Los desastres geopolíticos de la energía nuclear
🫵 Únete el próximo sábado 23 de mayo, a las 18:00 en Nuevos Ministerios (Plaza San Juan de la Cruz, Madrid), Greenpeace y un centenar de organizaciones ecologistas y sociales convocan a la ciudadanía a una acción reivindicativa a las puertas del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para exigir la jubilación nuclear. Exigimos el cumplimiento estricto del cierre de Almaraz I en noviembre de 2027 y el fin definitivo de la energía nuclear en España para 2035 🫵

Siempre que la energía nuclear aparece en escena, un incidente convencional se convierte en un verdadero problema geopolítico y todo tipo de teorías más o menos conspiranoicas inundan las redes. La historia del carguero ruso ‘Ursa Major’, que se hundió frente a las costas de Murcia en las navidades del 2024, da para una película de espías en toda regla, y todo porque la energía nuclear está en el centro de la trama. Lo que parecía un accidente marítimo más, ha estallado en la prensa internacional al revelarse que el barco no llevaba una mercancía cualquiera, sino las piezas de un engranaje atómico para mover la maquinaria de guerra.
El 23 de diciembre de 2024, el carguero ruso ‘Ursa Major’ mandó un SOS desesperado mientras navegaba a unas 60 millas de Cartagena (España). Oficialmente, la versión de las autoridades fue que sufrió una «explosión en la sala de máquinas». Pero la realidad es mucho más oscura: el buque, un viejo conocido de la flota “fantasma” rusa, registró varias detonaciones consecutivas y un agujero en el casco que ahora huele a sabotaje militar. Los tripulantes supervivientes fueron rescatados por los servicios españoles, mientras el buque y su misterioso cargamento sellado se iban directos al fondo del mar Mediterráneo.
¡Sorpresa! Transportaba reactores nucleares para Corea del Norte
¿Por qué tanto misterio? Las recientes investigaciones de la CNN han destapado el pastel: el propio capitán del barco confesó a autoridades españolas que transportaban componentes clave para dos reactores nucleares destinados a submarinos. Y aquí viene el giro geopolítico: el destino final no era el declarado, sino Corea del Norte. Justo después de que Kim Jong-un enviara tropas para apoyar a Rusia en la guerra de Ucrania, Moscú le devolvía el favor mandándole tecnología atómica avanzada para sus sumergibles militares. El hundimiento, que ahora se sospecha que fue un ataque con torpedos o minas para frenar este intercambio, ha dejado estos componentes nucleares en el fondo de nuestras costas, con el riesgo incierto de contaminación si estos reactores fuesen de segunda mano (ya irradiados) o cargados ya con combustible nuclear y un conflicto diplomático internacional a punto de estallar.
El Ursa Major es el enésimo ejemplo de que, una vez más, se complican salvajemente las cosas cuando hay energía nuclear metida en la ecuación. No es un caso aislado. Lo vemos en tierra firme con el temerario ataque de drones al sarcófago de la central de Chernóbil (link de informe de greenpeace), o los irresponsables intentos de Rusia de arrancarla central nuclear de Zaporiyia, en plena línea de frente Ucrania y usada como escudo y chantaje de guerra. Pasa lo mismo en Oriente Próximo: tener centrales nucleares en zonas calientes —como el caso particular de la central de Bushehr, en Irán, donde instalaciones supuestamente «civiles» se transforman en imanes para los misiles, amenazas de proliferación de armas y objetivos militares de primer orden.

Los desastres de la energía nuclear afectan gravemente a nivel geopolítico
La conclusión es de cajón: cuando entra en juego la energía nuclear, ya sea en centrales de uso civil para dar luz, o para impulsar buques o submarinos de guerra; solo sirve para multiplicar los peligros para la sociedad y el planeta. Mezclar el átomo con las tensiones internacionales transforma un simple accidente, un hundimiento o una disputa fronteriza en una potencial catástrofe radiológica regional. No existen los reactores «seguros» ni las intenciones puramente pacíficas cuando el uranio está de por medio. Para garantizar un futuro en paz y protegido de crisis geopolíticas incontrolables, la solución no es expandir la tecnología, sino apagar los reactores envejecidos y encender la única energía verdaderamente segura y soberana: las energías renovables.

Un mes después de que el terremoto, el tsunami y los desastres nucleares azotaran Japón, destruyendo vidas y provocando evacuaciones masivas, activistas de Greenpeace proyectan el mensaje antinuclear en español «No más Fukushima» en la Central Nuclear de Trillo. Esta y otras actuaciones en otras centrales nucleares españolas en funcionamiento se llevan a cabo para exigir el fin de la era nuclear.
© Greenpeace / Pedro Armestre
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Energía nuclear ¡ NO ! . EVITARLA ES VIDA .