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03-07-2019

¿Por qué hay que cambiar la energía para salvar el clima?

Una vez entendido que el CO2 es el mayor contribuyente al cambio climático (por cantidad emitida e impacto climático), es inmediato comprender que para frenar el calentamiento del planeta es absolutamente necesario y urgente atajar su producción, cualquiera que sea su origen.

A escala mundial, las aportaciones de CO2 por la quema de combustibles fósiles y la destrucción de bosque, junto a las emisiones del resto de gases de efecto invernadero por la actividad humana, han hecho aumentar la concentración de gases de efecto invernadero (causantes del cambio climático, de los cuales el más importante es el CO2) desde unos 230 ppm hasta superar hoy en día puntualmente los 496 ppm, de las cuales 410 ppm son solo de CO2. Es decir, el CO2 representa 4/5 del problema. A su vez, 2/3 de las emisiones totales de gases de efecto invernadero son debidas al CO2 emitido en la quema de combustibles fósiles y en procesos industriales.

Esas cantidades pueden aumentar el efecto invernadero lo suficiente como para aumentar la temperatura media en casi 5 ºC si no detenemos esta tendencia, como se refleja en el informe del IPCC AR 5.

Algunos datos interesantes

👉 Mundo. A nivel global los niveles de concentración de CO2 continúan creciendo a una tasa récord de todos los tiempos porque las emisiones derivadas de la quema de carbón, petróleo y gas natural también se encuentran en niveles récord. Las concentraciones atmosféricas del  conjunto de CO2 , CH4 y N2O se encuentra en sus máximos registros desde hace al menos 800.000 años.

👉 Europa. El sector energético de la UE es responsable del 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE. El carbón, la energía más sucia y el principal motor del cambio climático a nivel mundial, supone una cuarta parte de la producción eléctrica total de la UE a pesar de que la producción y el consumo de carbón en Europa ha disminuido en las últimas décadas.

👉 España. En nuestro país, según datos oficiales, y tal y como se demuestra en la gráfica, el peso del CO2 en las emisiones es mayor aún (más del 80%), y por sectores el principal emisor es el transporte (27%), la industria (19%) y la generación de electricidad (17%), que ha empezado a perder peso debido al crecimiento de las energías renovables en detrimento del uso del carbón. España es el país europeo donde más ha aumentado el porcentaje de sus emisiones de CO2 entre 1990- 2016, por ello es fundamental una mayor ambición y que la ley de Cambio Climático y Energía y el PNIEC (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima) incluya la reducción de al menos el 55% de las emisiones de CO2 en 2030 respecto a 1990.

 

Por tanto dejar de emitir CO2 implica dejar de utilizar combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) para la generación de energía (ya sea para usos térmicos o eléctricos o de cualquier proceso) y sustituirlos por energías renovables. Esto es lo que se ha venido a llamar descarbonizar el sistema energético.

Dado que la energía ha sido el motor de desarrollo humano en sus diferentes dimensiones, esta descarbonización tiene que ampliarse de manera estructural y profunda al sistema económico, social y ambiental.

Es preciso cambiar radicalmente el sistema energético. Y este cambio debe hacerse a una velocidad sin precedentes. En caso contrario no llegaremos a tiempo de frenar el cambio climático.

Transición Energética: Una oportunidad para actuar

Según lo expuesto anteriormente, el sector energético es el principal emisor de CO2. Por tanto si queremos evitar un aumento en la temperatura promedio del planeta por encima de 1,5 ºC, es necesaria una reducción radical de las emisiones, lo que conlleva la descarbonización total del sector energético.

La transición energética es la hoja de ruta que conduce a la transformación completa del sistema energético actual hacia un sistema sostenible, democrático, inteligente y eficiente en el que toda la energía utilizada sea 100% renovable.

Tal como demostró Greenpeace en su informe La recuperación económica con renovables, un cambio en el modelo de energía que se aleja de los combustibles fósiles en favor de la energía renovable es clave para enfrentar el cambio
climático, y también activa la economía, genera empleos y produce ahorro en los hogares.

Según la Comisión Europea, si logramos cero emisiones netas aumentará la prosperidad, se creará más empleo, los beneficios sanitarios supondrán cientos de miles de millones de euros y se ahorrarán billones de euros en la importación
de combustibles fósiles. Por tanto transformar este sistema energético contaminante por uno limpio y sostenible traería una indudable riqueza económica, social y ambiental.

Para poder alcanzar la neutralidad en emisiones, y ya que estos combustibles están presentes prácticamente en todos los sectores económicos en mayor o menor medida, será necesario un cambio de patrones de producción (oferta) y de consumo de energía (demanda) en todos los sectores económicos. Asimismo serán necesarias acciones transversales, para construir un sistema energetico más eficiente e inteligente en el que además el consumidor cuente con mayor grado de empoderamiento que facilite su toma de decisiones y capacidad de elección, garantizando la fiabilidad del sistema y la calidad de suministro.

Además, esta transición debe además habilitar mecanismos para la participación democrática, en el que las personas puedan ver reconocido y garantizado su derecho a participar, así como el derecho a tener pleno acceso a sus múltiples beneficios gracias a las energías renovables y la gestión de la demanda distribuida.

👉 Acciones sobre la oferta. Desde el punto de vista de la oferta, será indispensable desarrollar un parque de generación eléctrica basado exclusivamente en renovables, impulsando la generación distribuida.

