Claves hacia una cultura de riesgo frente al fuego
Todavía seguimos en shock por las 13 personas fallecidas en el municipio almeriense de Los Gallardos y la cantidad de personas desaparecidas. Todo nuestro apoyo y fuerza a sus seres queridos.
La tragedia pone de manifiesto una realidad clara: el cambio climático está generando condiciones cada vez más favorables para la propagación de incendios de alta intensidad.
Una chispa de una radial, de un poste, un rayo, etc no puede generar este desastre humano, ambiental, económico. Vivimos en un país en el que 55 % del territorio es forestal. El cambio climático está incrementando las condiciones favorables para incendios más intensos y peligrosos.
Necesitamos pasar de una cultura centrada en que nos rescatan y en apagar el fuego a una verdadera cultura forestal y cultura del riesgo. Así habrá más percepción del riesgo que reducirá esa primera chispa y también sabremos cómo actuar cuando lleguen las llamas. Esto será fundamental también para colaborar y ayudar a un operativo que cada vez exhausto se enfrenta a situaciones de máxima peligrosidad. Desde aquí mi reconocimiento al trabajo de los profesionales de los dispositivos de extinción, emergencias, protección civil, servicios sanitarios, etc.
Muchas entidades llevamos años diciendo que lo que pasó en Pedrogao Grande (Portugal) o en Matti (Grecia) podía pasar aquí. Disponemos del escenario perfecto para las llamas: alta siniestralidad (95% incendios originados por causa humana), un territorio más caliente, más seco y más inflamable, unido al abandono rural, incremento de la superficie forestal y la creciente presencia de viviendas y población en contacto con espacios forestales, está aumentando la exposición y vulnerabilidad de la sociedad.
El riesgo cero de incendios no existe. Aunque bajará a cero el causado por el ser humano, quedará el rayo o la combustión espontánea. Toca prepararse hacia incendios de baja intensidad que no ocasionan este drama.
Las zonas de alto riesgo deben cumplir plan preventivo (Ley de Montes) y planes de emergencia Local (Directriz Básica de protección civil). A lo largo de estos años, desde Greenpeace hemos visto un aumento de planes aprobados, pero ¡ojo! hay que implementarlos dotarlos de recursos y trasladarlos a la sociedad mediante información, formación, participación y simulacros.
Sin conocimiento no hay autoprotección, y sin recursos no puede exigirse responsabilidad.
Vamos a dar unas claves sobre la vulnerabilidad en las zonas de alto riesgo de incendio. Voy a poner como ejemplo algunos datos de Los Gallardos, sin cuestionar ni mucho menos las decisiones operativas adoptadas o el desarrollo de la evacuación.
CLAVE 1. Identificar y cartografiar las zonas de riesgo de incendio forestal
Para gestionar el riesgo hay que identificarlo. Las zonas de riesgo de incendio, deben estar identificadas, cartografiadas y disponibles en la web.
Por ejemplo, el municipio de los Gallardos sí está reconocido como zona de riesgo y tiene cartografía disponible. En dichas zonas, por normativa autonómica es obligatoria la elaboración y aprobación de los Plan Local de Emergencias por Incendios Forestales (PLEIF). Sin embargo, no está disponible en web o no hay.
Por otro lado, según la normativa autonómica, los núcleos de población aislada, urbanizaciones, cámpings, empresas e instalaciones o actividades ubicadas en Zona de Peligro habrán de contar con su Plan de Autoprotección que será elaborado, con carácter obligatorio y bajo su responsabilidad, por sus titulares, propietarios o representantes y aprobado por el municipio correspondiente.
Un 28,5 % de la población de los Gallardos vive de forma dispersa (diseminado), un dato relevante porque casi la tercera parte de la población debería tener un plan de autoprotección.
CLAVE 2. Diseñar e implementar los planes preventivos y emergencia local
Los planes de Emergencia por Incendios Forestales en zonas de alto riesgo concretan a nivel municipal la organización y las actuaciones previstas adaptándolas a las características del territorio y de su población. Estos planes deben integrarse en el de la comunidad autónoma y deben ser conocidos por la población.
Las actuaciones previstas serán fundamentales para organizar evacuaciones o confinamientos. ¡Evacuar, no es huir! ¡La emergencia está planificada!
CLAVE 3. Comunicar, testar teniendo en cuenta la realidad de la población residente y visitante.
Para que un plan de emergencia sea efectivo debe conocer y adaptarse a la población que pretende proteger.
Por ejemplo, en Los Gallardos, 887 de sus 3.109 habitantes viven en diseminados, el 32,1 % tiene más de 65 años y el 38,5 % de la población residente es extranjera, factores relevantes para garantizar los avisos, planificar evacuaciones y confinamientos y adaptar los canales, formatos e idiomas de la información. El PLEIF debe ser accesible y fácilmente localizable, pero su publicación no es suficiente: debe acompañarse de simulacros periódicos, campañas de información y formación adaptadas a las características de la población para garantizar que todas las personas conozcan los sistemas de aviso, las zonas seguras y las medidas de autoprotección.
CLAVE 4. Compromiso de quienes viven en el medio natural
Tras el diseño de los planes, y su comunicación y formación, nada de lo anterior será efectivo si la población no asume su responsabilidad. Es frecuente escuchar la frustración de operativos y protección civil por la escasa asistencia a charlas. O de no prevenir actuaciones o no conocer unos básicos. Por ejemplo, dejar los coches fuera en vías por donde los operativos no pueden acceder.
También será fundamental que las personas cámpings, empresas e instalaciones o actividades ubicadas en las zonas de riesgo trasladen lo aprendido, incluso las personas que alquilen sus casas sobretodo en urbanizaciones y más aún en casas aisladas.
CLAVE 5. Inversión y seguimiento para hacerlo posible
La resiliencia frente a los incendios forestales requiere invertir y fortalecer diferentes capacidades de las comunidades. Sobretodo asegurar recursos y acompañamiento a los municipios rurales más pequeños.
Y cuando hablamos de recursos, hablamos de dinerito que es donde se ve la priorización de un problema creciente. A cinco niveles: capital humano, mediante por ejemplo jornadas de formación y capacitación en prevención y autoprotección; capital físico, con infraestructuras y recursos adecuados, como hidrantes contra incendios en urbanizaciones y comunidades de propietarios; capital social, fomentando la organización, participación y el voluntariado de protección civil en actividades de prevención y concienciación; capital natural, mediante la gestión sostenible del territorio y actividades como la ganadería extensiva que contribuyen a reducir la carga de combustible y prevenir incendios; y capital financiero, garantizando inversión pública suficiente y estable para ejecutar medidas de prevención y defensa frente a incendios forestales, especialmente en las zonas de interfaz urbano-forestal.
En 2023 hicimos una radiografía de las distintas comunidades autónomas. El cumplimiento de estos planes ha avanzado pero como vemos queda mucho por hacer.
Es fundamental incrementar la conciencia del riesgo para prevenir y saber actuar.
- ¿Sabes si tu casa está preparada ante el riesgo de incendio? Aquí tienes la calculadora de Greenpeace https://riesgodeincendios.org/ Conocer el grado de exposición de tu vivienda frente a un incendio forestal es fundamental para poder tomar las medidas adecuadas de prevención.
- ¿Sabes qué hacer en caso de incendio forestal?¿Sabes si tu municipio tiene plan preventivo y de emergencia local?
¡Pregunta y exige! Forma parte de una comunidad activa frente al riesgo de incendio, frente al riesgo de eventos agravados por el cambio climático.
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