31 de octubre: cierre de la campaña de incendios forestales

Balance 2026: los grandes incendios forestales vuelven a reventar las estadísticas

26-10-2026

  • El mayor incendio de la historia de España, el más mortífero y varios récords autonómicos de superficie evidencian la magnitud de una emergencia que exige reforzar la prevención, adaptar el territorio al riesgo y anticiparse al fuego
  • La superficie forestal afectada supera la media del decenio en un 137,2% (279.413 hectáreas), causando un gran impacto a espacios de alto valor ambiental
  • En 2026, los Grandes Incendios Forestales (GIF) han tenido una media 10 veces superior a lo que la estadística considera como tal y en los últimos dos años se han producido los cuatro peores del siglo

Con motivo del próximo cierre de la campaña de incendios forestales este próximo 31 de octubre, Greenpeace hace balance de los datos de 2026. El mayor incendio de la historia de España, el más mortífero y varios récords autonómicos de superficie evidencian la magnitud de una emergencia que exige reforzar la prevención, adaptar el territorio al riesgo y anticiparse al fuego.

Según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), España ha registrado 8.767 incendios forestales, un 8,5% más que la media de la última década, con una superficie forestal afectada de 279.413 hectáreas, un 137,2% por encima de la media del decenio con afección a espacios de alto valor ambiental. Además, ha sido el país de la Unión Europea más afectado por el fuego, con un 43% de toda la superficie quemada este verano, según Copernicus.

Los cinco mayores incendios forestales de 2026, fueron: Niebla (Huelva), con 39.821 hectáreas afectadas; Burgohondo (Ávila), con 33.943; La Mierla (Guadalajara), con 33.078; San Martín de Valdeiglesias (Madrid), con 18.177; y Las Peñas de Riglos (Huesca), con 16.522 hectáreas. Los tres primeros superaron las 30.000 hectáreas, lo que evidencia la magnitud extrema que pueden alcanzar estos episodios y la concentración de grandes superficies quemadas en un número reducido de incendios. 

En la estadística, se considera Gran Incendio Forestal (GIF) aquel que supera las 500 hectáreas de superficie forestal afectada. Sin embargo, en la última década, los grandes incendios han alcanzado dimensiones difícilmente imaginables. Esta evolución revela un cambio de escala hacia incendios cada vez más extremos, con mayor capacidad de propagación y más difíciles de extinguir. En 2026, los GIF han tenido una media 10 veces superior a la cifra de lo que la estadística considera un gran incendio forestal.

En los últimos dos años se han producido los cuatro peores grandes incendios forestales (GIF) del siglo. Incluso se elevó la emergencia a un nivel 3, algo que solo se había dado en el apagón de 2025. En los GIF de 2026, la media es de casi 5.000 hectáreas/GIF, esto supone 10 veces más de superficie afectada que lo que se recoge en la estadística como GIF. 

“En 2025, Larouco (Ourense) se convertía en el peor incendio forestal desde que hay registros. En 2026, Niebla (Huelva) superaba ese récord, ¿Cuál será el próximo? ¿El de 2027? No podemos permitirnos esperar a que vuelva a ocurrir. España cuenta con más de la mitad de su territorio cubierto por superficie forestal. Es hora de proteger y  gestionar nuestros bosques durante todo el año, no solo cuando arden”, ha declarado Mónica Parrilla, responsable de la campaña de Incendios de Greenpeace.

Los operativos de extinción consiguen que el 65,8% de los incendios no supere una hectárea (conato), por lo que la mayor superficie quemada continúa concentrándose en unos pocos episodios extremos. Los 47 grandes incendios forestales en 2026 acumulan 221.742 hectáreas, casi el 80% de toda la superficie forestal afectada, pese a representar apenas el 0,54% del número total de incendios. 

La realidad de los incendios en 2026 confirma su evolución a episodios dramáticos debido al cambio climático que incrementa y agrava las olas de calor, y que también aumenta los rayos (un 40% más para final de siglo). La evidencia científica apunta de forma sistemática a que habrá más incendios extremos a escala global, con incrementos estimados del 14% en 2030, del 30% en 2050 y de hasta el 50% a finales de siglo si no se adoptan medidas eficaces de mitigación, prevención y adaptación (PNUMA/UNEP). Se trata de una evolución mucho más rápida de lo que se esperaba. 

Los resultados de World Weather Attribution, publicados en julio de 2026, refuerzan este análisis: el cambio climático multiplicó por 20 la probabilidad de condiciones extremas favorables a incendios forestales en España. Según la AEMET, este verano fue el más cálido en España desde, al menos, 1869. Un estudio del CSIC señala que el cambio climático aumentó en un 25% el territorio en riesgo crítico de incendio durante 2022 y 2025. El calor y la sequía extremos elevaron este peligro entre un 15% y un 20%.

