Las ciudades necesitan otras fórmulas
La llegada de la Fórmula 1 a Madrid es el símbolo perfecto del denominado City Branding o ciudad marca: una estrategia que convierte la ciudad y sus aledaños en un escaparate turístico mientras se desatienden las urgencias cotidianas. Este modelo se está replicando en la mayoría de urbes medianas y grandes. Y, una vez más, son las propias Administraciones las que lideran este modelo, destinando recursos de dudoso retorno a un circuito urbano que altera la vida de los barrios y da la espalda tanto a la ciudadanía como a la emergencia climática.. De esta forma, y bajo este modelo, la ciudad se diseña y se vende como cualquier otro producto económico con el objetivo de atraer al turismo y a los grandes fondos de inversión (como ha pasado también en Barcelona, Sevilla, Bilbao, Vigo o Málaga…). No queremos ciudades para especular, necesitamos ciudades para vivir.
¿Prioridades reales o dinero público para la F1?
Si tuvieras 200 millones de euros, ¿qué harías por tu ciudad? En un estudio de percepción elaborado por Solbeck Consulting y encargado por Greenpeace en Madrid y en toda España, preguntamos cuál sería la prioridad en el desarrollo urbano si hubiera que invertir ese dinero (lo que ha costado el circuito de la F1 Madring hasta su estreno). La respuesta no deja lugar a dudas: servicios públicos, vivienda, transporte público y acción climática están entre las mayores prioridades y casi el 60% exige destinar ese dinero a adaptar los barrios al calor extremo, rehabilitar viviendas, prevenir incendios y garantizar un transporte público limpio y de calidad. Los macroeventos aparecen en el último lugar de la lista con un escaso 19% y llega a reducirse hasta el 6% cuando se pregunta por la mayor y única prioridad.
El impacto negativo a nivel ambiental y social de la F1
El ruido, las emisiones y el fantasma de lo sucedido en Valencia, son el reverso que no se cuenta. Un 80% de las personas encuestadas muestra preocupación por el impacto negativo a nivel ambiental y social y quiere soluciones. Hay que tener en cuenta que cada gran premio de F1 tiene unas emisiones totales asociadas de más de 40 mil toneladas de C02e. Sería aproximadamente el 10% de las emisiones generadas por los incendios de julio en la Comunidad de Madrid. Además, el desgaste de los neumáticos supone un verdadero problema de salud pública por la emisión de partículas en suspensión. Y del ruido ni hablamos, los monoplazas recorriendo los barrios del noreste de la capital hacen más ruido que un taladro perforando hormigón, superando más del doble de lo permitido.
Frente a esto, y a pesar de las protestas vecinales, los responsables han pedido “sacrificios” al vecindario, han suspendido las normas ambientales y de salud y han solicitado al Gobierno que declare la F1 en Madrid de “excepcional interés público” para poder perdonar impuestos a los patrocinadores. Pero hay más.
También venden la idea de que esto no nos costará un solo euro y que no tiene repercusión en la sanidad, las escuelas infantiles o el sueldo del cuerpo de bomberos. También lo dijeron con la F1 en Valencia y…, ¡mira la foto y saca tus propias conclusiones! Y es que los estudios internacionales señalan que este tipo de premios solo se sostienen palmando dinero público. De momento, se han gastado 200 millones de euros de dinero público en el trazado urbano, a los que habrá que sumar el canon anual a pagar al fondo americano Liberty Media (50 millones de euros) entre otros gastos.
La ciudadanía ve la trampa de lejos y el estudio de Greenpeace lo confirma: el uso del dinero público es una línea roja con casi la mitad de las personas encuestadas rechazando de pleno poner un solo euro de impuestos para este espectáculo. Además, saben que este proyecto beneficiará a los de siempre: grandes patrocinadores y fondos de inversión (56,9%), por delante de los barrios 11,4% o el pequeño comercio local 13,9%.
En general, asumir que la F1 es un gran negocio no significa firmar un cheque en blanco. La fórmula clásica de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias ya no cuela.

¿Hacia dónde va el modelo de ciudad actual?
Esto no va de un debate simplista de «Fórmula 1 sí o Fórmula 1 no». Va de algo mucho más profundo: ¿en qué se gastan la pasta las Administraciones y qué modelo de ciudad nos están vendiendo? ¿queremos que las ciudades estén pensadas para las personas que las habitan o que sean un parque temático para que cuatro fondos de inversión especulen a costa de nuestros barrios?
Para los promotores de “Madring” -denominación del proyecto de Fórmula 1 para los próximos 10 años en la capital- la respuesta es muy clara. Como se dice en la web, “un nombre moderno y actual alineado con el nuevo concepto de circuito espectáculo, al estilo de Abu Dhabi, Miami y Las Vegas, donde el evento en sí traspasa los límites de la pista e impregna la ciudad”.

