Entrada de blog por carmen - 28-04-2026


La salida renovable del callejón fósil

Las costuras del sistema energético pueden palparse en algunos rincones del mapa. El estrecho de Ormuz es un ejemplo clarísimo. 167 kilómetros de largo y una amplitud que oscila entre los cuarenta y los cien kilómetros: un paso angosto por el que hasta hace un mes circulaba a diario el 20 % del petróleo y del gas natural licuado que se consume en el planeta. El bloqueo de Ormuz —a consecuencia de los ataques de Estados Unidos e Israel a la República Islámica de Irán— ha vuelto a poner en evidencia la vulnerabilidad de muchas economías —como la española, como la del resto de países miembros de la Unión Europea— por su dependencia de las energías fósiles. En este contexto, Greenpeace acaba de publicar un informe que demuestra el potencial de la península ibérica para desconectarse “de los petroestados”. La apuesta de cara a 2040 pasa por utilizar fuentes energéticas renovables, reducir ostensiblemente el consumo y conseguir que sus emisiones sean de “cero neto”. Es decir, inferiores a los niveles que la naturaleza puede absorber de forma orgánica.

“Debajo de esta propuesta que lanzamos desde Greenpeace hay un cambio en el modelo productivo. Pasar de un modelo que depende de los combustibles fósiles y apostar por las energías renovables está vinculado a invertir en actividades que mejoren la vida de la gente y a dejar de lado una economía basada en el crecimiento con el único fin de producir riqueza y dinero. La suficiencia, que es uno de los tres conceptos clave de nuestro informe, prioriza el bienestar colectivo, la prosperidad compartida frente al derroche de unos y la escasez que sufren otros”, razona Sara Pizzinato. Licenciada en Ciencias de los Materiales por la Università di Padova, esta experta en cambio climático y energía trabaja en Greenpeace España desde hace más de dos décadas.

Vivir mejor sin depender del coche

Uno de los campos en los que se ha centrado el estudio es la movilidad sostenible, palanca fundamental para activar cambios que vayan más allá de cambiar el pozo de petróleo por paneles solares. “Vivimos en una sociedad donde el 40 % de la población no tiene carné de conducir, pero en muchas partes del país la movilidad está basada en el coche porque no existe una buena red de transporte público. La movilidad basada en el automóvil particular no es segura ni asequible ni accesible (porque no es garantía de movilidad universal). Este es el momento perfecto para entender que hay que abandonar para siempre los combustibles fósiles mejorando la vida de las personas”, argumenta Pizzinato. La experta recuerda que el petróleo —igual que ocurre con el uranio que alimenta a las centrales nucleares— hay que traerlo hasta España y Portugal.

Eficiencia y suficiencia para templar el clima

La vulnerabilidad, por tanto, “es muy grande”. Las renovables, además, tienen poderosas aliadas ante los bandazos de la geopolítica: la suficiencia y la eficiencia. Gracias a la combinación de ambas sería posible rebajar el consumo energético hasta en un 39 % mejorando la calidad de vida de la gran mayoría de las personas y eliminando los usos más derrochadores o las actividades más perjudiciales para las personas.

Según explica Pizzinato, reducir la demanda de energía no está ligado a una peor calidad de vida y también permitirá cumplir con nuestra parte de la responsabilidad con el Acuerdo de París. Limitar la subida de la temperatura por debajo de los 1,5 grados centígrados es clave, a su vez, para una vida digna. “¿Cómo afectará a nuestra vida cotidiana que no logremos ese objetivo? Habrá mayor probabilidad de olas de calor —algo que ya vemos en España—, danas, incendios de cuarta generación —extremadamente difíciles de apagar—…” Y no todo serán fenómenos meteorológicos con una capacidad destructiva muy evidente, añade la experta. Otros impactos serán mucho más cotidianos: “Si no frenamos el aumento de temperatura, cosas tan placenteras como preparar un buen café o comer unas tostadas con aceite de oliva virgen podrían llegar a ser imposibles o muy prohibitivas. Los cafetales o los campos de olivos sufren mucho con la alteración de los procesos de floración o con las grandes sequías”.

