La «deuda climática» del 0,01 % más rico del mundo asciende a un billón de dólares anuales, según Greenpeace

10-06-2026

  • Esta factura equivale a la suma de los salarios de toda una vida laboral de un millón de personas trabajadoras en España
  • El novedoso estudio “La deuda climática de los ultrarricos: el coste de la riqueza extrema” apunta que este es un punto bastante ignorado en las políticas climáticas de todo el mundo
  • El mayor impacto en el clima de los ultrarricos está en sus inversiones financieras, que contaminan 2,5 veces más que su propio estilo de vida opulento
  • Greenpeace pide a los Gobiernos un mayor compromiso con la puesta en marcha de impuestos a las grandes fortunas más contaminantes

Las mayores fortunas del mundo -unas 800.000 personas con un patrimonio neto por encima de los 38 millones de dólares- generan un daño climático valorado en un billón de dólares. La razón principal son sus inversiones financieras en actividades económicas altamente contaminantes y sus estilos de vida con elevadas emisiones (jets privados, yates…), según ha revelado hoy un informe de Greenpeace. 

Para hacerse una mejor idea de la magnitud de esta cifra, la deuda climática equivaldría al sueldo acumulado de aproximadamente un millón de personas trabajadoras en España durante toda su vida laboral, a 105.000 conciertos de Bad Bunny en el Metropolitano de Madrid – con lleno absoluto – o a la financiación climática global necesaria para los países del Sur Global. 

El informe “La deuda climática de los ultrarricos: el coste de la riqueza extrema” [1] define la «deuda climática” como el coste económico de las emisiones en exceso de quienes han superado con creces el límite individual permitido para evitar que el planeta se caliente más de 1,5 °C [2]. El análisis, basado en los datos y estudios existentes, rastrea la responsabilidad ecológica tanto del consumo directo como de las decisiones de inversión y la propiedad de capital de los sectores con mayores ingresos y riqueza cubiertos [3]. El aporte más novedoso del informe es mostrar que la deuda climática por propiedad de activos es incluso mayor a la del consumo en todos los grupos analizados y especialmente en la cúspide de la pirámide de la riqueza [4]. Esto señala que la responsabilidad climática viene determinada principalmente por la propiedad de activos y la asignación de capital.

“El concepto de deuda climática pone luz a la realidad del impacto de las emisiones asociadas a la riqueza extrema y a las propiedades financieras y estilos de vida intensivos en carbono. Durante décadas, la cuestión de la responsabilidad climática ha sido un tema de debate entre países, mientras que el papel que los ultrarricos juegan en la crisis climática ha recibido mucha menos atención. Las políticas climáticas actuales han ignorado este aspecto hasta ahora. El resultado es que ser propietario de una empresa altamente contaminante, recibir dividendos de una petrolera o moverse en jet privado o yate sale casi fiscalmente gratis en la mayoría de países”, ha señalado Clara Thompson, responsable sobre clima y justicia fiscal de Greenpeace Internacional.

Principales conclusiones del informe:

  • La deuda climática anual basada en la propiedad del 0,01 % más rico del mundo alcanzó un valor estimado de 992.000 millones de dólares estadounidenses en 2022, últimos datos disponibles.
  • Las emisiones basadas en la propiedad están más concentradas que las emisiones basadas en el consumo en todos los grupos analizados. En el caso del 0,01% más rico, la diferencia sería más expresiva, con una deuda climática basada en la propiedad 2,5 veces mayor que la del consumo. 
  • La deuda climática acumulada basada en la propiedad del 0,1% más rico del mundo alcanzó aproximadamente los 27,2 billones de dólares durante el periodo 1990-2022. Se trata del impacto climático generado por personas con un patrimonio de entre 7 y 38 millones de dólares.
  • Incluso en un escenario futuro de bajas emisiones con justicia económica [5], la deuda climática total proyectada del 0,1% más rico del mundo bajo el enfoque de propiedad superaría los 81 billones de dólares durante el periodo 2023-2050.
  • Comparando, si se pusieran en marcha a nivel mundial los gravámenes al consumo de lujo de los altos patrimonios – como impuestos a los vuelos VIP – y a las inversiones contaminantes – como un impuesto global a beneficios de la industria fósil -, su recaudación alcanzaría el 23% de la deuda basada en el consumo y el 42% respectivamente de la deuda climática anual basada en la propiedad del 0,01% más rico del planeta.

