9 de septiembre, Día Mundial de la Agricultura
Greenpeace demanda transitar a un modelo agroecológico para evitar que el precio de los alimentos siga escalando
- El cambio climático y la dependencia de los combustibles fósiles dispara el precio de la cesta de la compra: ha subido en los últimos 5 años un 35,3%, obligando a los hogares españoles a destinarle cada vez más presupuesto
- Olas de calor, sequías y otros eventos meteorológicos extremos, agravados por la crisis climática, suponen un riesgo claro para la seguridad alimentaria
- Desde el cierre del Estrecho de Ormuz, la dependencia del modelo agrario de los combustibles fósiles se ha hecho más evidente. Su subida de precio encarece los fertilizantes y aumenta los costes de producción
- La inflación alimentaria seguirá al alza próximamente por el impacto de las olas de calor y las sequías en toda Europa este verano: se ha reducido drásticamente el cultivo de cereales, destinados mayoritariamente a la ganadería industrial
¿Cuánto más tiene que encarecerse la cesta de la compra para que el Gobierno y el Ministerio de Agricultura actúen? Esta es la pregunta con la que Greenpeace denuncia, en la víspera del Día Mundial de la Agricultura, la inacción del Ejecutivo ante la constante subida del precio de los alimentos en España, encarecidos un 35,3% en los últimos cinco años (1), lo que está obligando a los hogares españoles a destinar cada vez más presupuesto. En plena vuelta al colegio esta semana, el impacto puede ser mayor para muchas familias. La organización ecologista señala como causas principales el impacto de la crisis climática en las cosechas y la alta dependencia que el modelo agrario convencional tiene de los combustibles fósiles.
La subida del precio de los alimentos, una consecuencia de la crisis climática
La agricultura, la ganadería y la pesca dependen en gran medida de los factores climáticos, así como de recursos esenciales como el suelo y el agua. El aumento de las temperaturas, tanto en tierra como en el mar, las sequías más intensas y prolongadas, junto con la mala gestión hídrica y los fenómenos meteorológicos extremos agravados por el cambio climático (como los picos de calor en épocas que no corresponden, las lluvias torrenciales o las borrascas), están teniendo consecuencias nefastas en las cosechas.
“No hay mejor ejemplo de la relación entre inflación y cambio climático que lo ocurrido con el aceite de oliva. En 2022 y 2023 encadenamos sequías históricas con olas de calor en plena floración del olivar, lo que asestó un golpe demoledor a su producción. Entre 2021 y 2024 el precio del aceite de oliva, insignia de nuestra dieta mediterránea, casi se triplicó, obligando a los hogares a reducir su consumo o comprar otros aceites más baratos y de peor calidad”, explica Helena Moreno, responsable de Agricultura de Greenpeace.
Gas fósil en el plato, la trampa de los fertilizantes
A la crisis climática se suma la vulnerabilidad geopolítica y la dependencia de los combustibles por parte del sistema alimentario. La guerra de Ucrania, uno de los graneros del mundo, ya incrementó la inflación y ahora el conflicto entre EEUU e Irán, con el consecuente cierre del Estrecho de Ormuz, se está reflejando directamente en el precio de los alimentos.

Fuente de los datos: ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD), basado en el Índice de Precios de los Alimentos de la FAO y el Banco Mundial (Pink Sheet). Nota: Los precios del petróleo corresponden al precio del petróleo crudo Brent, en US$ por barril. Elaboración propia.
El sistema alimentario español no solo depende de los combustibles fósiles para transporte, maquinaria, energía para bombeo de agua, refrigeración o para la producción industrial, también está vinculado estrechamente con la producción de los fertilizantes inorgánicos, que requiere grandes cantidades de gas natural o subproductos del petróleo. Con más de 1,26 millones de toneladas importadas en lo que va de año, España encabeza las importaciones de fertilizantes en la UE, quedando expuesta a los vaivenes del mercado del gas y a tensiones internacionales de países suministradores como Marruecos, Egipto, Argelia, Noruega o Israel.