Lo que la ciudadanía realmente opina sobre su ciudad
El estudio de percepción encargado por Greenpeace trae datos reveladores que cuestionan esta visión de la ciudad: tres de cada cuatro personas quieren que su ciudad sea reconocida por su calidad de vida, servicios públicos y cohesión social o por ser un referente europeo en sostenibilidad urbana y calidad ambiental. Muy por delante de los que prefieren que sus ciudades alberguen grandes competiciones y acontecimientos deportivos internacionales. Y cuando ponemos las cartas sobre la mesa y preguntamos qué referente de ciudad prefieren (si el modelo de calidad de vida y sostenibilidad de Copenhague o Viena o el modelo de turismo masivo y macroeventos de Las Vegas o Miami) la gente lo tiene claro clarinete: 3 de cada 5 eligen el modelo europeo, y sólo 1 de cada 5 se queda con la opción estadounidense.
El modelo europeo vs. el modelo de macroeventos
¿Y qué están haciendo bien estas ciudades europeas para escalar en lo más alto en los rankings de calidad de vida y sostenibilidad y que la gente aspire a vivir en ellas?
Pues verás que no es magia, sino políticas públicas pensadas en y para la gente en un contexto de emergencia climática y desigualdad. En Copenhague, con más de 400 km de carriles bici, el 60% de la ciudadanía va a currar o a estudiar a dos ruedas, tienen el 98% de los hogares conectados a una red de calefacción urbana limpia (District Heating) y el 90% de la comida de colegios y hospitales es ecológica. Y en Viena, el 60% de los vecinos vive en viviendas públicas protegidas frente a la especulación inmobiliaria, han puesto en marcha la “ciudad de los 15 minutos”, con servicios públicos de proximidad, tienen un abono universal que te cuesta exactamente 1 € al día y avanza en la implantación de la idea de la ciudad 3-30-300; que establece que todo el mundo debe ver 3 árboles desde su casa o trabajo, contar con un 30% de sombra de vegetación en su barrio y vivir a menos de 300 metros de un parque. Es decir, más zonas verdes y menos asfalto, para tener más fresquito y que el único “ruido” que escuches sea el de pajaritos y niños y niñas jugando y no el de los motores. Algo que por aquí nos hace mucha falta.

En el polo opuesto tenemos Las Vegas, Miami o Dubái: los auténticos espejos en los que se mira el proyecto del Gran Premio de F1 en Madrid. Ciudades diseñadas bajo la premisa de la dependencia fósil y el derroche energético (ej: una persona un coche), la privatización del espacio público bajo la cultura del «pagando una entrada tienes derecho a todo». Lo que es evidente es que existe un abismo entre el modelo de ciudad de los promotores de los palcos VIP de la F1 y la ciudad sostenible y habitable que anhela la gente.
La alternativa sostenible para las ciudades
La ciudadanía necesita otras fórmulas: vivienda digna y asequible, transporte público sostenible de calidad y barrios preparados para el calor extremo, en lugar de macroeventos pagados con nuestro dinero y al servicio de unos pocos bolsillos. Hay muchas cosas que podríamos hacer con el dinero que se tragará la F1 durante los próximos 10 años. Mira las prioridades en las que podríamos invertir para construir ese lugar con el que soñamos, y que podría ser el tuyo:
- Vivienda digna y rehabilitada frente a los alquileres abusivos y la pobreza energética. Gracias al aislamiento térmico, autoconsumo y aerotermia protegeríamos barrios enteros de la inflación energética y las olas de calor extremo.
- Transporte público de calidad y Abono Único universal: sumar la ciudad a la iniciativa del Abono Único mensual a 30 € para jóvenes y colectivos vulnerables. Impulsaríamos la movilidad limpia de forma masiva en la ciudad y sus aledaños.
- La ciudad de los 15 minutos: reforzando servicios públicos de proximidad como las guarderías, recuperando los mercados de barrio y con parques cercanos.
- Infraestructura contra el calor: financiaríamos un plan de adaptación climática con escuelas y hospitales adaptados, red de refugios climáticos, corredores de sombra natural en los barrios con más «efecto isla de calor» y anillos exteriores de zonas renaturalizadas.
- Prevención de incendios, gestión forestal preventiva y refuerzo del cuerpo de bomberos.
- Anillo agrario regional con familias produciendo en ecológico, recibiendo bonos climáticos y contribuyendo a la soberanía alimentaria y sin depender de Ormuz.
- Energía limpia en manos de la gente: con comunidades energéticas en tejados públicos y de bloques de pisos, garantizando energía solar y bajadas de factura directas.
- Ecotasa turística e impuesto Airbnb, para que el turismo contribuya a mantener la ciudad y no al contrario.
Verás que dinero y soluciones para las ciudades que necesitamos no faltan. Lo que urge es alzar la voz contra un modelo urbano depredador que agrava la crisis climática y encarece la vida de la mayoría. La buena noticia es que somos muchas más para exigirlo.
¡Cambiemos la fórmula!
Escrito por Cristina Arjona y Carlos García-Paret, campaigners de Movilidad y Soluciones con Dinero Público de Greenpeace.
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