Gravar a los multimillonarios por el impacto real de sus inversiones fósiles y sus estilos de vida altamente contaminantes no es una medida radical, sino un paso justo y necesario para una acción climática más justa e integral y un medio de disponer de los recursos necesarios para mejorar el transporte público, tener viviendas dignas y sostenibles, comer sano, salvar el campo y proteger los ecosistemas de los que dependemos”, señala Carlos García Paret, portavoz de Greenpeace España y Portugal.

A medida que se intensifican en todo el mundo los impactos climáticos, como los daños causados por fenómenos meteorológicos extremos, incendios y sequías, la brecha entre las necesidades de financiación climática y su disponibilidad se amplía. La responsabilidad climática se concentra en los ultrarricos que están en unas pocas jurisdicciones del Norte Global, incluida España, mientras que las personas más vulnerables del Sur Global sufren la mayor parte de los daños sin disponer de los recursos necesarios para adaptarse

El informe sugiere que la deuda climática del 0,01 % más rico del mundo sería de una magnitud similar a las necesidades actuales de financiación climática a nivel mundial [6]. Sin embargo, también señala que la deuda climática no se plantea como una obligación fiscal directa ni fija tipos impositivos. Su propósito es servir de referencia para un futuro marco normativo que vincule la responsabilidad por los daños climáticos de las emisiones de los más ricos con una fiscalidad más justa.

Este estudio recuerda que el marco actual de las políticas climáticas se centra principalmente en las emisiones derivadas de la producción y el consumo, mientras que pasan por alto en gran medida las emisiones vinculadas a la propiedad de la riqueza, los activos financieros y las carteras de inversión de los ultrarricos. Por ello, Greenpeace aboga por una total implicación de los gobiernos en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cooperación Fiscal Internacional, como plataforma global clave para luchar contra la elusión fiscal y los flujos ilícitos, asegurar la asignación de derechos impositivos y la distribución equitativa de ingresos entre países y hacer que las empresas más contaminantes y los ultrarricos paguen al nivel de su responsabilidad. 

El informe ha seguido un proceso de revisión por pares de un amplio grupo de expertos y organizaciones que trabajan en finanzas climáticas, justicia fiscal, financiamiento para el desarrollo y política climática y se presenta en la Conferencia del Clima de Bonn, preludio de la COP31 en Turquía.


Notas

El resumen ejecutivo en español, aquí; y el informe completo en inglés, aquí.

[1] El análisis fue realizado por el Forum Ökologisch-Soziale Marktwirtschaft (FÖS) e.V.

[2] Para calcular el valor monetario del impacto, el exceso de emisiones se multiplica por el coste social del carbono (CSC), que estima el daño económico causado por cada tonelada adicional de CO2. La fórmula general es: Deuda climática = Exceso de emisiones x Coste social del carbono (CSC). Se aplica el coste social del carbono del metaestudio realizado por Moore et al. (2024) sobre 147 investigaciones y que asciende a 283 US$ por tCO2 (dólares de 2020). Más detalle sobre el cálculo realizado en el anexo 1 del informe completo.

[3] Para el enfoque de consumo, el informe utiliza datos del Stockholm Environment Institute (SEI) y del World Inequality Lab basados en patrones de consumo y comercio. Para el enfoque de propiedad, sigue el marco de Chancel y Rehm (2025b), atribuyendo las emisiones corporativas según la titularidad de acciones, carteras de inversión y activos productivos.

[4] El informe analiza la deuda climática asociada con los grupos de riqueza e ingresos del 10% superior, 1% superior, 0,1% superior y 0,01% superior a nivel global. El estudio utiliza dos enfoques para estimar cómo se pueden atribuir las emisiones globales excesivas —aquellas que superan el nivel coherente con la limitación del calentamiento a 1,5 °C— entre los diferentes grupos de riqueza: uno basado en el consumo y otro basado en la propiedad. El 0,01% superior, o los individuos de patrimonio neto ultra alto (UHNWIs, por sus siglas en inglés), son aproximadamente —a efectos ilustrativos— aquellos con más de 38 millones de dólares.

[5] Es el denominado escenario RCP1.9 (Representative Concentration Pathways o Trayectorias de Concentración Representativas) combinado con el SSP1 (Shared Socioeconomic Pathways o Trayectorias Socioeconómicas Compartidas). La combinación de RCP1.9 con SSP1 se refiere a una trayectoria de mitigación compatible con el límite de 1,5 °C, combinada con un escenario de desarrollo socioeconómico orientado a la sostenibilidad.

[6] Climate Action Network (CAN) (2024): Presentación de Climate Action Network (CAN) sobre el Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado (NCQG, por sus siglas en inglés).


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