Ganadería industrial: beneficios para unos pocos a costa de degradación ambiental y abandono rural

13-01-2022

  • El Gobierno debe declarar urgentemente una moratoria a la ampliación o aprobación de nuevas explotaciones, incluso a las que están en tramitación, de ganadería intensiva para ser coherente con las políticas ambientales europeas y estatales 
  • Debe apoyar de manera decidida a la ganadería extensiva, la única alternativa realmente sostenible a la producción ganadera industrializada, capaz de contribuir a otros retos como la lucha contra el despoblamiento rural y la crisis climática
  • España es la fábrica de carne y lácteos de Europa y China, con la producción industrial de cantidades ingentes de animales para abastecer al mercado internacional
  • Ante el debate surgido estos días sobre modelos ganaderos, las principales organizaciones ambientales consideran necesario tener un debate sosegado pero urgente y sin intereses partidistas 

 

Las recientes declaraciones del ministro de Consumo Alberto Garzón criticando las “macrogranjas” y defendiendo la ganadería extensiva han reabierto y alimentado un debate social tan necesario como urgente sobre los impactos del modelo agroalimentario en la lucha contra el cambio climático, la contaminación y el maltrato animal. También sobre el cumplimiento del Pacto Verde Europeo, con el reciente compromiso de reducir las emisiones de metano un 30 % para 2030 o las estrategias de Biodiversidad y de la Granja a la Mesa, la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo del Clima París. 

La ganadería industrial y sus impactos ambientales y sociales crecen sin cesar en los últimos años, mientras la ganadería extensiva y el mundo rural languidecen por falta de apoyo y una competencia injusta en precios. Por eso, Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF rechazan rotundamente el modelo ganadero industrial y consideran que las palabras del ministro Garzón son coherentes con la ciencia actual en materia ambiental y de salud pública y están avaladas por organismos internacionales de máxima credibilidad como el IPCC, el IPBES o la OMS. 

Las organizaciones ecologistas reclaman que este discurso se traduzca en políticas concretas que acompañen la paulatina y necesaria desaparición de la ganadería industrial en España y la reducción de la cabaña ganadera en intensivo. Es una realidad indiscutible que la cabaña ganadera industrial, especialmente de cerdos y aves, y en menor medida de vacas, está aumentando rápidamente mientras desciende el número de pequeñas explotaciones y el empleo en el sector, lo cual refleja su intensificación e industrialización. En muchos casos ganaderas y ganaderos se ven obligados por la agroindustria y los mercados a intensificar sus explotaciones para poder sobrevivir.  

El modelo ganadero industrial es responsable de numerosos impactos ambientales y sociales:  deforestación; destrucción de la biodiversidad y desplazamiento forzoso de poblaciones en zonas remotas donde se produce la soja para los piensos;  contaminación de aguas, suelos y aire en nuestros territorios; contribución al cambio climático; vulneración de derechos humanos como el del acceso al agua potable; la despoblación en las zonas rurales donde se asientan estas macro explotaciones, y los problemas de salud derivados de dietas excesivamente carnívoras y el abuso de antimicrobianos.

Por su parte, la ganadería extensiva contribuye a la protección de pastos sumidero de carbono, combate los incendios forestales y genera paisajes únicos y protegidos, como las dehesas. Es reservorio de razas locales en peligro de desaparición, crea empleo en nuestros pueblos, fijando población en zonas rurales, provee alimentos sostenibles y de calidad, contribuye a la soberanía alimentaria y reconecta campo y ciudad, a través de los paisajes y la cultura que preserva. 

En este contexto, Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF consideran que el Gobierno de España, más allá de hacer declaraciones o entrar en el juego del uso partidista del debate social en torno al modelo de producción ganadera, debe alinearse con los marcos legislativos internacionales e impulsar cuatro medidas: 

  1. Declarar inmediatamente una moratoria a cualquier proyecto nuevo o a la ampliación de explotaciones de ganadería industrial, así como los que se encuentran en tramitación.

  2. Establecer un diálogo social con la participación del sector ganadero extensivo y de la sociedad civil para el diseño de la estrategia de transformación del sector, de forma que vaya reduciendo de manera paulatina la ganadería industrial hasta su total desaparición e incorpore sus externalidades negativas en la fiscalidad. Dicha transición en favor de la ganadería extensiva se puede y debe apoyar aprovechando los fondos de recuperación poscovid y la futura PAC.

  3. Desarrollar un marco normativo, comercial (etiquetado explícito) y fiscal que permita diferenciar y favorecer la ganadería extensiva, en políticas y mercados.

  4. Aprobar una estrategia estatal para apoyar la ganadería extensiva, que elimine las barreras que afronta y asegure el futuro del sector mejorando su competitividad en el mercado mediante desgravaciones a los modelos extensivos por su contribución al bienestar de la sociedad en su conjunto. 

Nota: no existe una definición legal de “macrogranja”, igual que tampoco la hay de “ganadería extensiva”, aunque la Plataforma de Ganadería Extensiva y Pastoralismo, de la que son parte varias de las organizaciones ecologistas españolas, tiene una propuesta pública al respecto elaborada por más de 40 personas expertas. Más información en: https://www.wwf.es/?55564/Propuesta-de-caracterizacion-de-la-ganaderia-extensiva-Aproximacion-a-la-diferenciacion-del-grado-de-extensividadj

 


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