13 de octubre, Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres

Prevenir para proteger: Greenpeace reclama reforzar la gestión rural y la seguridad urbana ante el aumento de incendios, olas de calor e inundaciones

09-10-2026

  • La organización apela a la inversión preventiva, las soluciones basadas en la naturaleza y el cuidado del patrimonio natural como las mejores herramientas de protección y adaptación 
  • La Agencia Europea del Medio Ambiente ha demostrado que cada euro invertido en prevención ahorra hasta siete euros en reparaciones tras los eventos extremos
  • En España cada euro invertido en prevención de incendios forestales ahorra 100 en extinción
  • Greenpeace destaca la importancia de apoyar al sector primario y a los municipios rurales como actores clave en la conservación y prevención de grandes incendios

Con motivo del Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, que se celebra el próximo 13 de octubre, Greenpeace hace un llamamiento a las Administraciones públicas y a la sociedad para priorizar la preparación, la inversión en prevención y el cuidado de nuestro entorno como la vía más eficaz para garantizar la seguridad de los hogares, la economía local y las futuras generaciones frente a los eventos meteorológicos extremos.

Frente al impacto recurrente de olas de calor, incendios forestales, inundaciones y danas, la organización enfatiza que actuar con previsión no solo salva vidas, sino que protege la riqueza de nuestros pueblos y ciudades y reduce, de forma significativa, los elevados costes económicos de la reconstrucción tras cada emergencia.

Numerosos informes internacionales avalan los beneficios de la prevención: la Agencia Europea del Medio Ambiente ha mostrado que las medidas de adaptación climática y gestión tienen un retorno de entre 4 y 7 euros por cada euro invertido.

Es importante reconocer con claridad la raíz del problema: el cambio climático está intensificando estos fenómenos extremos y la evidencia muestra que las grandes corporaciones de combustibles fósiles tienen una responsabilidad máxima en esta trayectoria.

“El camino a seguir pasa por proteger lo que amamos —nuestros hogares, nuestro entorno y el bienestar de nuestras familias— requiere proteger el futuro con valentía, lo que convierte la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y la transición hacia energías limpias en una tarea urgente e imprescindible”, señala María José Caballero, portavoz de Greenpeace. “Invertir hoy en reducir emisiones no es solo una medida de precaución ambiental, sino la decisión más sensata para garantizar la seguridad, la estabilidad económica y la prosperidad de las próximas generaciones”.

El mundo rural y el sector primario: la primera línea de defensa

En materia de incendios forestales, Greenpeace subraya el valor insustituible del mundo rural. Al agravamiento de los incendios debido al cambio climático se une la despoblación y el abandono de los usos tradicionales del suelo, que incrementan la vulnerabilidad de los montes. Por ello, la organización reclama un mayor respaldo a la agricultura y ganadería sostenibles y la gestión forestal local, cuya actividad diaria es indispensable para mantener el paisaje limpio y fragmentado de forma natural. El coste de prevenir aporta beneficios económicos, sociales y ambientales: cada euro en gestión ahorra 100 en extinción.

“Nuestros montes y pueblos representan nuestro patrimonio, nuestra historia y nuestro futuro. La mejor estrategia contra el fuego no puede improvisarse en verano; se construye durante todo el año apoyando a quienes viven del campo y cuidan de la tierra y a quienes gestionan los montes”, añade Caballero. 

Proteger a los más vulnerables y adaptar los municipios

Greenpeace demanda adaptación de los municipios con un enfoque basado en la protección de las personas más vulnerables y destacando la renaturalización de espacios urbanos y fluviales.

  • Olas de calor: incorporar más vegetación adecuada, sombras, refugios climáticos y soluciones basadas en la naturaleza en pueblos y ciudades para mejorar la calidad de vida y proteger la salud sin comprometer la actividad diaria. Un estudio en ciudades europeas muestra que aumentar la cobertura arbolada en las ciudades al 30% evitaría el 39,5% de las muertes prematuras atribuibles al efecto de isla de calor en verano. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y estudios del Instituto de Salud Carlos III, la adaptación de las ciudades —mediante sombras, vegetación y planes de prevención— es una medida de salud pública crítica que reduce significativamente los picos de atención en urgencias y la mortalidad en mayores de 65 años durante las olas de calor.
  • Inundaciones: recuperar el espacio natural de los ríos y humedales y cuidar las cuencas hidrológicas es la medida de ingeniería más prudente y eficaz para aminorar la fuerza del agua y evitar pérdidas patrimoniales y agrícolas. Restaurar cauces naturales de ríos y zonas húmedas resulta hasta un 50% más barato que construir defensas de hormigón a posteriori o pagar los daños en bienes e inmuebles tras riadas graves. Impedir la urbanización en zonas inundables salva vidas: el registro de la condición de “zona inundable” busca evitar tragedias históricas (como la dana de Valencia de 2024) concienciando antes de construir.
  • Temporales y subida del nivel del mar: una mayor protección a lo largo de las zonas costeras pobladas y de vital importancia económica evitaría gastar 220.000 millones de euros anuales en pérdidas por inundaciones del litoral para finales de este siglo en Europa, donde prevenir y proteger la costa supondría un coste anual inferior a 2.000 millones de euros desde ahora hasta 2100. Además, 1,4 millones de personas menos estarían expuestas cada año a inundaciones costeras.

“Frente al impacto de los eventos extremos, cuidar de lo que es de toda la sociedad es una responsabilidad urgente. Planificar hoy con rigor, invertir en nuestro entorno rural y preparar nuestros municipios es la garantía más sólida para legar una tierra segura y próspera”, concluye Caballero.


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