso de calor generado por el cambio climático, amortiguando el aumento de la temperatura del aire: sin ese papel regulador, las temperaturas en tierra serían aún más extremas
La temperatura global de los océanos ha vuelto a encender las alarmas en julio al batir por segundo mes consecutivo su récord histórico según el Servicio Copernicus, un calentamiento del que no escapan las costas españolas, como demuestra el récord de 33ºC registrado la semana pasada en una boya de Sa Dragonera (Mallorca). Ante estos preocupantes datos, Greenpeace exige a las administraciones una respuesta urgente y ambiciosa para hacer frente a un calentamiento global que ya está alterando el equilibrio de los mares, con graves consecuencias para el clima y la biodiversidad.
La actual ola de calor marina que sufre el Mediterráneo ha sido clasificada en categoría 4 (extrema) por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) y refleja la situación crónica de calor que sufre este mar, con el 100% de sus aguas en situación de ola de calor marina en algún momento del año desde 2022 y con temperaturas por encima de la media de forma casi continuada desde 2023 [1].
«Estamos llevando al Mediterráneo a una situación sin precedentes. Cada décima de grado que gana el mar supone más energía disponible para alimentar fenómenos meteorológicos extremos y un mayor impacto sobre los ecosistemas marinos», ha señalado Elvira Jiménez, responsable de Adaptación al Cambio Climático de Greenpeace.
El problema no afecta solo al Mediterráneo. Todas las aguas que rodean la península ibérica y las islas se están calentando un 67% más rápido que la media mundial, a un ritmo de 0,25ºC por década. Los récords también se están dejando ver en el Cantábrico, donde la boya de Bilbao-Vizcaya ha registrado temperaturas de récord mensual desde abril, superando los 25,2 ºC en el mes de julio [2].
Estos nuevos récords no son un fenómeno aislado ni una simple anomalía meteorológica, sino una consecuencia directa del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y del progresivo calentamiento de los océanos. La organización recuerda que los océanos absorben más del 90% del exceso de calor generado por el cambio climático, amortiguando el aumento de la temperatura del aire. Sin ese papel regulador, las temperaturas en tierra serían aún más extremas. Sin embargo, ese «escudo» está llegando a sus límites.
Un mar más caliente significa un clima más extremo y menos biodiversidad
El calentamiento del mar tiene consecuencias directas sobre el clima.Un agua más cálida evapora más humedad hacia la atmósfera, proporcionando combustible adicional a tormentas y episodios de lluvias torrenciales, que pueden ser más intensos y destructivos. Además, el cambio en la densidad del agua y la pérdida de gradientes de temperatura alteran las corrientes oceánicas, fundamentales para distribuir el calor por el planeta, contribuyendo a una mayor inestabilidad climática. Los ecosistemas marinos son además grandes sumideros de carbono, capaces de absorber un 30% del dióxido de carbono en la atmósfera.

El aumento de la temperatura del agua también acelera la subida del nivel del mar por expansión térmica, agravando la erosión del litoral y el riesgo de inundaciones costeras. Numerosas playas españolas ya muestran signos evidentes de retroceso y pérdida de arena como consecuencia de la combinación entre los impactos del cambio climático y la presión urbanística sobre la costa.
Las consecuencias del calentamiento no se limitan al clima. La biodiversidad marina también está sufriendo un deterioro acelerado. Las especies adaptadas a aguas templadas encuentran cada vez más dificultades para sobrevivir y migran a aguas más frías o, en el caso de especies que no tienen capacidad para desplazarse, sufren impactos sobre sus ciclos vitales e incluso mortandades. Con mayor temperatura del agua, especies propias de mares más cálidos colonizan nuevos espacios, dando lugar a un fenómeno de tropicalización, como el que se está experimentando en el Mediterráneo. A ello se suma la reducción del oxígeno disponible en agua más caliente, lo que incrementa el estrés sobre los ecosistemas.
Como consecuencia:
- Muchas especies comerciales se desplazan hacia latitudes más frías, alterando la actividad pesquera e impactando especialmente en las pesquerías artesanales que dependen de los caladeros cercanos.
- Aumenta la presencia de especies invasoras que desplazan a la fauna autóctona.
- Organismos especialmente vulnerables y que conforman además el hábitat vital para otras especies, como los corales, o las praderas de Posidonia oceanica, pueden superar sus límites de tolerancia térmica y sufrir episodios masivos de mortalidad.
La degradación de estos ecosistemas marinos supone también una amenaza para miles de personas que dependen de ellos para su sustento, desde el sector pesquero hasta las comunidades costeras, cuya economía está ligada a la salud del mar.
Acelerar la acción climática y proteger los océanos
Ante una sucesión de récords que deja de ser excepcional para convertirse en una tendencia, Greenpeace reclama a las Administraciones una respuesta urgente y ambiciosa que pase por reducir de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero, acelerar el abandono de los combustibles fósiles y reforzar la protección y restauración de los ecosistemas marinos.
«Los mares se están calentando mucho más rápido de lo que pueden adaptarse sus ecosistemas. Cada nuevo récord confirma que la crisis climática ya está aquí y que retrasar la acción solo hará que los impactos sean cada vez más graves para la biodiversidad y para las personas», ha concluido Jiménez.
Notas:
- Datos del informe Copernicus del Estado del Clima en Europa 2025.
- Datos de boyas obtenidos del registro de temperaturas de agua de mar de Puertos del Estado