Los fertilizantes nitrogenados son los más utilizados en la agricultura y dominan el comercio global (75% del valor total). La producción de fertilizantes nitrogenados necesita gas (como fuente de energía en un 60% y como materia prima en un 40%). A nivel global, más del 70% del amoniaco se sintetiza a partir de gas natural, lo que supone el 20% de la demanda industrial mundial de gas. En el contexto español, la corporación líder en fertilizantes Fertiberia es a la vez el mayor consumidor de gas en solo dos plantas, Puertollano y Palos de la Frontera. Cuando sube el precio del gas, no solo se encarece la factura energética, también se encarecen los fertilizantes nitrogenados. Los fertilizantes fosfatados, menos importantes en cantidad pero no en uso, necesitan roca fosfórica y azufre, y el azufre es un subproducto de la producción de hidrocarburos. Es decir, su oferta no depende del precio sino del ritmo de producción de hidrocarburos.
Cereales, menos producción en España y Europa
Los cereales, que representan un 11,35% de la superficie cultivada en España, según ESCYRE (Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos en España), necesitan gran aporte de fertilizantes, principalmente nitrogenados, y son los que más se están viendo afectados este verano por estrés térmico y déficit hídrico. Es decir, son cultivos muy dependientes del gas y son los que primero han sufrido las consecuencias de la crisis climática este verano. Según el Joint Reseach Center la producción de trigo y cebada en España ha caído un 21% y un 30% respecto a la campaña pasada. Sumado a esto, los costes de los fertilizantes son uno de los insumos más caros para los agricultores, en particular para las explotaciones de cultivos extensivos como los cereales.
En la UE, los cultivos herbáceos (principalmente cereales) abarcan más de la mitad de la superficie fertilizada, seguidos por los pastizales y los cultivos permanentes (2). Así mismo, el maíz forrajero y la soja, ambos cultivos para la alimentación animal, se encuentran entre los más afectados por las olas de calor y la sequía inusual de este verano en toda Europa (12% y 14%, respectivamente, respecto a la media de los últimos 5 años).
“A menor producción, es decir, menor oferta, habrá incremento de precios. Y no solo en el pan o la pasta, sino en productos de origen animal”, afirma Moreno: “Los cereales, que requieren grandes cantidades de fertilizantes, no se destinan principalmente a consumo humano, sino a piensos para ganadería industrial. Gran parte abastece a macrogranjas porcinas cuya carne termina exportándose, mientras que nuestras aguas se contaminan“.
Para frenar esta escalada de precios a corto y medio plazo y asegurar la soberanía y seguridad alimentaria, Greenpeace demanda:
- Transición acelerada y justa hacia la agroecología, reduciendo la dependencia de insumos químicos, como los fertilizantes sintéticos, y combustibles fósiles. Mitigando y adaptando el sistema alimentario a la crisis climática actual. Greenpeace, junto con el think tank científico Alimentta, ha modelizado y analizado el sistema alimentario español en su conjunto, desde la producción hasta el consumo, y han propuesto un modelo soberano, sostenible y adaptado a las estimaciones de incremento de la crisis climática y de biodiversidad. Transformar de manera justa la forma de producir y consumir da como resultado un modelo no dependiente de combustibles fósiles, agroecológico, justo, saludable y sostenible para los agricultores/as ganaderos/as y pescaderos/as, y para los y las consumidoras. Además, este modelo también serviría para luchar contra la crisis climática ejerciendo como sumidero de carbono nuestros suelos agrarios y protegiendo la biodiversidad.
- Reordenación de la producción vegetal, priorizando los cultivos destinados a la alimentación humana directa frente a los cultivos destinados a la ganadería intensiva.
- Un plan de adaptación al cambio climático ambicioso en el sector agrario, con presupuestos robustos y coordinación entre Ministerios y Administraciones. Así como una gestión del agua justa, social y sostenible.
- Reducción drástica de la cabaña ganadera en intensivo, principalmente del porcino, debido a su alta dependencia de cereales de producción nacional e importados y su enorme contribución a la crisis climática y del agua.
- Un plan de abandono de los combustibles fósiles para 2040: Es imprescindible la aprobación de un calendario para el abandono de los combustibles fósiles para 2040. Greenpeace ha demostrado que esto sería posible en España gracias a una reducción de la demanda de energía del 39% y a la cobertura al 100% de la demanda con energías renovables.
- Cierre del grifo de las subvenciones a los combustibles fósiles: La respuesta ante la emergencia climática y a la guerra de Oriente Medio debe ir acompañada del fin inmediato de los subsidios públicos a las energías fósiles.
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Notas:
- Según los precios armonizados de la herramienta de monitoreo de los precios de los alimentos de Eurostat. Precios comparados de julio de 2021 a julio de 2026.
- Enhancing nutrient management with CAP strategic plans. June 2026. Página 1.