Nuevo informe de Greenpeace

Las inversiones en empresas contaminantes del 1 % más rico en España generan una deuda climática anual de unos 25.000 millones de euros

15-10-2026

  • Un nuevo estudio de Greenpeace constata que el impacto ambiental de estas inversiones de los ultrarricos españoles es cuatro veces más dañino que el derivado de sus patrones de consumo
  • A escala europea, la deuda climática de las mayores fortunas alcanza los 301.000 millones de euros al año, cifra que supera con creces las pérdidas causadas por la sequía y las olas de calor este verano
  • La organización exige avanzar en el principio de «quien contamina, paga», con impuestos a la riqueza, a los vuelos VIP y a los beneficios de las petroleras

La huella climática de los superricos va mucho más allá de sus lujos personales: el verdadero problema está sobre todo en las empresas en las que invierten su dinero. Un informe de Greenpeace [1] revela que en 2022 el 1 % más rico de España provocó 24.600 millones de euros en deuda climática [2] por sus activos e inversiones en empresas contaminantes, a los que se suman 6.600 millones por su estilo de vida. Para ponerlo en perspectiva, la deuda que genera su patrimonio sobrepasa con creces los 2.500 millones de euros que costaron los desastres ambientales sufridos en España ese año.

El estudio “Bajo la superficie: La deuda climática oculta de la riqueza extrema en la Unión Europea” concluye que, en todos los niveles económicos, el patrimonio contamina más que el consumo personal. Sin embargo, la diferencia en la cúspide es extrema: las inversiones del 1 % más acaudalado en España generan 5 veces más contaminación que las del 10 % siguiente, 58 veces más que las de la clase media y 770 veces más que las de la mitad más pobre de la ciudadanía.

Carlos García Paret, experto en economía ambiental de Greenpeace España, señala que “si analizamos la huella climática de los superricos, vemos que los jets privados y los estilos de vida de lujo son solo la punta del iceberg. Bajo la superficie se esconde un impacto mucho mayor derivado de sus activos e inversiones en empresas altamente contaminantes. El resultado es que tener el patrimonio invertido en una petrolera o moverse en jet privado o yate sale fiscalmente muy barato”.

“La responsabilidad de los ultrarricos en su deuda climática es el verdadero ángulo muerto en la política climática y fiscal y debe corregirse poniendo en práctica el principio de ‘quien contamina, paga’. Un ejemplo: si hubiera en España una tasa, como propone el profesor Zucman, con un tipo efectivo del 2% a los patrimonios altos – de más de 100 millones de euros -, se recaudarían al año unos 5.200 millones de euros, cantidad muy parecida a las indemnizaciones por seguros a particulares y pymes por causa de la DANA de Valencia”, añade García Paret.

Cifras en la Unión Europea

A escala comunitaria, el 1 % más rico en 24 países de la UE generó en 2022 una deuda climática anual estimada en 301.000 millones de euros por sus activos productivos y carteras de inversión, junto a 80.000 millones adicionales vinculados a su consumo [3]. El total acumulado por este grupo elitista supera el impacto económico de la ola de calor y la sequía extrema sufridas en Europa en el verano de 2026, cifrado en unos 180.000 millones de euros.

Ariadna Rodrigo, responsable de campañas políticas de Greenpeace UE, denuncia que “durante demasiado tiempo se ha permitido a los multimillonarios alimentar las olas de calor, incendios, sequías e inundaciones con sus desproporcionadas emisiones, mientras que la gente común asume la factura de los daños generados. Los superricos deben dejar de ponerse de lado y pagar por su deuda climática y evitar que esta siga aumentando. La UE está recortando el presupuesto para energías renovables, rehabilitación energética de viviendas, transporte sostenible y una transición justa para la clase trabajadora, pero el dinero para financiar todo esto existe. Un impuesto europeo a nivel de la UE a los superricos puede aliviar la carga de los hogares y financiar una transición ecológica para todas”.

En plena cumbre de la UE sobre el presupuesto 2028-2034

Greenpeace saca a la luz estos datos el mismo día que los líderes de la UE se reúnen en Bruselas para debatir el próximo presupuesto europeo – el denominado marco financiero plurianual 2028-2034 – y posibles nuevas fuentes de ingresos.

En carta dirigida a los Gobiernos, también al español, la organización aboga por un sistema fiscal justo basado en el principio de «quien contamina, paga», comenzando por un impuesto justo sobre la riqueza, un impuesto a los vuelos VIP (premium flyers) y un impuesto permanente sobre los beneficios de los combustibles fósiles. Solo un impuesto Zucman del 2% sobre la riqueza la UE podría disponer de 67 mil millones de euros anuales, el equivalente a más de siete veces la contribución anual realizada al Fondo Social por el Clima [4] para todos los países de la UE y casi diez veces más que la contribución de las instituciones europeas a la acción climática en los países del Sur Global [5]. 

“Frente a la crisis climática y los grandes retos sociales como la vivienda y los servicios públicos, los impuestos no son opcionales: son una garantía de inversión pública. Proteger nuestro planeta no puede depender de la caridad de los multimillonarios, sobre todo cuando vemos que su riqueza es parte fundamental del problema”, recuerda García Paret.


Notas

Notas:

[1] El análisis fue realizado por el Forum Ökologisch-Soziale Marktwirtschaft (FÖS) e.V. por encargo de Greenpeace Europa Central y Oriental. Este informe se basa en la investigación realizada a nivel global en junio de 2026.

[2] La deuda climática es el coste económico de las emisiones en exceso de quienes han superado con creces el límite individual disponible para evitar que el planeta se caliente más de 1,5 °C. Metodología de cálculo y origen de los datos: El estudio analiza las emisiones desde dos perspectivas independientes: la propiedad (atribuyendo emisiones a grupos de riqueza según los activos e inversiones contaminantes, siguiendo a Chancel y Rehm, 2025b) y el consumo (según niveles de ingreso y patrones de consumo, con datos del SEI y World Inequality Lab). Para valorar el impacto económico, el exceso de emisiones se multiplica por el coste social del carbono (Deuda climática=Exceso de emisionesCSC), aplicando la estimación de Moore et al. (2024) de 283 US$/tCO₂ (2020) convertida a euros de 2022. Atención: Ambos enfoques son metodológicamente diferentes y no deben sumarse en una cifra conjunta de 380.000 millones de euros. (Más detalles en la pág. 10).

[3] La deuda climática no debe interpretarse como una obligación fiscal directa, sino como un daño económico que debería ser gestionado, también mediante fiscalidad.

[4] El Fondo Social para el Clima (FSC) de la Unión Europea es un mecanismo creado dentro del paquete legislativo Fit for 55 para proteger a los colectivos con menos recursos mediante rehabilitación en barrios y entornos urbanos vulnerables, la rehabilitación energética de edificios y viviendas, la instalación de comunidades energéticas, sistemas de calefacción o refrigeración limpios, el apoyo a la vivienda social asequible; la descarbonización del transporte por carretera para autónomos y micropymes, el fomento del uso de la bicicleta, la electrificación del transporte público, el impulso del Abono Único Social, el apoyo al uso compartido de vehículos eléctricos en el medio rural, etc. El fondo operará durante el periodo 2026–2032 y movilizará en total al menos 86.700 millones de euros en toda la Unión Europea.

[5] International climate finance


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