Entrada de blog por Pedro Zorrilla Miras - 10-08-2026


Las lecciones que nos dejan los (de momento) peores incendios de la Península

El fuego que asola la península ibérica es consecuencia de muchos factores que, juntos, forman el cóctel perfecto para los incendios históricos que estamos viviendo: el abandono rural, la falta de pastoreo y aprovechamiento forestal, la escasez de recursos y la deficiente gestión forestal, la falta de prevención y preparación, etc. son ingredientes directos de estos incendios.

Y a todas estas carencias y problemas, el cambio climático añade otra capa más de intensidad y gravedad: las altísimas temperaturas durante tantos días seguidos resecan tanto la vegetación que, cuando surge una chispa, multiplican el riesgo de provocar un incendio incontrolable (de sexta generación).

No siempre ha habido estos incendios en verano. La gran profesionalidad y especialización de nuestro cuerpo de extinción de incendios ha evitado la pérdida catastrófica de viviendas e infraestructuras clave, pero no las más importantes: las de las vidas humanas. Las consecuencias están siendo gravísimas y se añaden a la creciente aridez que el cambio climático está trayendo a España.

Lecciones de las que debemos aprender para evitar errores en el futuro

Ante lo que estamos viviendo este verano queda más claro que nunca que necesitamos una respuesta integral como sociedad que responda a la vez a dos grandes retos que ya son ineludibles y cada vez más urgentes: la adaptación y la mitigación (reducción de emisiones) al cambio climático. Tenemos que aplicar medidas con ambos propósitos a la vez

  1. Entre las medidas de adaptación, deben estar las que se llevan reclamando desde hace décadas para la prevención de desastres naturales como incendios o inundaciones: medidas de preparación al riesgo, medidas de prevención, una buena gestión del territorio que reduzca el riesgo de incendios y evite inundaciones de infraestructuras, etc. Esencialmente, garantizar lo que pide la población y las personas expertas en gestión forestal, gestión de ecosistemas y gestión de inundaciones. 
  2. A los humanos nos cuesta, por definición, cambiar. La costumbre nos ahorra mucha energía. Sin embargo, con dosis de optimismo, sabiendo que los cambios son para mejorar y con un liderazgo positivo, es como hemos conseguido progresar como especie en este planeta: siempre hemos cambiado, y muchas veces, a mejor. Necesitamos un liderazgo político valiente, positivo e inteligente.
  3. La adaptación y mitigación que necesita el planeta y necesitamos como especie requiere una importante inversión inicial durante un periodo de años importante para conseguir evitar las peores consecuencias de la crisis climática. La crisis del Covid nos enseñó que esto es posible: en momentos excepcionales, medidas excepcionales consiguen la movilización económica necesaria. 
  4. Las grandes empresas de combustibles fósiles, o dependientes de ellos, llevan décadas invirtiendo ingentes cantidades de dinero en que nada cambie, para poder seguir estrujando los yacimientos petrolíferos a costa del sufrimiento del conjunto de la población. Debemos aplicar nuevos impuestos a las grandes empresas contaminadoras por los combustibles fósiles y a las fortunas inmensas y así conseguir la triple corona: a) adquirir los recursos necesarios para la adaptación y mitigación, b) desincentivar las actividades más contaminantes y premiar las más sostenibles y c) reducir la flagrante desigualdad social que no para de escalar y acercarnos a una sociedad más justa.
Qué nos aporta aplicar medidas de adaptación y mitigación

Muchas medidas se pueden avanzar a la vez adaptando y reduciendo emisiones. Por ejemplo, aumentando la superficie vegetal en las ciudades se reduce el efecto isla de calor y, a la vez, se absorbe CO2 (el principal gas de efecto invernadero). O fomentando el transporte público y las bicicletas: se reducen emisiones, la contaminación y el calor en las urbes. 

Las medidas de adaptación y mitigación del cambio climático mejoran nuestra calidad de vida. Por ejemplo, instalar paneles solares en las viviendas reduce emisiones y abarata la factura de la luz. O conseguir comer más alimentos vegetales de calidad y menos productos cárnicos procesados reduce emisiones a la vez que mejora nuestra salud.  

Este verano está siendo un infierno. No dejemos que sea en vano: que el sufrimiento y las desgracias vividas nos sirvan para despertar como sociedad y para darnos cuenta de que no, esto NO es normal, y que SÍ, esto requiere un esfuerzo excepcional de toda la sociedad de forma coordinada. Las Administraciones públicas a todos los niveles tienen que liderar estos cambios, las empresas entender el cambio necesario y la sociedad empujar hasta conseguirlo. Porque lo conseguiremos.

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