Reducir y reciclar los minerales críticos

Apostar por una transición energética como la que propone Greenpeace en Energía para vivir mejor supone también reducir la presión sobre los minerales críticos. Por ejemplo, combinar medidas de reducción de la demanda energética con una apuesta decidida por el reciclaje de los minerales —frente a la extracción en minas— reduciría la demanda en España y Portugal de materias primas como el litio —esencial, por ejemplo, para la movilidad eléctrica— en un 75 % respecto a un despliegue de la transición energética donde no se reduzca la demanda energética ni se apueste por el reciclaje.

Los beneficios de los tiranos

Apostar por un sistema energético suficiente, eficiente y cien por cien renovable ahorraría —en el caso español— alrededor de 25 mil millones de euros anuales respecto a seguir con las políticas actuales. Actualmente, se destinan a las grandes compañías energéticas para importar combustibles que controlan “los tiranos de los fósiles”, como los define Greenpeace. Putin y Trump son dos ejemplos evidentes. Desde que arrancó la guerra de Irán, las petroleras españolas están ingresando 11,5 millones al día en concepto de beneficios extraordinarios. Algo equivalente ocurrió cuando el ejército ruso invadió Ucrania en febrero de 2022 y, en ese caso, el Gobierno impuso un impuesto sobre los beneficios extraordinarios de las petroleras.

barco petrolero
Fiscalidad contra la especulación energética

Pizzinato relata cómo Repsol maniobró para quitar ese impuesto, “amenazando con no realizar las inversiones en transición energética a las que se había comprometido”. A pesar de que estemos en mejor situación respecto a 2022 —gracias al gran avance de las energías renovables—, tenemos que aprender del efecto que tuvieron las ayudas en ese contexto tan similar al actual.

Lobbies contra el Contrato Social Verde

Con los gasoductos cerrados, desde Moncloa se olvidaron de utilizar la fiscalidad como una herramienta que pellizcara a los especuladores energéticos. Se prefirió subvencionar a los conductores para rellenar el tanque de sus vehículos. Una buena parte de las ayudas supuso un chute de subvenciones tóxicas en la economía que ralentizaron la transición ecológica, fueron un lastre para las cuentas públicas, no contribuyeron eficazmente a la justicia social y engordaron los beneficios de las corporaciones contaminantes, especialmente en el sector del gas, los carburantes y los agroquímicos. Recuperar impuestos temporales a beneficios extraordinarios a las empresas energéticas y extenderlo a las empresas armamentísticas supondría un cambio de rumbo.

“Desde luego, el lobby que representan estas grandes corporaciones es uno de los grandes impedimentos para que el Gobierno de España firme el Contrato Social Verde que le planteamos desde Greenpeace, que contempla impuestos sobre los ingresos extraordinarios que obtienen las petroleras en contextos como el actual, un escudo social verde ante la inflación fósil y un plan ambicioso de abandono de los combustibles fósiles para 2040. Por otro lado, tenemos a Iberdrola y Endesa presionando para alargar la vida útil de Almaraz por lo menos hasta 2030 cuando, en esa zona de Extremadura, el tapón que representa la central nuclear está provocando que casi la mitad de la energía renovable que se podría producir no llegue a las casas porque la red eléctrica no da para evacuar la energía de las renovables —barata y limpia— y de la central nuclear”, comenta la experta.

Altri: la movilización social funciona

No obstante, Pizzinato apuesta por el optimismo gracias a ejemplos cercanos y recientes en los que Greenpeace ha desempeñado un papel fundamental: “Los cambios que reclamamos son posibles. No olvidemos que Altri, aquella macropapelera en el corazón de Galicia, es un proyecto que acaba de morir definitivamente porque no se le dio acceso a la red eléctrica que tendría que haber alimentado a la fábrica. ¿Cómo se consiguió evitarlo? Por la movilización —popular y transversal— de todas las capas de la sociedad que se estaban viendo afectadas”.

¡ Comparte !


Comentarios

0 comentarios

¡ Comparte !