Entrada de blog por Greenpeace España - 22-06-2026


Los incendios no se apagan solo con mangueras: más vale prevenir que lamentar

  • Visitamos las zonas arrasadas por los incendios de hace un año. Constatamos que los anuncios en materia de extinción no son suficientes; ante los nuevos incendios (más devastadores e inabarcables) la clave es la gestión forestal durante todo el año. Más información en este nuevo informe.
Secuelas de los incendios de 2025 en el noroeste peninsular.
Secuelas de los incendios de 2025 en el noroeste peninsular.

El 21 de mayo, bajo un sol de justicia, el presidente del Gobierno anunciaba desde el cuartel general de la UME en la base aérea de Torrejón, Madrid, el mayor despliegue de medios del Estado para la campaña contra incendios de este año.

“El pasado verano todos fuimos muy conscientes de la gravedad de la situación que atravesamos. La única respuesta inteligente y proporcional es escuchar a la ciencia, anticiparse y prepararse ante cualquier evento climático extremo”. Las palabras del presidente sonaban bien sobre el papel, especialmente en un contexto político donde la confrontación y los discursos de varias autonomías que niegan la crisis climática dificultan la inversión real en prevención estructural.

Casualmente, ese anuncio nos pilló a un equipo de Greenpeace (formado por una ingeniera de Montes, una química y un periodista) recorriendo el “Triángulo del fuego”, entre León, Zamora y Ourense, para comprobar el estado de las zonas afectadas diez meses después.

Cinco incendios quemaron dos veces la superficie de Ibiza

Cinco de los mayores incendios desde que hay registros (Larouco –el más grande de la historia–, Molezuelas de la Carballeda, Oímbra, Llamas de la Cabrera y Carballeda de Valdeorras) sumaron una superficie total devastada de 130.236 hectáreas; el equivalente a más de dos veces la isla de Ibiza entera reducida a cenizas.

Estábamos casi al final de una semana de trabajo y escuchar las palabras de Sánchez nos hizo reflexionar: está bien que se dote de recursos la campaña, pero tras ver paisajes enteros calcinados y hablar con quienes lo han perdido todo, la pregunta era inevitable: ¿son los costosos medios de extinción la verdadera solución ante la nueva generación de incendios?

Hablemos de severidad

Una de las cosas que hemos podido comprobar en esta visita es el actual nivel de destrucción. El aspecto de algunos pueblos afectados sigue siendo desolador. En numerosas zonas la severidad ha sido tan alta que, ni tras todas las abundantes lluvias del invierno, ha logrado brotar una sola brizna de hierba. El 47% de la superficie quemada en 2025 presentó una severidad alta, mientras que el 22% sufrió una severidad moderada-alta. La “negrura” del suelo erosionado llega a apreciarse hasta casi 20 centímetros por debajo de la superficie, y el olor a quemado todavía persiste en algunas laderas ¡casi un año después!

Los conceptos de “gestión forestal”, “planificación del territorio” o “limpieza de los montes” (¡como si la naturaleza estuviera sucia!) no son nuevos. Pero se repiten tanto que corren el riesgo de convertirse en mantras vacíos. El famoso “los incendios se apagan en invierno” se dice como un eslogan automático después de cada tragedia, pero la realidad es que no se concreta en los presupuestos.

La comunidad científica lleva años advirtiendo de que estos incendios ya no son los de antes; su velocidad e intensidad los hacen casi inabarcables. Ciencia confirmada en la realidad de los incendios. Quizás sea el momento de empezar a pensar de forma diferente: ¿Por qué se pone el foco económico al final del problema y se escucha tan poco a quienes mejor conocen la tierra?

«El 70% de los incendios quedan en menos de 1 hectárea. Pero en pocos incendios es donde ocurre el máximo daño, siendo prácticamente inapagables e ingobernables»

Muy pocos incendios queman casi toda la superficie

Los operativos son muy exitosos. El 70% de los incendios quedan en menos de 1 hectárea. Pero en pocos incendios es donde ocurre el máximo daño, siendo prácticamente inapagables e ingobernables. Tan solo el 0,77% de los incendios (65 de más de 8.000) fue responsable del 86% de la superficie quemada. De hecho, en nuestro recorrido, hemos hablado con vecinas y vecinos, pastores y pastoras, agricultoras y agricultores y todo el mundo coincide en la misma lección: “Si el fuego no llegó a las casas fue porque todo el pueblo salió a la calle a cortar la vegetación y perimetrar el pueblo con nuestras manos”. También señalan la falta de conocimiento local de los operativos: “Los mandan a jugarse la vida y no conocen el terreno, ni los accesos. Los camiones se atascaban en calles estrechas y cuando querían llegar, ya no podían hacer nada, todo había terminado”.

La mayoría de las personas con las que hemos conversado comparte una dolorosa sensación de abandono. “Nos mandaron un taxi para sacarnos porque no iba a venir nadie. Veíamos que el fuego era tan grande y voraz que el aire ya quemaba cuando las llamas estaban todavía a varios kilómetros”, nos contaban en diferentes municipios. El patrón se repite.

El abandono del campo y la ultraderecha

Esta impotencia ante incendios ingobernables genera el caldo de cultivo perfecto para la desinformación y los bulos. Ante la falta de respuestas institucionales, proliferan teorías de la conspiración de todo tipo: que si el fuego se ha provocado para poder extraer pizarra o litio; para vender la madera o para plantar viñedos… Relatos falsos que a menudo son alentados por discursos populistas para recoger votos de quienes buscan respuestas de las administraciones y no reciben ninguna. El origen real, sin embargo, nos devuelve a la responsabilidad humana: más del 95% de los incendios en España son causados por el ser humano (la gran mayoría por accidentes y negligencias vinculadas al uso del fuego en el campo, como las quemas agrícolas) espoleados por las olas de calor extremas de una crisis climática innegable, con los rayos, como causa natural.

Por eso nos preguntamos: ¿Por qué no se invierte de forma decidida en el territorio? Es urgente conocer el territorio; diseñar rutas de evacuación realistas; trazar planes de autoprotección en las zonas sensibles y mantener las pistas forestales para que los equipos de extinción no entren a ciegas. Hay que estudiar la orografía y aspectos como los vientos para que, cuando se produzcan incendios inevitables —porque se van a seguir produciendo—, su impacto sea el mínimo. Y eso solo se puede hacer fuera de la emergencia, mano a mano con la población local, con planes preventivos y de emergencia local.

Los incendios se previenen todo el año

Necesitamos suficientes equipos de extinción bien equipados y con condiciones laborales justas; porque no necesitamos héroes sino personas bien equipadas. Pero si también queremos adaptarnos a la emergencia climática que vimos el año pasado, necesitamos diseñar el paisaje del futuro. Debemos ir a los pueblos, subir a los montes, fomentar la ganadería extensiva, apoyar la economía rural y empezar a llenar de sentido real todas esas frases huecas. Los incendios forestales se previenen todo el año. Y para eso no solo hacen falta mangueras, hace falta gestión.

Conrado García.

¡ Comparte !


Comentarios

0 comentarios

¡ Comparte !