Entrada de blog por Greenpeace España - 16-08-2026


Por qué la justicia climática solo es posible con justicia racial

Por Moha Gerehou

España supera los 10 millones de habitantes extranjeros, la población racializada -personas negras, gitanas, latinas, moras y asiáticas- aumenta visiblemente pese a la falta de cifras y uno de cada tres bebés que nacen en el país tienen algún progenitor extranjero. O dicho de otro modo: la diversidad racial y migratoria es un fenómeno histórico, de presente y con futuro.

En este contexto la regularización de migrantes, aprobada tras años de lucha de movimientos antirracistas, ha supuesto un hito que mejorará la vida de miles de vecinos y vecinas en los próximos años. Un parche desde el que coger impulso para cerrar la fábrica de desigualdad que supone la migración y enfilar el objetivo final: una justicia racial en la que las condiciones raciales y migratorias no sean una sentencia irrevocable.

¿Y qué tiene que ver esto con la justicia climática? ¿Cómo me afecta en el día a día? La regularización es un ejemplo perfecto para explicar por qué la justicia climática sólo es posible de la mano de la justicia racial y cómo la acción individual y colectiva está en nuestra mano.

Imagen: Magnifik

En la regularización, a la que se acogen quienes provienen en su práctica totalidad de países colonizados, hay quienes migraron por la extracción de recursos sin límites de compañías extranjeras en sus países, por las limitaciones a la agricultura o la ganadería debido a las consecuencias de la crisis climática, conflicto bélicos alentados desde Europa o EEUU y otras causas que les empujaron a salir un día de casa con la esperanza de encontrar un futuro mejor. Ya una vez en países como España, las consecuencias de la migración dan más papeletas para vivir en la calle, caer en las garras de empresarios explotadores en campos que apuestan por un modelo agrario depredador para el territorio, habitar viviendas en peores condiciones para soportar inviernos duros y veranos intensos… y así con un infinito etcétera.

En la raíz, un modelo económico capitalista que decidió que sobre determinados cuerpos y territorios era legítimo que fueran explotados, saqueados y desechados en nombre del bienestar y el progreso de unos pocos.

Imagen: Magnifik

Así es como una medida que afecta a miles de vecinos y vecinas tiene tras de sí implicaciones en un sentido amplio. De ahí que incorporar una mirada antirracista y decolonial que reconozca que la lucha por el clima es también la lucha por la soberanía de los pueblos, por el retorno de los recursos y las tierras robadas y por la dignidad de las vidas que el sistema ha decidido ignorar.

Son reflexiones que llevan décadas entre nosotros, a veces postuladas desde los sures pero poco escuchadas en el Norte. El investigador martiniqués Malcom Ferdinand, en su propuesta de una ecología decolonial, sitúa a la crisis climática como la fase terminal de un modelo que comenzó con el colonialismo. Visualmente lo explicó con el ejemplo de un barco en medio de una gran tormenta. En ella, ilustra cómo la lucha climática tradicional solo busca que el barco no se hunda, mientras desde una perspectiva decolonial el foco se situaría también en quién pasa el temporal desde la cubierta y quiénes van encadenados en la bodega del barco enfrentándose a lo peor de la tormenta.

La justicia climática y la justicia racial actúan como cabezas de una misma hidra, pero aquí lo importante es llamar a la acción. Ante la crisis climática y las consecuencias del racismo y el colonialismo, quedarse quietos no es una opción. 

Greenpeace es una entidad con décadas de historia y la capacidad de llegar a cualquier rincón del mundo. Una fortaleza que nos arriesgamos a desperdiciar también en la búsqueda de una justicia racial que nos interpela, afecta y ayuda a sumar a construir el mundo que queremos.

Greenpeace será verdaderamente transformadora cuando el antirracismo vaya más allá de un apéndice o un par de acciones al año y sea una herramienta transversal a toda la entidad, de la plantilla a las campañas, pasando por la gobernanza. Cómo el equipo puede ser más representativo de la sociedad en la que trabaja, qué campañas antirracistas existen y cómo puedo brindarles apoyo o cómo me relaciono con los compañeros de países del Sur Global son cuestiones que merece la pena plantearse. 

Ampliar la mirada reduce la posibilidad de error, multiplica la posibilidad de éxito y abraza la esperanza. Trabajar por la justicia racial es hacerlo por la justicia climática. Hay que ponerse en marcha.

Autor: Moha Gerehou. Escritor, periodista y activista antirracista.

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Comentarios

1 comentario
Juan Carlos Otazu Pipaòn 16/08/2026

El racismo nos lo creamos nosotr@s mism@s , siendo parte de ellos , vivencias e informaciones interesadas , me explicó : si tengo un altercado con una persona o personas de otra condición o etnia , dependiendo de mí grado de tolerancia hacía esas personas buscaré o no razonar , de nuestras acciones y dichos depende que margìnemos o no , el racismo lo achacó a la utilización del miedo hacía el semejante , lo cual nos hacé más indefens@s a la hora de buscar soluciones conjuntas ante la EMERGENCIA CLIMÁTICA , racismo el justo y necesario , ES DECIR O .
Las marginaciones y racismos alimentan las guerras .

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