Los microplásticos invaden nuestros cuerpos: la industria lo sabía pero lo calló
Según una investigación realizada por la Universidad de Yale, la industria química sabía perfectamente desde hace décadas que los microplásticos que tragamos o respiramos, a diario, se cuelan hasta el fondo de nuestros órganos.
Llevamos muchos años aguantando el mismo cuento. Que si la culpa de que haya plásticos por todos lados es tuya porque no reciclaste bien, que si la gente es incívica, que si hay que concienciar más. La misma milonga de siempre para lavarse las manos que usan incansablemente Ecoembes y toda la industria del plástico. Pues bien, lo último que ha salido a la luz nos deja claro hasta qué punto nos han estado tomando el pelo.
Una investigación efectuada por la Universidad de Yale acaba de confirmar lo que muchos sospechábamos: la industria química sabía perfectamente, desde hace décadas, que los microplásticos que tragamos o respiramos, a diario, se cuelan hasta el fondo de nuestros órganos.
El plástico es una bomba química que entra en nuestro cuerpo y no sale
No fue un descubrimiento sorpresa de última hora. Lo sabían de sobra en sus propios laboratorios. Sabían que estas partículas microscópicas son capaces de atravesar nuestras barreras biológicas e infiltrarse en los pulmones, en el hígado, en los riñones y hasta en la placenta. ¿Y qué hicieron? Callar, mirar para otro lado, seguir fabricando plástico a mansalva y gastarse millones en bloquear cualquier ley que intentara ponerles freno. Nos ocultaron la verdad para no salpicar sus cuentas de resultados. Así de claro y así de sucio.

Porque el plástico no es un material inerte que entra y sale de tu cuerpo sin más. Es una verdadera «bomba química» cargada con miles de aditivos, ftalatos y bisfenoles que alteran nuestro sistema hormonal y dañan la salud. Saber que estas grandes corporaciones conocían perfectamente que sus residuos terminaban dentro de nuestros cuerpos y prefirieron guardar silencio es un escándalo que debería abrir telediarios.
¿Y qué nos proponen los sospechosos habituales para salir de esta? Lo de siempre: marear la perdiz. Nos venden la moto del «reciclaje químico», cambian un envase de plástico por un plato de cartón plastificado (mismo perro con diferente collar) o ponen anuncios muy bonitos en la tele prometiendo limpiar playas. En España conocemos muy bien la jugada de memoria, con Ecoembes y la gran distribución: cualquier cosa antes que admitir la realidad y tocar su modelo de negocio.

Basta ya de parches y de tomar a la gente por tonta. La crisis de los microplásticos no se va a solucionar recogiendo basura del suelo, la única forma de parar esta locura es cerrar el grifo de la producción en origen.
Por eso, desde Greenpeace no vamos a dejar de exigir:
- Un Tratado Global de los Plásticos que obligue a recortar la producción: Necesitamos un acuerdo internacional vinculante que reduzca la fabricación mundial de plástico al menos un 75% para 2040. Si no se frena la producción en la refinería, todo lo demás son cuentos.
- Prohibir el «usar y tirar» e implantar el SDDR: Hay que acabar con los envases desechables y poner en marcha de una vez en España el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (el «devolver el casco» de toda la vida). Que las empresas paguen el coste real de sus envases y el consumidor pueda devolver la botella en la tienda recuperando su dinero.
- Tolerancia cero con los microplásticos añadidos: Prohibición total e inmediata de las microesferas y polímeros sintéticos que le meten conscientemente a los cosméticos, detergentes y ropa.
Saber ahora que las multinacionales ocultaron esto desde hace décadas no solo indigna (ya lo han hecho con el tabaco, el amianto, los gases de efecto invernadero) nos da la razón. Ya no hablamos de si una playa queda más o menos limpia para la foto del verano. Nos estamos jugando la salud de nuestras familias, la fertilidad del suelo y la viabilidad del planeta. Se les ha acabado el tiempo: exigimos el fin de la era del plástico ya.
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