Inicio de la campaña de extinción de incendios forestales
Greenpeace alerta de que el 2026 ya tiene peores datos en incendios que el histórico 2025
- La superficie afectada supera las 16.300 hectáreas, más del doble que el año pasado por estas fechas, y el número de incendios ha aumentado un 72%
- A pesar de las lluvias de este año, el riesgo de propagación de incendios sigue siendo alto, por ello hay que extremar la precaución ante cualquier chispa
- Es imprescindible que las CCAA no retrasen las declaraciones de riesgo para limitar y prohibir actividades que pueden producir incendios
- Greenpeace reclama recuperar grandes campañas de sensibilización sobre prevención, reforzar la comunicación pública sobre las causas reales de los incendios, mejorar la gestión forestal y apoyar al medio rural
Ante el comienzo hoy de la campaña estatal de extinción de incendios forestales, Greenpeace señala que los datos son preocupantes. 2026 ya registra peores cifras que 2025 en el mismo periodo, pese a que todavía no se ha iniciado la época de máximo riesgo. La superficie forestal afectada supera las 16.300 hectáreas, más del doble que el año pasado por estas fechas, y el número de incendios ha aumentado un 72 %. (1), Además, 2026 ya cuenta con cuatro Grandes Incendios Forestales (>500 ha): Losar de la Vera (Cáceres), Ribadetea-Ponteareas (Pontevedra), Allande (Asturias), el último en el Parque Nacional de Doñana, frente a ninguno en 2025 en esta época del año.
El año pasado arrancó con una baja percepción del riesgo de incendios. Las abundantes lluvias, la recuperación de los embalses y algunas precipitaciones generaron una sensación de tranquilidad. Sin embargo, la alta siniestralidad con la llegada de las olas de calor transformó rápidamente el escenario y 2025 terminó convirtiéndose en el peor año desde que existen registros.
Enero de 2026 ha sido el más lluvioso del último cuarto de siglo, y sin embargo, el riesgo de incendios es real y las cifras ya son alarmantes. Y es que como confirma un estudio de Nature (2) los años extremos de incendios no dependen necesariamente de sequías prolongadas previas ni de lo que haya llovido meses antes, sino sobre todo de las condiciones meteorológicas extremas durante el propio año del incendio. Y así se confirmó en 2025.
Los Grandes Incendios Forestales (GIF) se triplicaron en 2025 respecto a la media (63 frente a 18) y su capacidad destructiva se multiplicó por cuatro, alcanzando una media de 6.100 hectáreas por incendio. En resumen: 354.000 hectáreas ardieron, ocho personas fallecidas, 150.000 personas evacuadas o confinadas. Eran espacios naturales de gran valor, hogar de especies en peligro como el oso pardo, el desmán ibérico o el urogallo.
La primera ola de calor del 2025 en junio duró 17 días. Fue la tercera más larga y extensa de la serie histórica donde se produjeron 3 grandes incendios forestales. La siguiente ola de calor del 3 al 18 de agosto duró 16 días. Fue la segunda más intensa y extensa, se produjeron 42 grandes incendios forestales, 5 de ellos de los peores incendios de la Historia: Larouco, Molezuelas de la Carballeda, Oímbra, Llamas de la Cabrera y Valdeorras/Porto/Encinedo. El 71,4% de los grandes incendios de 2025 ocurrieron durante episodios de ola de calor, mucho más frecuentes e intensos debido al calentamiento global.
El calor extremo es un elemento clave y por ello, en estos días urge extremar la precaución. Con las temperaturas de estos días, 2026 puede repetir las cifras desastrosas.
Se hace imprescindible que las CCAA no retrasen las declaraciones de riesgo de incendio en olas de calor y temperaturas extremas porque eso va ligado a limitar y prohibir actividades que pueden producir incendios. Si no hay autorización y se realizan fuegos, es un delito.
La mejor política de extinción: evitar que el fuego llegue a producirse
El calor extremo no origina los incendios, sino que agrava su comportamiento una vez que comienzan. En un país donde alrededor del 95% de los incendios tienen origen humano, reducir negligencias, accidentes y conductas de riesgo resulta esencial. El uso del fuego sin autorización no es una tradición inocua: constituye un delito y puede desencadenar tragedias ambientales y humanas irreversibles, como las ocho personas fallecidas en 2025. Comunicar mejor el impacto real de los incendios y fomentar una cultura de prevención permanente es también una herramienta clave de protección forestal.
La experiencia de los últimos años demuestra que existe una importante confusión social entre las causas que originan los incendios y los factores que favorecen su propagación. Así se confirma en la encuesta del CIS de septiembre de 2025 (3) sobre incendios forestales. La encuesta refleja una elevada preocupación social por los factores que favorecen la propagación de los incendios forestales. El 98,4% de las personas encuestadas considera prioritaria la limpieza, poda y desbroce de los montes. Sin embargo, el estudio no aborda las causas que originan el fuego. Mejorar el conocimiento social sobre las causas de las igniciones y la propagación es una herramienta clave para prevenir.
En este contexto, Greenpeace reclama recuperar grandes campañas de sensibilización ciudadana sobre prevención de incendios, reforzar la comunicación pública sobre las causas reales de las igniciones, mejorar la gestión forestal y apoyar al medio rural. Frente a incendios cada vez más extremos, la prioridad debe ser reducir las igniciones y limitar las condiciones que favorecen su propagación. Frente a incendios cada vez más extremos y simultáneos, la prevención y la adaptación al cambio climático deben convertirse en una prioridad política, social y presupuestaria. Que 2026 no sea el desastre que fue 2025 depende mucho de toda la sociedad en su conjunto (4).
“Necesitamos la ambición de campañas como la mítica Todos contra el fuego para reducir el número de incendios en el contexto del cambio climático y abandono del medio rural. También en el de la convivencia con el fuego porque el concepto de incendios cero no es real. Un rayo no puede ocasionar el daño de incendios como los de la Sierra de la Culebra 2022 o de Guardo en 2025. Hay que abordar las causas que originan y las que propagan el fuego”, aclara Mónica Parrilla de Diego, responsable de la campaña de incendios de Greenpeace.
Los incendios forestales no son un problema puntual del verano, sino una crisis estructural agravada por el cambio climático, las olas de calor y el abandono del medio rural. Se ha ido reduciendo el número de incendios, pero son mucho más destructivos: una pequeña parte de los fuegos concentra la mayor parte de la superficie quemada y genera daños mucho más severos en los ecosistemas. En 2025, tan solo el 0,77% de los incendios (65 de más de 8.000 incendios) fue responsable del 86% de la superficie quemada.
Por otro lado, las crisis de incendios pasadas también evidenciaron importantes carencias en comunicación y gobernanza, con descoordinación entre administraciones, mensajes contradictorios y proliferación de bulos en los momentos de mayor emergencia. Mejorar la planificación conjunta, la transparencia y la comunicación pública rigurosa será clave para gestionar incendios cada vez más complejos y reducir la desinformación social.