También una emergencia de protección civil
Los grandes incendios forestales en 2026 también han supuesto una amenaza creciente a la población, las viviendas, las infraestructuras y los medios de vida. 21 personas fallecidas, 71 heridas y 117.943 afectadas por evacuaciones o confinamientos reflejan que estos incendios están ocasionando una mayor presión sobre los operativos, en muchos casos superando la propia capacidad de los servicios públicos, como  reflejan los informes de protección civil. Esta situación obliga a incorporar la interfaz urbano-forestal como un elemento central de la prevención mediante el cumplimiento de planes preventivos, de emergencia local y autoprotección en las zonas de alto riesgo de incendio (zonas ZAR). No basta con elaborar los planes: para garantizar su eficacia, es imprescindible dotarlos de los recursos necesarios para su implementación, revisión, comunicación y evaluación.

De nuevo en 2026, la comunicación a la población vuelve a ser clave y necesaria. Según la encuesta del CIS de este año de este año, un 43,3% de la población española afirma que tiene un grado de conocimiento “bajo o muy bajo” sobre cómo debe comportarse en un incendio forestal. Los datos anuales evidencian una vez más la necesidad de comunicar, divulgar y gestionar los bulos.

La emergencia continúa tras las llamas
Vuelve a quedar claro que las medidas para estabilización de la emergencia tras las llamas son una asignatura pendiente. De nuevo, han tenido lugar arrastres de cenizas y lodos, tal y como documentó Greenpeace en Burgohondo (Ávila). Esto ha provocado la contaminación del agua y restricciones en el agua potable en distintos puntos. También ha habido arrastre de cenizas de zonas quemadas de 2025.

Actualmente, Greenpeace reclama medidas urgentes para estabilizar el suelo, frenar la erosión y proteger tanto las aguas superficiales como las subterráneas, mediante pequeños diques, acolchados de paja y una gestión selectiva de la madera quemada. Además, exige reforzar el seguimiento de la calidad del agua durante años, ya que los impactos de los grandes incendios no terminan cuando se apagan las llamas y pueden prolongarse durante meses o incluso años.

Cambio de modelo centrado en la prevención
Un modelo basado únicamente en la extinción no resuelve el problema. En 2026, la extinción supuso un coste estimado de entre 2.794 y 5.309 millones de euros (1). Prevenir es la clave y es rentable. Según el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, por cada euro invertido en prevención de incendios forestales se podrían ahorrar hasta 100 euros en costes de extinción. Y la sociedad en su conjunto así lo reclama, con un  un 98,7 % de la ciudadanía española que asegura que hay que mejorar la limpieza, poda y desbroce antes de los incendios (CIS). Esto además refleja la necesidad de que se incremente la cultura de riesgo y forestal.

Por tanto, es necesario actuar tanto en el origen de los incendios como en los factores que favorecen su propagación. Tras el aumento de incendios registrado en 2026, conviene recordar que más del 95% se deben a la acción humana y apenas un 5% a causas naturales como los rayos: la mejor extinción es evitar que el fuego se produzca. Para ello, es clave reforzar la prevención desde sus causas, mediante educación ambiental, diálogo social, investigación, vigilancia y más recursos para la Fiscalía de Medio Ambiente, el Seprona y los agentes forestales y medioambientales.

Por otro lado, la propagación es lo que determina si una chispa se convierte en un gran incendio. Esta depende de tres elementos clave: la meteorología (con olas de calor y sequías acentuadas por el cambio climático), la topografía del terreno y la acumulación de vegetación seca debida al abandono rural, la falta de gestión forestal y el crecimiento de la interfaz urbano-forestal.

Ante las elecciones generales, Greenpeace ha recogido sus propuestas sobre política forestal para que sean tenidas en cuenta por los grupos políticos para impulsar políticas coordinadas en el ámbito forestal y rural, con reformas legislativas y fiscales y mayor inversión pública, para garantizar una gestión sostenible de los montes, frenar el abandono rural y adaptar los ecosistemas al cambio climático, creando paisajes más resilientes frente a los grandes incendios forestales. 

Y en el contexto de cambio climático, es urgente multiplicar la ambición y ejecución de políticas de mitigación y adaptación frente a la emergencia climática, basado en la ciencia, con continuidad, coordinación institucional y capacidad para transformar el modelo territorial, alimentario, energético y productivo. Como consecuencia de lo anterior, las actuaciones a escala estatal, autonómica y local deben acelerar el abandono de los combustibles fósiles.


Notas

(1) El cálculo del coste de extinción se ha realizado con base a las estimaciones de la Agencia Forestal de Navarra, que estima el coste en 10.000 euros por hectárea, y de la Asociación Nacional de Empresas Forestales (ASEMFO), que eleva esta cifra hasta 19.000 euros por hectárea.


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