Calor y sequía: la kriptonita de la energía nuclear que no conocías
La fragilidad de la energía nuclear frente al calor no es una hipótesis de futuro, ya es una realidad que alcanza magnitudes significativas y que estamos viviendo hoy mismo. Este verano, no paran de sucederse las noticias alertando de que más de un tercio de la potencia nuclear existente en Europa ha llegado a estar no disponible simultáneamente debido a olas de calor con más de 40º o a la sequía extrema que ha dejado el Danubio seco. Bélgica, Suiza, República Checa, Finlandia, Francia, Reino Unido, Hungría, Rumanía, Suecia y Eslovaquia se han visto obligados a parar o han sido incapaces de arrancar centrales por estos motivos.
¿Y qué tiene que ver la energía nuclear con la sequía?
Un gigantesco radiador dependiente de los ríos
A menudo se presenta a la energía nuclear como la solución definitiva para sostener nuestro sistema eléctrico. Sin embargo, existe una debilidad estructural que el cambio climático está dejando al descubierto: las centrales nucleares son extremadamente vulnerables al calor extremo y a la falta de agua, como está sucediendo este verano. Frente a un clima cada vez más adverso, depender de plantas que sufren directamente las consecuencias de las altas temperaturas y las sequías pone en riesgo la propia estabilidad del suministro energético.
Para entender el problema, hay que mirar cómo funciona un reactor nuclear:
- Utiliza enormes cantidades de agua para enfriar las pastillas de uranio y absorber su calor extremo.
- Con ese calor el agua se convierte en vapor para hacer girar las turbinas y producir electricidad.
- Para cerrar el ciclo, ese vapor debe enfriarse continuamente para volver a convertirse en agua líquida.
Los ríos y el mar funcionan, en la práctica, como un enfriador gigante. Pero, ¿qué ocurre cuando la fuente de refrigeración falla debido a las condiciones climáticas?

Olas de calor y sequía: la combinación que paraliza reactores nucleares
Cuando coinciden olas de calor prolongadas y sequías severas, se desencadenan varios problemas críticos:
- Falta de caudal: el nivel de los ríos puede bajar tanto que las boquillas de succión de la planta quedan literalmente por encima del agua, impidiendo la recogida del caudal necesario.
- Límites ambientales: por ley está prohibido devolver al río agua excesivamente caliente, ya que destruiría el ecosistema fluvial. Por tanto, la central se ve obligada legalmente a bajar su potencia o a apagarse por completo.
Reducir la potencia o apagar una central nuclear no es un proceso sencillo ni inmediato; requiere cumplir complejas restricciones técnicas y protocolos de seguridad. Cuanto mayor es el peso de la energía nuclear en la red de un país, más crítica y peligrosa resulta esta vulnerabilidad para el sistema eléctrico.
Un riesgo de seguridad que no tienen otras tecnologías
Este inconveniente de refrigeración afecta a todas las centrales térmicas, pero las nucleares presentan un peligro añadido: no pueden detenerse fácilmente.
El inconveniente de las centrales nucleares es que no pueden perder la refrigeración. Si sucediera, el núcleo se fusionaría y podría desencadenarse una contaminación radiactiva (como pasó en Chernobyl o Fukushima).
Por otro lado, existe el caso de las instalaciones con torres de refrigeración (las típicas chimeneas que expulsan columnas de vapor de agua), muy comunes en España (con la excepción de Vandellós II en Tarragona, que se refrigera con agua del mar). Estas centrales evaporan el agua extraída en lugar de devolverla al cauce. En periodos de escasez hídrica, se convierten en enormes consumidoras de agua, compitiendo directamente con otros sectores que sufren restricciones.

La energía nuclear sigue suponiendo un riesgo innecesario
La energía nuclear es una energía del pasado para el clima del pasado. Con el cambio climático, los episodios de altas temperaturas y sequías van a ser cada vez más frecuentes. Ya tuvimos una primera experiencia con la sequía que afectó Catalunya en 2024 y amenazó al funcionamiento de la central nuclear de Ascó.
Confiar el futuro energético a una tecnología incapaz de funcionar durante las olas de calor y las sequías es un riesgo innecesario. Las centrales nucleares no solo consumen recursos hídricos vitales en momentos de escasez, sino que su paralización forzosa pone en jaque la estabilidad del sistema precisamente cuando más demanda de energía existe.
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