👉 Acciones sobre la demanda. Desde el punto de vista de la demanda, será necesario sustituir el consumo de productos petrolíferos por la electrificación: transporte, sector residencial, industrial y servicios, impulsando a su vez la gestión de la demanda. Además será indispensable implantar medidas de eficiencia energética (piedra angular de la estrategia climática y energética europea).

Otras actuaciones transversales:

👉 Corrección de la política fiscal energética. Según Eurostat, España está en el puesto cuarto por la cola de los países europeos en función de los impuestos ambientales que paga (donde se incluyen los energéticos).

👉 Establecer una fiscalidad ambiental bajo el criterio de “quien contamina, paga” y eliminación de subvenciones a los combustibles fósiles.

👉 Reforma urgente del sector eléctrico. Modificacion de la retribución de la distribución y transporte. No se deben retribuir las inversiones sino la energía que es distribuida y transportada realmente; y para evitar el efecto perverso de incentivo indirecto a la producción y consumo de energía, es imprescindible la separación completa de las empresas y grupos que realizan las actividades de distribución respecto a las que realizan las actividades de generación y comercialización.

👉 Marco jurídico estable y seguro. Actualmente España es el país del mundo con más laudos internacionales por sus cambios retroactivos en la regulación y la retribución a las renovables.

Actuar sobre estas dimensiones comportaría importantes impactos positivos como una mayor seguridad energética, ambientales, sociales, de empleo, de fijación del territorio, etc. 

Democratización de la energía: Un derecho por fin recuperado

El cambio climático, la desigualdad extrema y la corrupción apuntan a tres grandes fallos dentro de nuestro sistema político-económico entrelazados entre sí. Un número cada vez mayor de personas y organizaciones están viendo la necesidad de responder a esta triple crisis de forma holística, abordando el cambio climático y la extrema desigualdad económica, al tiempo que trabajan para probar nuevos mecanismos de participación democrática. Al hacerlo, han creado un nuevo paradigma para avanzar: la democracia energética. En esencia, la democracia energética busca reemplazar el actual sistema corporativo  basado en los combustibles fósiles y la nuclear por uno que pone a las personas y a la justicia económica a la vanguardia de la transición a un sistema energético 100% renovable, eficiente e inteligente.

Gracias a las nuevas reformas regulatorias de la Unión Europea es derecho de la ciudadanía producir, consumir, acumular e intercambiar a su justo valor y en libertad la energía así como testar nuevos mecanismos democráticos que abran el sector de la energía de forma transparente a todas las personas. Bajo este nuevo paraguas se permite a la ciudadanía participar y beneficiarse de la transición energética. Este es un cambio significativo de un mercado energético en el cual los consumidores hasta ahora simplemente elegían a qué proveedor comprar energía. En España, tal como se presenta en la web de Alternativas de energía ciudadana contra el cambio climático30, existen ya numerosos casos de esta energía ciudadana.

La ciudadanía “prosumidora”: producir y consumir tu propia energía, el nuevo eje del sistema energético europeo

Tal como se ha mencionado la Unión Europea, dentro de su nuevo paquete de propuestas legislativas, se propone liderar esta transición energética, con un gran protagonista:

El consumidor como centro neurálgico del sistema, siendo estos los verdaderos ganadores, al disponer de una oportunidad única para convertirse en el núcleo de una transición que cambiará fundamentalmente la forma de producir y consumir energía así como de interactuar con el sistema energético.

Por su relevancia merece la pena mencionar los derechos que los gobiernos o los participantes del mercado privado deben garantizar desde la reciente aprobación de la Directiva Directiva (UE) 2018/2001, de diciembre 2018:

  • Derecho a producir, almacenar, consumir y vender energía renovable.
  • Derecho a no ser cargado injustamente por la energía que producen ellos mismos.
  • Derecho a acceder a todos los mercados de energía apropiados directamente o a través de un tercero.
  • Protección contra procedimientos discriminatorios y ciertos cargos que podrían disuadir o penalizar la participación en energías renovables.
  • Protección de los derechos del consumidor.
  • Derecho a acceder a una remuneración adecuada o apoyo para participar en la producción de energías renovables.
  • Derecho a participar en el intercambio de energía o intercambio de energía entre iguales.
  • Derecho de acceso a la información que permite a la gente saber cómo ejercer estos derechos.
  • Además, cuantas más personas estén involucradas en la transición energética, mayor será la aceptación del público.
¿Por qué no basta solo con que cambien las eléctricas? (Aunque deben hacerlo)

Permitir una mayor competencia del sistema energético por la entrada de nuevos participantes al mercado, lo mejorará significativamente. Podrá mejorar la democracia y la transparencia energética y reducir el poder corporativo en la política energética. También podrá alentar una práctica más justa y una menor sobrecarga de los consumidores. Al fomentar proyectos colectivos, como energía comunitaria o cooperativas, la pobreza energética puede mejorarse y las ganancias pueden reinvertirse en la comunidad.

Según datos de CE Delft, la mitad de la ciudadanía de la UE bajo el marco regulatorio adecuado podría producir su propia electricidad para 2050 y satisfacer el 45% de la demanda eléctrica de la UE. Las empresas eléctricas deben ver la transición energética como una oportunidad para descarbonizar por completo su negocio, de lo contrario fracasarán y desaparecerán.