El nuevo Reglamento Europeo de Envases, que entra en vigor la próxima semana, se queda corto

06-08-2026

  • Greenpeace valora positivamente prohibir ciertos plásticos innecesarios y la obligación de implantar el sistema de devolución de envases (SDDR), pero denuncia que el texto sucumba a las presiones del ‘lobby’ del plástico
  • Los objetivos de reducción de envases de plástico (un escaso 5% para 2030 y un 15% para 2040) son muy insuficientes y el texto deja vacíos legales y exenciones que permiten a las grandes marcas perpetuar el “usar y tirar”
  • “Si dejas abierto un grifo y se inunda la casa, lo primero que harás será cerrarlo, antes de achicar agua. Con la contaminación plástica es lo contrario: crean normas de reducción, pero no cierran el grifo de la producción”
  • La organización ecologista exige al Ministerio para la Transición Ecológica que aproveche la entrada en vigor del reglamento para desmantelar el monopolio de Ecoembes y poner fin a las falsas cifras del reciclaje en España

Ante la entrada en vigor el próximo miércoles, 12 de agosto, del nuevo Reglamento Europeo sobre Envases y Residuos de Envases, Greenpeace reconoce que la legislación comunitaria supone un avance en la armonización de reglas y en la eliminación de ciertos envases superfluos, pero denuncia que se trata de una oportunidad perdida para atajar de raíz la crisis global de contaminación por plásticos, tras ceder a un intensivo lobby de la industria del de usar y tirar.

La norma europea introduce prohibiciones clave, como la eliminación de los envases de plástico de un solo uso para frutas y verduras frescas no procesadas de menos de 1,5 kg y los envases monodosis para salsas, azúcares o cosméticos de hostelería, entre otros. Sin embargo, esto ya estaba recogido en la actual ley de residuos española (Ley 7/2022, de 8 de abril), aunque todavía, y tras cuatro años, no se ha puesto en marcha.

El reglamento prohíbe el uso de sustancias químicas persistentes y eternas (PFAS) en envases en contacto con alimentos e impone la obligación de alcanzar un 90% de recogida selectiva de botellas de plástico y latas para 2029. Esto supone, de hecho, la implantación de Sistemas de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR). Sistema que, en España, debería implantarse en noviembre de 2026, pero que, por la dilación de las administraciones y de la industria, está en riesgo de no aplicarse a tiempo.

Sin embargo, para Greenpeace, los objetivos de reducción de envases de plástico (un escaso 5% para 2030 y un 15% para 2040) son manifiestamente insuficientes frente al ritmo destructivo de extracción de combustibles fósiles y generación de basura. Además, el texto final ha dejado vacíos legales y exenciones que permiten a las grandes marcas perpetuar el modelo de “usar y tirar” bajo el disfraz de un reciclaje que no funciona.

La trampa del contenedor amarillo

En el ámbito estatal, Greenpeace destaca que la norma deja en evidencia la nefasta gestión que ha venido haciendo Ecoembes, el monopolio privado que ha gestionado los residuos de envases en España desde hace décadas. Durante años, el gestor del cubo amarillo ha mantenido cifras “irreales” de reciclaje cercanas al 80%, cuando informes de Greenpeace, informes independientes y la propia Comisión Europea sitúan la tasa real de reciclaje de envases de plástico en España por debajo del 30%, terminando la gran mayoría en vertederos, incineradoras o directamente en la naturaleza.

“Si dejas abierto un grifo y se inunda la casa, lo primero que harás será cerrarlo, antes de achicar agua. Con la contaminación plástica es lo contrario: crean normas de reducción, pero no cierran el grifo de la producción. La presión de las empresas del plástico, distribución y gestores de residuos ha conseguido recortar los objetivos de reutilización, y eso permite que las multinacionales nos sigan llenando el planeta de basura”, ha declarado Julio Barea, responsable de la campaña de Residuos de Greenpeace España.

“En España, el reglamento europeo debe marcar el fin de la impunidad de Ecoembes: el Gobierno no puede seguir avalando la contabilidad creativa de este monopolio. Exigimos al Ministerio para la Transición Ecológica que aplique la norma europea sin medias tintas y ponga en marcha de forma inmediata el sistema de devolución de cascos y latas (SDDR) ‘de verdad’, devolviendo el dinero al consumidor por cada envase retornado”, añade Barea.

Retorno del casco: las demandas de Greenpeace

  1. Implantación urgente e íntegra del SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno): Aplicar a botellas de plástico, latas, briks y envases de vidrio, sin ceder a las maniobras de dilación de la industria.
  2. Priorizar la reutilización sobre el reciclaje: Crear una red pública y comercial que fomente el envase rellenable y reutilizable en el comercio de proximidad y las grandes superficies, superando los mínimos fijados por la UE.
  3. Fiscalización y auditoría a Ecoembes: Garantizar la transparencia en la recogida y caracterización de los residuos, obligando a las empresas a asumir el coste real del impacto ambiental que generan.
  4. Prohibición efectiva del sobreempaquetado: Fiscalizar el comercio minorista para erradicar el plastificado inútil de frutas y verduras desde el primer día de cumplimiento.

Greenpeace mantendrá la vigilancia sobre el Gobierno central y las comunidades autónomas para evitar que la trasposición y aplicación de esta normativa europea se convierta en un nuevo ejercicio de greenwashing empresarial a costa del medioambiente y la salud pública.


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